17 de Diciembre de 2017
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Cuasi Análisis de Bloodborne: un Souls diferente

Hoy toca analizar Blood Souls… perdón, BloodBorne, en un Cuasi Análisis, unas profundas impresiones que no alcanzan el nivel de Análisis en toda regla ya que no he llegado a terminarlo, a pesar de llevar mis buenas horas invertidas.

 

En el año 2015 salió Bloodborne, un juego exclusivo para ps4, heredero (totalmente) de la saga Souls que tantos éxitos ha dado con Demon´s Souls, Dark Souls, Dark Souls II y Dark Souls III, éste ultimo salió después de Bloodborne, también para consolas de nueva generación. Así Bloodborne supuso el primer juego exclusivo de ps4, ya que Dark Souls II salió tanto para ps3 como para ps4 (y para las dos Xbox).

 

En lugar de hacer un nuevo Souls, juego de rol en tercera persona, ambientado en una fantasía medieval de caballeros, castillos, dragones, esqueletos y demás fauna infame, se probó con un cambio de jugabilidad en un juego nuevo con una nueva identidad y nombre propio: Bloodborne.

 

 

 

La saga Souls destaca por tratarse de juegos de elevadísima dificultad donde muerte tras muerte, día tras día, uno debe ir aprendiendo como avanzar ante letales enemigos donde hasta el más infame esqueleto te puede matar de dos golpes. Esta jugabilidad de la vieja escuela arcade se destiló en juegos con magníficos mapeados, enemigos de fantásticos patrones y un diseño de niveles de auténtico lujo.

 

Pero hemos venido a hablar de Bloodborne y la verdad es que gráficamente cambia, pero poco. La saga Souls siempre ha destacado mucho más por su magnífico diseño artístico, lúgubre y fantástico, que por la gran potencia técnica. En Bloodborne pasa exactamente igual, no es el más realista, ni el de mejor texturas ni el más optimizado. Técnicamente el juego no es precisamente sobresaliente, pero es en el diseño tanto de personajes, como de enemigos como de niveles y entornos donde el juego empapa al jugador.

 

 

 

En esta ocasión quizás la cámara esté un poco más cercana y se muestre algo más de calidad que en los otros juegos, pero la ambientación es directamente reconocible. La gran diferencia es el tipo de ambientación, en lugar de una fantasía medieval de caballeros y magos nos encontraremos en un tiempo un tanto indeterminado, digamos que aproximadamente en el siglo XVIII y XIX, en un mundo maldito y poblado de bestias y fantásmas más cercanos a la fantasía romántica que a la medieval.

 

Esto se muestra tanto en las ropas como en el tipo de enemigos pero, sobre todo, en los entornos y edificaciones. Así el conjunto gráficamente es muy parecido al resto de Souls, con una capacidad técnica limitada (que no afecta a la jugabilidad), un diseño de conjunto sobresaliente y una ambientación, en este caso, más única que nunca. Aunque a mi personalmente me gusta mucho más las ambientaciones clásicas de los otros Souls que ésta de Bloodborne, no sé, quizás sea porque siempre me ha gustado la magia y la espada. Tengo la impresión de que mucha gente coincidirá conmigo, aunque siempre se agradece la intención de cambiar algo y no quedarse estancado.

 

En cuanto al apartado sonoro Bloodborne, al igual que sus compañeros de viaje, posee un cuidado diseño en especial en efectos especiales y en las escasas voces. Normalmente el efecto del viento, del fuego y del movimiento de nuestro protagonista y enemigos serán los que nos den una ambientación muy tétrica donde el menor ruido nos hará ponernos en alerta. La música, de gran calidad, pasa bastante desapercibida estando presente tan sólo en batallas contra jefes finales y momentos muy concretos. Esto no es ni bueno ni malo, sin embargo aunque las melodías posean una gran calidad instrumental su ausencia de carisma es bastante destacable. Muy buena música, aunque la olvidarás fácilmente, vamos que no es la música de Uncharted.

 

Por tanto el apartado sonoro posee una excepcional calidad, perfectamente adaptada al juego y a la función que cumple, incrementar la inquietante atmósfera que envuelve al juego, pero sin un gran carisma que la haga memorable.

 

 

 

 

 

Ahora hablaremos de la jugabilidad. Bloodborne es un juego de acción, más que un juego de rol. Es cierto que hay que subir de nivel, imprescindible para poder avanzar, pero más importante aún es el ritmo, la acción, el golpe, el tipo de golpe, las esquiva: el tempo. La saga Souls es lenta, pausada, pensada de base (aunque uno lo puede variar si quiere) para ir con el escudo para protegerte y la espada para atacar. Aquí no hay escudo, todo es más dinámico. No existe la opción de aguantar, de parar golpes, solo puedes golpear o esquivar, hay algún escudo, pero mejor huir de él porque en dos golpes se destruirá y te dejará vendido.

 

 

 

Se trata por tanto de un juego más dinámico, donde una vez te encuentres con un enemigo solo podrás atacar y esquivar, matar o morir. La recompensa suelen ser viales de sangre, con los que recuperar eso, sangre, que es lo que conforma nuestra barra de vida. Al igual que en los Souls tendremos una barra de energía que es la que determina cuanto esfuerzo podemos hacer de una vez, bien esquivando, corriendo o golpeando. Precisamente el equilibrio de dicha barra es donde descansa la jugabilidad de Bloodborne, igual que en los Souls.

 

 

 

El viejo jugador de Souls se sentirá como en casa, gestión de barra de energía, enemigos temibles que más adelante serán sustituidos por enemigos aún más terribles, que más adelante serán sustituidos por el doble de enemigos inimaginablemente horrendos. Solo para acabar ante un, imposible, jefe final. Morir y morir será nuestra receta para aprender no ya el movimiento y número de nuestros enemigos, las capacidades de nuestras armas y hasta el último rincón de los escenarios apocalípticos que recorreremos, sino lo más importante del juego: el tempo.

 

 

 

Los clásicos puntos de guardado, el nexo o la subida de nivel cada vez más exigente, pero necesaria para crecer como personaje siguen ahí, pero la acción es más importante que el rol en Bloodborne.

 

El delicado equilibrio del tipo de golpe, con cada arma tendremos golpe débil y fuerte a una o a dos manos, con un total de cuatro combinaciones bases, con las que combear hasta que nuestra barra de energía se agote, es la esencia de Bloodborne, y lo es mucho más que en los Souls. En Bloodborne hay muy poca variedad y tipo de armas, aún más si lo comparas con los Souls que cuentan con decenas y decenas de tipos y niveles, tanto de armas y armaduras. Aquí todo está más limitado, pero es que no será tan importante qué arma o armadura llevas sino cómo la manejas.

 

En los Souls también pasaba, pero el equilibrio también se repartía con el tipo de arma o de magia, algo que aquí no encontraremos. Pasa algo parecido con el tamaño del juego, no es precisamente corto ni pequeño pero digamos que es algo más de la mitad del primer Dark Souls.

 

 

 

Compararlos sólo sirve como referencia porque en realidad la jugabilidad directa resulta muy distinta en los dos tipos de juegos. Bloodborne es acción directa, matar para recuperar sangre, esquivar, acción y dinamismo. Souls es paciencia, agazaparse y saber gestionar las escasas existencias de pociones para rellenar la vida. En la saga Souls puedes jugar como en Bloodborne, sin escudo, pero es mucho más difícil dado el escasa cantidad de vida que puedes recuperar. En Bloodborne no puedes jugar como en Souls porque no existe escudo.

 

Añadido a la jugabilidad más rápida, y quizás simplificada, de Bloodborne se suman objetos y armas arrojadizas que sirven de complemento para abatir algunos enemigos pero que en el juego base son menos esenciales que el arma principal, la que te marca el tempo.

 

Nuevamente contaremos con un multijudador on line muy, muy peculiar. Avanzado el juego podrás invocar a jugadores para que te ayuden, o para que te convoquen a ti, al igual que podrás sufrir terribles invasiones de jugadores que buscan tu sangre y botín. Ya no nos sorprende tanto, aunque sigue siendo igual de satisfactorio que en los otros juegos, aunque con la pega, que no pasaba en ps3, que requiere del Plus para disfrutarlo. ¿De verdad jugar on line requiere pagar a parte? Hoy en día sí, pero aún no soy capaz de aceptarlo… Nos pasa a los perros viejos del lugar, lo siento, tema para otra entrada.

 

 

 

En general volvemos a tener una jugabilidad única (en el género), similar a sus primos, pero con una vuelta de tuerca que haga que se separe lo suficiente para no ser considerado un Souls. Hicieron bien llamándolo de otra forma. Por supuesto después de conseguir acabarlo tendremos la oportunidad de volver a empezarlo con una dificultad aún mayor una y otra vez, algo ya reservado para enfermos de estos juegos.

 

La historia tiene algo que ver con una enfermedad donde todo el mundo ha quedado infestado, con ser un cazador, y con varias cosas así, que, aunque si te interesa puedes ir viendo retazos a lo largo y ancho del escenario, y hasta puede que esté bien construida con la oportunidad de tener varios finales, en realidad es un escusa apenas suficiente para jugar. Lo que te motivará a seguir muriendo una y otra vez, una y otra vez, a volver a levantarte de la lámpara de guardado, es tan sólo la superviviencia y el reto.

 

Porque Bloodborne, al final, al igual que el resto de Souls es un reto personal que uno asume, más que un entretenimiento directo. Se trata de enfrentarse al juego y poder imponer tu voluntad a la suya hasta conseguir la suficiente habilidad, rapidez, fuerza y tempo que se necesita.

 

Ése es mi problema, yo no pude imponer mi voluntad al juego, me venció. Demon´s Souls ha podido conmigo ya las tres veces que lo he empezado, Dark Souls sin embargo acabó de rodillas ante mi voluntad, en esta ocasión creí que podría conseguirlo otra vez.

 

Pero no.

 

Después de varios días sin poder avanzar más allá de la misma fase, muriendo y muriendo, sin ser capaz de ser lo suficientemente paciente para ir un paso más adelante decidí dejarlo. Quizás la culpa la tengan las pocas horas que puedo arañar para jugar a la semana, que me son muy preciadas y que, en Bloodborne, me empezaron a parecer estériles. Quizás simplemente es que soy un paquete. No lo sé. Iba a vender el juego, pero se lo presté a Fran, que nunca había probado un Souls, y le ha encantado y se lo ha terminado después de unas cincuenta horas. Quizás el sea mejor jugando, o quizás el tiene más tiempo. Da igual, se lo voy a regalar porque él sí ha sabido apreciar y superar el reto, y yo no. Él lo merece más que yo.

 

En resumen, Bloodborne es un juego honesto, tan difícil como es de esperar, y que además supone un cambio en la rutina de la saga Souls que, aunque a mi no me haya gustado tanto, sí que merece el aplauso de haber dado un paso adelante en lugar de hacia el lado. Se trata de un juego de gran nivel, muy notable o sobresaliente dependiendo de tu gusto, totalmente recomendable para los fans de la saga y, por qué no, para el que nunca ha probado un juego de este tipo, ya que aporta más acción e inmediatez con elementos menos complejos, eso sí con idéntica dificultad.

 

Yo no he podido terminarlo, pero eso no ha hecho más que una cosa en mi interior: decidirme a coger Dark Souls III, dicen que paradigma de la saga, en cuanto mi alma vuelva a estar lo suficientemente preparada para un nuevo reto. La gran incógnita es si mi voluntad prevalecerá o será derrotada. Es la grandeza de estos juegos.

 

 

 

 

5
Valoración media: 5 (1 voto)

2 Comentarios:

Quasi dice..

Es un análisis muy a fondo, enhorabuena.

Por cierto, hay nuevos diseños de plantilla por defecto en Gamefilia, igual te apetece probar alguno. Mira el mío si quieres. 

Gracias por el apoyo

Gracias por el apoyo, aún más viniendo de quien viene. Escribir en un blog es algo bastante autista, nunca sabes cómo se percibe desde fuera si no hay comentarios. El Cuasi es que no me considero más adecuado para analizarlo que el que le ha echado el doble de horas y lo ha sufrido hasta el final, pero bueno, unas impresiones fundamentadas, si se puede, se dan.

 

Le echaré también un vistazo a las plantillas, ya que recientemente tuve que cambiar la mía para adaptarla a Android. Gracias por seguir apoyando Gamefilia!