19 de Octubre de 2018
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Metal Gear Solid 3: Snake Eater o uno de los mejores videojuegos de la historia.

Hoy voy a ser así de claro. Metal Gear Solid 3: Snake Eater es un juegazo, un juego como la copa de un pino, uno de los grandes videojuegos de la historia, corta, de los videojuegos. Podría ser el mejor, aunque creo que eso no existe, no hay un videojuego que sea el mejor, pero hay unos cuantos que podrían considerarse como tal no sólo por su extrema calidad, sino por lo que han significado y por como permanecen en el jugador a pesar del paso de los años. La historia de cómo el Big Boss se convirtió en el Big Boss, la historia del Snake original, la primera iteración, cronológica, de Metal Gear es un juego que debes jugar sí o sí. A continuación te explico por qué.

 

 

 

Metal Gear Solid 3: Snake Eater es la tercera parte de la saga Metal Gear Solid, que se publicó en 2004, y nos mete en la piel de Naked Snake un espía americano en terreno soviético en mitad de la Guerra Fría, en los años sesenta. Snake tiene que infiltrarse en una base militar y deshacer mil entuertos sin que le descubran, ya que los Metal Gear se caracterizan por ser juegos de infiltración, no puedes ir a saco, todo debes hacerlo cuidadosamente ya que estás solo en tu misión.

 

Metal Gear Solid para psx fue un juegazo, una obra maestra de su tiempo. La segunda parte, ya para ps2, fue una maravilla técnica y jugable, aunque su historia era, como poco, peculiar y difícil. Para esta tercera parte, con el listón muy alto técnicamente pero con signos de agotamiento en la narrativa de la saga, las expectativas eran muy altas. Hideo Kojima las cumplió con creces todas.

 

Gráficamente nos encontramos con un juego de primer nivel en la ps2, de hecho su versión HD para ps3 aún se ve magníficamente. Once años después, aunque es evidente que es un juego con sus años, se mantiene perfectamente jugable sin que se le puedan achacar peros gráficos. Y es que la maestría técnica que el equipo de Kojima ya demostró en la segunda parte se aúna con el nuevamente (y si cabe aún más) magnífico diseño gráfico de todo el juego.

 

La mano de Yoshi Shinkawa vuelve a llevar a lo más alto el diseño de conjunto, de personajes, de arte conceptual, de paisajes, hangares, selvas, protagonistas, mecánicas… La pátina verde amarillenta que acompaña todo el juego, los jefes finales, la portada… Todo es excepcional, sobresaliente pero con un mérito aún mayor y es que este juego no se basa en un futuro cercano sino en un pasado 40 años atrás. Que los diseños retrofuturistas funcionen sin rechinar, que el “realismo”, que pueda parece real, del conjunto no te haga chirriar en el discurso de la historia era complicado, pero todo fluye como si hubiese sido real.

 

Nos encontraremos dentro de una película de espías en plena Guerra Fría, donde tú eres el protagonista, tú y la selva. Y es que la selva es tu gran aliada en este juego, la vegetación, los animales, el paisaje, la orografía, sus sonidos, sus colores, su movimiento son la clave para el desarrollo de este juego. Se trata de un planteamiento muy arriesgado, ya que de no resolverlo adecuadamente se habría cargado el juego, pero su magistral solución hizo de éste un juego memorable.

 

La selva, la naturaleza, los bosques están perfectamente representados, te sirven para esconderte, para camuflarte, alimentarte, para sobrevivir. Metal Gear Solid era una saga donde debías sobrevivir en un ambiente hostil, en Snake Eater más que nunca deberás utilizar tu entorno a tu favor.

 

Las imágenes de la selva, los paisajes, como los del excepcional final, los videos que te narran la historia o el ya para siempre inmortal Snake original se grabarán a fuego lento en tu retina durante la partida de manera que cada vez que cierres los ojos volverás a tenerlos junto a ti.

 

 

 

 

Los gráficos son espectaculares, aunque no llamativos, indudablemente bellos, una obra maestra artística, dentro de un videojuego, que lleva al límite a la ps2. Tal es así que aunque el juego original mantenía una cámara fija con el mejor punto de vista, la revisión del juego, la versión Subsistance, incluyó el modo cámara libre donde la inmersión en el juego se hacía aún mayor. Una lección de saber hacer, y es que la cámara fija no era un requerimiento técnico, era una decisión de desarrollo, y no un truco para mejorar gráficamente. Qué grande.

 

Poco más que decir, tan sólo tienes que ver cualquier video, imagen o carátula del juego para que lo entiendas. Es un 10 gráficamente, es un espejo donde mirarse, es una lección.

 

 

El sonido también es soberbio. La banda sonora, desde su tema inicial Snake Eater, sacado directamente de las películas de James Bond, comparable al Golden Eye de Tina Turner, pero interpretado por Cynthia Harrel, hasta el tema de cierre, todo el trabajo sonoro es de auténtica superproducción musical. Las melodías están cargadas de carisma y sus principales temas pertenecen a las historia de la música, no digo ya al de los videojuegos o al de la propia saga Metal Gear.

 

 

 

 

Los efectos sonoros, explosiones, disparos pasos, etcétera están perfectamente implementados, aún más espectacular con un buen sistema 5.1, incluyendo los vehículos motorizados. Pero si hablamos de la jungla, del agua, de los pájaros, el nivel de los efectos sonoros es todo lo que el sistema nos podía dar en su día, inmersión total.

 

Pero es que el doblaje es de película de Oscar, perfecto también, Snake, Eva, Ocelot, Sokolov, The Boss… Todos los personajes tienen una personalidad propia, nada que envidiar a cualquier película. De hecho la edición Subsistance incluía un disco donde se resume el juego en videos, como una gran película de 4 ó 5 horas. Es cierto que como película se hace un tanto lenta, no es lo mismo jugar que ver, pero ¡eso sí es un extra!

 

Como podéis ver otro apartado de Obra Maestra, con la única mancha del ya lejano recuerdo del doblaje al castellano de su primera parte, aunque ese recuerdo no empaña la enorme calidad que encierra este juego.

 

Ahora toca hablar de la jugabilidad, y hablar de Metal Gear es hablar de infiltración, de esconderse. Aunque en este Snake Eater se da una vuelta de tuerca importante al concepto, ya no sólo tienes que esconderte, tienes que camuflarte, ir adaptando tu atuendo al entorno, escoger lo más oportuno, permanecer inmóvil, pero con cuidado por no ser atacado por los animales, usarlos para curarte, sobrevivir, alimentarte o incluso atacar a tus enemigos. Tenemos todo lo que ya existía en Metal Gear Solid 2 pero queda nublado por este enorme avance en la jugabilidad que la eleva a un nuevo escalafón.

 

Es cierto que el sistema es un tanto lento, puede llegar a veces a romper el ritmo y puede que a todo el mundo no le guste, pero una vez te introduces en el sistema de juego realmente engancha, ir probando que tal sabe esa nueva serpiente, o ver qué tal funciona el nuevo camuflaje, buscar elementos con los que curarte o comerte algo en mal estado con nefastas consecuencias para nuestro joven Jack, son elementos nuevos y muy divertidos.

 

Pero esto no es lo único que encierra Snake Eater, es sólo lo nuevo, volvemos a tener videos con el propio motor del juego, fases de infiltración en la selva, en bases militares, el nunca antes tan viejo Codec, jefes finales, Metal Gear (o algo similar, el ya mítico Shagohod), humor made in Kojima y un fantástico ritmo en todo el juego con enorme variedad de situaciones que hacen de éste Metal Gear Solid 3 un juego enormemente divertido y variado cosido por la omnipresente selva.

 

La parte de diseño del pasado está muy bien resuelta ya que las armas incluso los radares ya no son futuristas. Disponemos de tecnología del pasado así que nada de radar soliton, en su lugar tendremos sonar, y todas las armas están adaptadas a su tiempo, así como los vehículos. Pero el gran avance del combate es el CQC, o close quarter combat, un sistema de combate cuerpo a cuerpo que hace que Snake sea el espía perfecto… De no ser por su mentora The Boss, aún más letal que nuestro Naked Snake.

 

Los jefes finales merecen una mención especial, aún mejores que cualquiera de los desarrollados anteriormente, con un diseño gráfico magnífico, patrones de comportamiento elaborados con dos puntos álgidos. La batalla final, uno de los más memorables de los videojuegos, es simplemente excepcional, magníficamente coreografiada, escenificada y elaborada. Parece increíble que se trate de una lucha en lugar de una poesía… Pero tiene un defecto y es que la batalla de francotiradores, el duelo contra The End, que discurre en la primera mitad del juego es sin duda la mejor batalla de un final boss que jamás he jugado, por lo que el final, aunque excepcional, no es lo que mejor recuerdo.

 

 

 

 

Duelo de francotiradores en un entorno selvátivo, libre de esconderte, ocultarte, al igual que tu enemigo. Agazapado escudriñando tu entorno, localizando la menor huella de tu enemigo para cazarle antes de que te cace a ti. Lo mejor que podrás jugar.

 

Puede no gustarte Kojima o no gustarte los juegos de infiltración, pero eso no afecta a que este juego es, también, una Obra Maestra, de la jugabilidad, que innova y divierte en las aproximadamente 20 horas que te puede durar la primera partida. Los años pueden hacerle parecer en algunos tramos un poco lento, pero este juego es así. Otro pedazo de 10.

 

Por último queda hablar de la historia que lo hilvana todo, y para variar con el resto de la saga, esta historia sí está a la altura del resto de elementos. De hecho este juego es ideal para iniciar a los neófitos en la saga. Si bien los que hayan jugado anteriores juegos descubrirán todos los guiños que encierra, el nuevo jugador podrá disfrutar completamente de un nuevo panteón de personajes que enlaza perfectamente con el resto de la historia.

 

La historia se desarrolla muy bien, dando ritmo al juego con fases bien diferenciadas y giros de guión rocambolescos que hacen de este juego una película de 007 vivida por ti mismo. La narrativa te motiva a ir avanzando cada fase. Pero es que la historia en su conjunto es magnífica. Vale, sigue sin ser el Quijote, pero no está nada mal. Una historia de crecimiento, como Jack se transforma en el Big Boss, las semillas de sus futuras motivaciones, las tensiones de la Guerra Fría, el conflicto nuclear latente y un héroe que se forja a sí mismo en una de las mejores aventuras de ps2 (y ps3) y de todos los tiempos.

 

 

 

 

A veces se crea una historia alrededor de un personaje que cuando se desarrolla queda por debajo de las expectativas, en este caso ocurre al revés, el desarrollo le da mucho más volumen y cuerpo a las historias previas, de hecho es muy superior ya que las motivaciones de Snake y su crecimiento y madurez las viviremos en primera persona siendo a su vez éstas muy adultas, no meros clichés ni simplificaciones que cualquiera pueda entender.

 

 

 

 

Por fin descubriremos por qué Big Boss tiene un parche, conoceremos el origen de todo, aunque la historia se cierra perfectamente, sin tener que requerir más continuaciones (por bienvenidas que sean estas).

 

 

Después de jugar a este juego ya no me apetece jugar a Metal Gear Solid 4 ni al 5. No quiero saber más de Snake ni de Big Boss, ya sé qué le pasó… Lo que realmente quiero, lo que quiero que Kojima nos cuente ya en el próximo Metal Gear es la historia de The Boss durante la II Guerra Mundial, con la aparición de un jovencísimo Jack o cómo ella llegó a ser quién es. Pero qué grande es este Snake Eater, fagocita con historia más madura y realista las neofantasías de sus anteriores (incluso posteriores) juegos.

 

Como digo, no es digna de un premio Nobel, pero la historia es totalmente sobresaliente, otra lección en el mundo de los videojuegos no de dar continuidad, sino de ir más allá, crear nuevos personajes aún más carismáticos, aún más maduros, aún más épicos. Otro 10, lo siento pero es así.

 

Puede que creáis que no soy objetivo, pero sí lo soy, este juego es una joya, aún mejor en HD, y todos sus apartados, si no perfectos, son el techo de lo que tocan. No puedes pedirle nada más a este juego, de hecho te dará más de lo que esperas, aún a pesar de que te lo estoy contando. Juégalo si no lo has jugado, y vuelve a jugarlo si ya lo has hecho.

 

Gracias a Snake Eater todos somos Big Boss.

 

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