22 de Julio de 2017
Sep
18

Muramasa: The Demon Blade, un clásico instantáneo.

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Ya os comenté que recientemente he tenido acceso a una Wii y me he dispuesto a descubrir alguna vieja gloria de las que me he perdido por no tenerla antes. Wii es una de las consolas con catálogo más extenso y además con enormes juegos propios de Nintendo: Zeldas, Marios, Donkey Kong y un largo etcétera. Sin embargo yo soy un hombre curtido de jovencito en los viejos salones de máquinas, de recretivas arcade, y esto significa que juegos como Street Fighter o Tetris forman parte de mi ADN. Pero entre todas esas máquinas los beat´em up, el yo contra el barrio, era uno de los género más difíciles y añorados por todos los jóvenes aficionados.

 

Vanillaware son un grupo de desarrolladores japoneses, encabezados por George Kamitani, que 30 años después aún pretenden que juguemos a ese tipo de juegos. Ya nos regalaron con Odin Sphere para ps2 (aunque ha salido recientemente una remasterización que además le añade elementos jugables, que la tengo en el punto de mira) y el más reciente Dragon´s Crown. Así Muramasa The Demon Blade fue un exclusivo de Wii al que añoré muchísimo en mi ps2 y ps3. Es cierto que salió una versión remasterizada para Vita, pero como tampoco tengo aún dicha consola, aquí estoy, analizando un clásico instantáneo. Bienvenidos al mundo de Vanillaware, bienvenidos al mundo de Muramasa.

 

 

Aunque pueda parecer que sus juegos se parecen mucho, y se parecen, cada uno de ellos funciona de manera distinta, y a pesar de lo atractivo artístico de todas sus propuestas, cada juego busca algo distinto. Odin Sphere se basaba en la mitología nórdica, con varios personajes muy diferenciados y luchas en un único plano “circular”. Dragon´s Crown era una locura multijugador, de scroll lateral pero con profundidad basado en una mitología de capa y espada de toda la vida. Muramasa se basa en la tradición y paisajes japoneses clásicos, por lo que a nosotros pobres europeos la pantalla se nos llenará de criaturas y paisajes absolutamente exóticos, espectaculares y muy emotivos. Los personajes se moverán en un único plano y aunque dispondremos de dos personajes los auténticos protagonistas del juego, por historia y jugabilidad, serán los sables. Muramasa es el mejor título para este juego, desde luego.

 

Empezaré hablando del apartado artístico.

 

Los gráficos son absolutamente impresionantes.

 

Lo primero que uno observa al ver el juego en movimiento es que son dibujos animados. Y es que es cierto, son dibujos animados, literalmente. Utilizando la clásica técnica de sprite (es decir dibujo) que uno a uno van animando las acciones de cada héroe, enemigo, personaje, jefe final y todas las capas de los numerosos escenarios por los que nuestra doble aventura discurrirá.

 

Los gráficos no son cell shaded, es decir no son tridimensionales con un aspecto de dibujo animado vistos en una perspectiva en 2D. Son dibujos al más puro estilo tradicional, realizados por capas, tipo “teatrillo”. En el plano delantero tendremos a nuestro protagonista y al resto de personajes y enemigos y, detrás, y a veces delante, tendremos hasta 7 capas de profundidad (al menos son las que yo conté), con diferentes árboles, montañas, campos, flores, edificios, olas, etcétera. El efecto es totalmente tradicional, complejo, bello y armonioso. Quizás lo sensación que queda después de terminar el juego, lo que uno más recuerde, sea la velocidad con la que uno se desplaza en un clasiquísimo scroll lateral mientras van pasando los bellos paisajes. Solo hay que ver los títulos de crédito como ejemplo claro.

 

 

 

De esta manera la combinación de animación de dibujo hecho a mano, frame a frame, con un diseño artístico mezcla entre lo característico de Vanillaware y Kamitani con la tradición japonesa nos lleva a unos gráficos absolutamente llenos de carisma, calidad, cariño, artesanía que nos transportarán durante más de 30 horas a un mundo absolutamente fantástico. ¿Qué más podemos pedirle a un videojuego?

 

Ahora podríamos hablar de lo técnico, aunque hay que partir de la base jugable, una Wii que no es muy potente y que es llevada al límite en la gestión de sprites, con unos fondos animados que, en ocasiones, pueden sufrir alguna ralentización, tal y como ocurre cuando se golpean a decenas de enemigos a la vez. Estas ralentizaciones son notorias aunque no llegan a afectar a lo jugable. Pocas pegas técnicas más, ya que los tiempos de carga son prácticamente inexistente y normalmente el juego fluirá, de forma maravillosa, delante de tus ojos. Las pocas pegas que le podríamos poner vienen más de la mano de las limitaciones técnicas de la consola base que de cómo se ha realizado el juego.

 

Es importante llegados a este punto hablar de la resolución. Al ser un juego de Wii tenemos un juego de resolución estándar que sólo se verá bien en una televisión de tubo tradicional. Evidentemente su resolución nativa no es muy elevada y si tenemos nuestra Wii conectada a una televisión HD, por componentes en mi caso, la calidad artística no se ve alterada pero ya la imagen se ve con un reescalado difuminado característico de video de baja resolución. La mayor calidad que se podría buscar sería jugarlo en una Wii U con un cable HDMI pero hay que hacerse a la idea, es un juego de anterior generación sin remasterización. La remasterización de Vita sí está en HD pero claro, en Vita, y la única opción ya sería jugarlo con Playstation TV, ya para artistas del gaming.

 

 

 

Vamos que lo que nos hace falta es que nos llegue YA una remasterización para consolas de sobremesa, que sería algo bastante sencillo a estas alturas, y que seguro llegará contando con que han remasterizado Odin Sphere. Eso sí, a Muramasa, en su resolución nativa, de SD, con una Wii enchufada a la vetusta tele de tubo de toda la vida, no hay pero que achacarle, se veía, y se ve, de auténtico lujo.

 

La visión de los campos de cultivo al atardecer, recorrer los tejados de viejos castillos japoneses, navegar sobre el mar embravecido son experiencias coloridas que jamás olvidarás y que gracias Muramasa quedarán grabadas en tu cerebro como una de esas experiencias placenteras que has vivido.

 

 

 

Después de destacar los sobresalientes gráficos, o por qué no llamarlos auténtica obra maestra de las 2D de hoy en día, vamos a hablar del sonido, y aquí también vamos a poder disfrutar enormemente. Empezaría hablando de los efectos de sonido, que son estupendos y que te sumergen plenamente en el juego de acción, con las espadas, golpes, saltos y sonido ambiente. No destacan demasiado y cumplen perfectamente su función.

 

Después tenemos las voces, el juego llega traducido subtitulado completamente al castellano, con voces en japonés. No sé si puedes escoger las voces en inglés, pero es que no voy a molestarme ni en mirar las opciones del juego. Siendo un juego ambientado en el Japón feudal basado en la tradición del país del Sol Naciente ¿para qué queremos voces en inglés? Vale que no vamos a entender lo que dice, pero en este juego la ambientación y la interpretación son más interesantes que el fondo en sí. Y en este caso el doblaje japonés es maravilloso. Para aquellos que jugamos a juegos con su doblaje original es un placer observar el trabajo en Muramasa, los distintos tipos de personajes, arquetipos, damas, guerreros, bestias e incluso dioses o meros comerciantes, poseen voces y entonaciones que nos sumergen de lleno en la historia, en la enorme fábula que es Muramasa.

 

El doblaje es muy profesional y lleno de carisma, recordar los vozarrones de algunos jefes finales nos hará volver a sonreir recordando nuestra aventura, pero donde realmente el sonido destaca en Muramasa es en su música. Las voces sólo se aprecian en las partes de exploración del juego y en los pequeños videos que nos hacen avanzar la historia antes y después de los jefes finales, pero la música estará ahí siempre. Desde la melodía de inicio hasta la música de los títulos de crédito durante todo el juego la música de fábula, épica, exótica, inspiradora y con un sabor totalmente ancestral y característico japonés te ayudarán a entrar en el mundo de los sables malditos transportándote varios siglos atrás.

 

No llegaría a destacar como obra maestra la música, ya que aunque es muy buena no representa unos valores extraordinarios que la hagan destacar sobre otros trabajos de excelente calidad del mundo de los videojuegos. Pero eso no significa que no sea magnífica y, lo que es mejor, que en combinación con el resto de efectos de sonido y voces, y con los excepcionales gráficos el conjunto sume más que la mera suma de sus partes. Se produce una sinergia, un todo audiovisual, que representa los mejores valores que vamos a encontrar en este juego.

Efectivamente la imagen de nuestro protagonista cruzando nuestra pantalla mientras recorre el luminoso y vivo Japón feudal de Vanillaware con la música de acción y aventura empapando nuestra pantalla hasta alcanzar todo nuestro salón será sin duda lo que echaremos más de menos una vez finalizadas las, más o menos, 30 horas que dura el juego. Coger los mandos de la Wii y mover la palanca para que todo empiece a discurrir frente a nuestros ojos será algo que volveremos a hacer por el mero placer de hacerlo.

 

Ya hemos dicho que los gráficos son una lección de cómo hacer videojuegos artesanales hoy en día y que la música sobresaliente acompaña de tal manera que el todo audiovisual escala aún más arriba en calidad. Pero recordemos que esto no es una película de dibujos animados, que es un juego, así que hablaremos ahora de la jugabilidad. Como buen juego clásico Muramasa es sencillo de manejar en un principio, basta apretar un botón para dar sablazos y el stick analógico para mover al protagonista.

 

 

 

El juego cuenta dos historias separadas, la de Momohime y la de Kisuke, que se irán cruzando conforme avancen las historias, pero se pueden jugar independientemente dentro de un único archivo de guardado. Así cuando uno continua una partida puede elegir si sigue con la historia de uno u otro. Hay poca diferencia entre el manejo de ambos personajes, salvo que cada uno posee unos sables distintos y Momohime quizás suba más rápido de nivel, pero no de forma muy significativa.

 

Además al empezar la partida, y cada vez que continúes, podrás escoger entre dos modos de dificultad. No he jugado a la dificultad fácil, cogí la difícil pero no debe ser muy difícil porque con lo paquete que soy yo, salvo en las primeras fases, no encontré gran desafío. Subiendo de nivel y explorando un poco uno llegará con bastante margen para enfrentarse a los enemigos que toquen. Además hay fases que no se abrirán si no tienes nivel suficiente o si no has acabado el juego por lo que realmente es difícil encontrarse con batallas imposibles. Eso no significa que no sean difíciles algunas batallas con jefes finales o con numerosos enemigos, pero si he notado un escalón más bajo de dificultad que en otras obras de Vanillaware que en niveles avanzados no son aptas para mortales. Aún así, al terminar el juego, podremos iniciar una partida con un nivel de dificultad extremo que parece que sí está pensado para los más duros y curtidos guerreros y no para blandos gamers como yo…

 

Pero hablemos en detalle de cómo se juega: con el stick nos movemos, con el botón golpeamos y con combinaciones de ambos podremos hacer barridos, golpes aéreos, cubrirnos, etcétera. Hasta aquí una jugabilidad sencilla pero muy bien llevada que nos hará divertirnos desde el primer minuto, pero esto es sólo la superficie del juego. Sumerjámonos de lleno en Muramasa.

 

Los protagonistas reales son los sables, hay un total de 108 en todo el juego entre los dos protagonistas. Al principio cada uno tiene los suyos, pero después de pasar el juego la primera vez los protagonistas podrán compartir espadas. Hay dos tipos de sables, rápidos algo más débiles y lentos pero mortales. Cada sable tiene un poder único que se desata pulsando el gatillo, dicho poder se “gasta” debiendo recoger almas (o dejar pasar tiempo) para que dicho poder se recargue. Por supuesto las almas se obtienen matando enemigos, aunque también explorando, de una forma limitada, los escenarios.

 

Cada sable como vemos es distinto y podemos equipar tres a la vez. En cualquier momento, salvo en plena batalla, podremos cambiar cualquiera de esos tres sables por otros que tengamos. Los sables se obtienen acabando con jefes finales o forjándolos a cambio de los puntos de experiencia que hayamos acumulado (espíritu y alma) con el único límite del nivel que podamos empuñar y siguiendo la jerarquía de los árboles de sables. Además en la batalla pulsando otro gatillo podemos cambiar entre un sable u otro de los tres que tenemos equipados, si tenemos al máximo el nivel de las armas podremos desatar un golpe muy poderoso a todo enemigo en pantalla al cambiar de sable.

 

 

 

Bueno hasta ahora he explicado la mecánica directa, pero ¿esto cómo discurre en el juego? Pues uno comienza normalmente junto a un templo de guardado y debe dirigirse a otra zona del mapa (dividido en unas 15 ó 20 zonas). Cada zona del mapa está compuesta entre 20 y 40 pantallas que uno debe ir recorriendo, dentro de cada una tendremos tiendas, enemigos, baños termales, ciudades, bosques, cuevas, jefes finales y más adelante contaremos con atajos entre determinados puntos o incluso la posibilidad de navegar, aunque no siempre es el método más seguro, para no tardar tanto.

 

En realidad el juego invita a desplazarse, entre zonas a través de cada una de esas pantallas que lo mismo son de scroll horizontal o vertical, siempre con un único plano de movimiento del personaje pero con muchos más para ambientar el paisaje. La navegación puede resultar un tanto monótona pero sólo al paso de muchas horas ya que la continua presencia de enemigos, la búsqueda de la ruta más adecuada o simplemente la belleza del paisaje que vamos encontrando y que va cambiando según avanzamos en una zona, nos harán movernos y movernos continuamente hasta descubrir un nuevo rincón único o un jefe final que esconde el sable que nos hace falta para seguir forjando más poderosas espadas.

 

La mecánica de lucha se activa cuando, de forma aleatoria, aparecen los enemigos mientras nos movemos. Casi siempre uno por zona que pisemos, los enemigos pueden ser escasos y débiles o numerosos y fuertes o simplemente extraños. La cuestión es tanto dominar la combinación de golpeo y movimiento que nos da el stick y el botón de ataque con la gestión de almas de desenvainado y cambio de sable con su correspondiente ataque especial. Por ejemplo nada más iniciar la fase de lucha uno cambia de sable, atacando a todos los enemigos, lanza dos ataques especiales, vuelve a cambiar de sable lanzando un ataque especial protector y vuelve a cambiar de sable a otro más poderoso y rápido para acabar “a mano” la faena. Os acabo de hacer un pequeño resumen, las batallas suelen ser muy rápidas, de 20 segundos, pero suelen ocurrir muchas más cosas. Los jefes finales suelen tener una faena más dura, requiriendo varios intentos hasta llegar a batallas normalmente de entre 4 ó 5 minutos, cuando las hayas ganado.

 

Al principio dependemos de nuestra habilidad, pobre, para el ataque. Conforme avanzamos aprenderemos a dominar la gestión de los ataques especiales de los sables, para escoger la mejor combinación para cada fase, y cuando nos queramos dar cuenta correremos libremente por montañas y campos sonriendo por los pobres enemigos que se atrevan a atacarnos ya que al dominar la habilidad de ataque realmente seremos temibles, aún más si poseemos poderosos sables con letales ataques especiales. Así al principio uno se siente débil y torpe, y requerirá subir de nivel para no sufrir tanto, pero una vez se domina la mecánica es más divertido tener poco nivel y abordar los ataques moviéndose por todo el escenario masacrando enemigos que simplemente dándole a los ataques especiales.

 

Para complementar todo esto contaremos con la posibilidad de equipar hasta 5 objetos curativos o complementarios además de la opción de cocinar para comer alimentos que nos curen, o visitar restaurantes, o mazmorras para subir de nivel y tener un nuevo objeto complementario que nos dará más fuerza o nos protegerá de envenenamientos o estados alterados, que sin tener gran incidencia en la lucha, ahí están.

 

La curva de aprendizaje es suave, no tan dura como en otros juegos de Vanillaware, siendo más dura al principio que al final, momento en el cual uno realmente se siente flotar por los escenarios disfrutando de toda su belleza olvidando cualquier tensión por los enemigos que puedan atacarnos en cualquier momento.

 

 

 

Como veis se trata de una jugabilidad sencilla en principio pero que se puede llegar a complicar bastante, con la posibilidad de adaptar en cualquier momento su dificultad y que da oportunidad al jugador más inexperto de echarse una partidilla con un personaje o de sentar al más hardcore durante 30 horas a desbloquear los tres finales de cada personaje y sus 108 sables desenredando la trenza que el destino ha guardado a nuestros dos protagonistas hasta el final.

Jugabilidad muy clásica, de acción directa con recogida de objetos que es la motivación máxima para seguir adelante siempre en el juego. Jugabilidad para mi sobresaliente, lo hace todo bien, aunque podría haber sido aún más compleja (pero también más simple) y que desde luego cumple con su objetivo: divierte. Muramasa es divertido de jugar incluso en 5 minutos, aunque normalmente una vez cojas los mandos podrán pasar dos horas sin darte cuenta pensando, voy a avanzar un poco más, sólo un poco más, ¿qué habrá después de aquella zona? ¿cómo será el jefe final? ¿podré ganarle hoy? ¿subo de nivel o no paro hasta que le gane con el nivel que tengo? Y es que muchas veces vemos que perderemos no tanto por que tengamos poco nivel sino porque la gestión que hemos hecho de los ataques especiales y nuestros movimientos no han sido suficientemente hábiles. El juego no nos hace trampa con eso, es honesto, si eres hábil avanzarás, puedes subir de nivel, pero si consigues jugar bien no te hará tanta falta. Lo dicho, un juego honesto y divertido, con sabor a clásico de máquina de cinco duros.

 

 

Por último os comentaré cómo funciona la historia. Momohime es una princesa que ha sido poseída por el alma de un terrible guerrero que busca el máximo poder y Kisuke es un ninja amnésico que busca la razón del estado en el que se encuentra. Ambas historias comienzan de forma atractiva e independiente. Su desarrollo es bastante enrevesado hasta llegar, con 8 actos cada uno en el que recorremos el 80% del mapeado, al final de la historia individual. Con ambos finales podremos desbloquear los sables para volver a tener dos finales nuevos para cada uno de ellos, que ya no requerirán de tanta exploración. Pero una vez alcanzados los segundos finales tendremos a nuestra disposición un tercer final de cada personaje donde ahora sí deberemos forjar hasta el último sable y haber subido a un nivel muy elevado. Ambas historias pueden alternarse en cualquier momento, sin que primero haya que hacer una u otra, pero a partir del primer final se irán desvelando elementos comunes a las dos que dan sentido al nombre que originalmente tenía el juego Oboro Muramasa, el nombre del sable más poderoso que ha existido.

 

En realidad las historias a pesar de estar llenas de giros y fantasía a la vez que de épica y entidades mundanas y mitológicas de escala épica o insignificante son un poco vacías. Quizás la culpa no es tanto de la historia en sí sino del pobre desarrollo de las mismas que se basa en pequeños videos antes y después de cada jefe final. Quizás al principio uno juega por la historia, pero al final uno acaba jugando por ver los escenarios, por luchar contra enemigos más poderosos y por conseguir la Oboro Muramasa quedando la historia más como una excusa que como un motor del juego. No creo que sea notable dicha historia, simplemente cumpliendo con la misión de darle un sentido al conjunto y dotarlo de carácter, carisma y trasfondo. Podríamos decir que es una lástima, pero la verdad es que tampoco se echa de menos y es que, para bien y para mal, Muramasa es un juego, un juego magnífico.

 

Aunque el apartado de la historia sea el menos favorecido de todos no debemos engañarnos ni quedarnos con un mal sabor de boca. Muramasa: The Demon Blade o mejor Oboro Muramasa es un juegazo. Es un juegazo y además es único en su especie, representa la evolución de los viejos juegos arcade de yo contra el barrio pero con un acabado audiovisual a la altura de los tiempos que corren (o que corrían en el año 2009, hoy estaría muy bien disfrutar de una versión HD) con una jugabilidad divertida, fresca y adaptada a cualquier tipo de usuario, fácil de jugar pero difícil de dominar. Se trata de un juego que devuelve mucha diversión a quien es capaz de ver más allá de unas mecánicas que pueden resultar en principio repetitivas y de unos gráficos que no son en tres dimensiones.

 

Muramasa es una fábula japonesa, un maravilloso cuento del que tú puedes ser protagonista y que te espera para que le ayudes a forjar la espada más temible que ha existido nunca. Si te gusta jugar para evadirte del mundo real, para vivir la aventura, la fantasía, y transportarte a mundos maravillosos llenos de princesas y villanos a la vez que demuestras quién es el más hábil con el sable, Muramasa es tu juego.

 

Una joya única, brillante y maravillosa.
5
Valoración media: 5 (1 voto)

2 Comentarios:

Ante todo felicitarte por un

Ante todo felicitarte por un análisis de calidad, se nota que te encantó el juego. Reconozco que visualmente es una maravilla sin embargo ni el control ni el estilo de juego son de mi gusto. 

Saludos

A mí me gusta como fluye su movimiento

El juego puede resultar un tanto repetitivo si su sistema de juego no te llega, pero aunque el control es singular a mí me gustó mucho el modo en el que los personajes fluyen por la pantalla, bien corriendo, bien luchando. En niveles avanzados y con dominio del sable las batallas se vuelven danzas a lo largo y ancho de la pantalla. Pero claro esa es mi impresión y cada cual tiene la suya. Gracias por tu comentario, siempre se agradece que alguien se moleste un minuto a comentar.