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Puede que el Diablo llore, quién sabe, pero desde luego, que a mí sí que me hizo llorar la cuarta parte de saga de Capcom.
Aún recuerdo cuándo conocí al señor Dante. En su día, su nombre estaba en boca de todos, Dante esto, Dante lo otro, Dante aquello… hasta que me tropecé con él en el castizo rastro de Madrid, pequeño universo con sus propios villanos y héroes repartidos por unas calles que han visto cientos de historias.
Haciendo la ronda habitual de puestos, con resignación, me acerqué a asomar la nariz por uno de los más concurridos a la par que embaucador, con un tipejo bajo la lona que guarda en curioso parecido con Rappel, salvo que no comparten corte de pelo, pues éste tiene el tejado descubierto.
Y ahí le encontré, a un precio de 30€ nuevo, cuando en todos los lados solía costar el doble. A pesar de que no me hacía mucha gracia darle un céntimo mío al personaje del tenderete (al cual suelen dedicarle todos los domingos versos a su progenitora), saqué la cartera y me adjudiqué el chollo.
Ya en casa, me dispuse a comprobar si las proezas del engreído hijo de Sparda eran ciertas.
Introduzco el juego en la consola… y no aparece un selector de 50/60 Hz. Bueno, no pasa nada, haremos caso al dicho de que los manjares hay que saborearlos leeeeentamente. Comencé a jugar pensando en el origen de este juego, nacido de un extraño intento de rehacer una versión de Resident Evil 4 para GameCube. Mientras, me quedaba encantado con la atmósfera gótica del castillo, plagada de extrañas y macabras criaturas infernales, y todo esto, aderezado con unas escenas de vídeo in game que era difícil que dejaran a nadie indiferente.
Tal vez porque por aquél entonces era menos sabiondo y ducho en esto de los videojuegos, llegué a desesperarme con el autonivel de dificultad, quedándome atascado en el primer enfrentamiento contra Phantom, la enorme araña de fuego. No daba crédito que previamente estuve destruyendo a diestra y siniestra decenas de enemigos y que el primer jefe me sacara de quicio de esta forma.
Me tocó recapitular y con el rabo entre las piernas, volver a reiniciar la aventura desde cero.
Fue un comienzo difícil, pero la relación pasó del odio al amor conforme me adentraba más en el mundo infernal de Dante, despedazaba más criaturas a ritmo de mandoble de espada y reventaba demonios a escopetazo limpio.
Recuerdo el enfrentamiento final contra Mundus, dividido en varios combates, siendo una experiencia cuasi épica.
Y así fue cómo terminé rendido ante el macarra del abrigo rojo: el carácter del personaje, la ambientación gótica/ demoníaca, las criaturas que pululaban por el juego, los jefes finales… hacen que conserve a Devil May Cry como una de las mejores experiencias que he vivido con un videojuego, ganándose su lugar entre mis favoritos.
No cabe duda de que el juego fue un pelotazo tremendo y era evidente que una segunda parte estaba en ciernes. Y así fue, pero no exenta de polémica entre los nuevos fans.
La primera parte corrió a cargo de Shinji Mikami, quien crió y amamantó al hijo zombie mimado de Capcom, Resident Evil. Sin embargo, Mikami, tras profesar un amor incondicional por la nueva consola cúbica de la gran N, se volcó completamente en la elaboración de los Resident Evil para dicha consola, de modo que las nuevas andanzas del demonio del abrigo rojo estuvieron apadrinadas por un equipo distinto.
Las capturas que mostraban al nuevo Dante prometían, pero cuando salieron las reviews del juego, coincidieron en que era un gran título pero a un par de pasos por detrás del original.
Ciertamente, a nivel gráfico encontrábamos un juego muy parecido pero inferior en texturas, lo cual tiene su explicación al desarrollarse todo ahora en niveles mucho más amplios. Fue en términos jugables donde se ahondó más, con una dificultad menor, más modos de juego y nuevas habilidades que hacían de Dante un perfecto pistolero saltimbanqui. Además, el juego se componía de dos DVD, uno para jugar con Dante y otro con Lucía, una nueva incorporación femenina.
El punto flaco de la nueva entrega se fundamentaban en una trama sin elaborar, con un Dante que parecía despistado, sorprendentemente casi mudo, olvidándose parte de su carisma en casa antes de salir a cazar demonios.
No era una obra a la altura del original, vale, pero los fans no tardaron en echar estiércol sobre el juego, tildándolo de basura, cuando ciertamente, el juego no es nada desmerecido.
Personalmente, me pareció muy jugable y muy divertido gracias a las nuevas habilidades, y junto con la primera entrega, son los dos únicos juegos de DMC con los que me quedo.
La tercera parte fue una precuela donde veíamos al hijo de Sparda enfrentarse con su hermano en una lucha con el típico trasfondo de posible Apocalipsis y destrucción de la humanidad como hilo argumental.
Se introdujeron más armas y varios estilos de combate y habilidades para Dante, y odiaré de por vida chocarme contra la pared y pulsar como idiota el botón para correr por las paredes mientras tenía seleccionado el estilo que no contemplaba dicha habilidad pero sí la de disparar en dos direcciones a la vez: en DMC2 estas habilidades estaban juntas, y tras las horas que le dediqué al juego, me costaba y me fastidiaba adaptarme a tenerlas por separado.
Esta vez, Capcom optó por perfilar más la personalidad de Dante, multiplicando su chulería por 100, que daba el espectáculo en cada vídeo del juego, mostrando un Dante más inmaduro y vocazas, con unas puestas en escena casi ridículas, alejándose demasiado de la silueta de aquel tipo oscuro y siniestro, con chulería, sí, pero mil veces más comedida, que conocí en antaño.
Se hizo tanto hincapié en la personalidad dada a Dante, que Capcom logró convertirla en sello de la franquicia. Esto fue lo que más me disgustó.
Aún así, lo conservo entre mi colección por el elenco de monstruos presentes, pues al menos la estética seguía siendo oscura.
Cuando Capcom anunció la cuarta parte, esperaba que el título se acercara más a los orígenes de la saga, pero no, no fue así, es más, para mí fue una completa decepción que se tradujo en el destierro del juego del mueble donde conservo mi colección y su exilio en un cajón de segunda mano de una de las tiendas de la cadena Game.
La cosa prometía, pues pude conseguir el juego en un famoso portal de subastas a un precio de 11€, un auténtico chollo. Tras superar el nivel del demonio Berial, la cosa empezó a decaer estrepitosamente.
Visualmente, el juego, a mi ver, tiene partes horrendas, especialmente ese bosque poblado de pobres texturas y vede niebla, y en general, no me parece que tenga nada destacable en este aspecto, incluso a nivel de diseño, con algunos enemigos que parece haber salido de la imaginación de un parvulito.
Jugablemente, más de lo mismo, a excepción de la habilidad del brazo de Nero, y en esta ocasión, con Dante podemos seleccionar sus distintos estilos mientras jugamos, y no condenar la partida a uno de ellos hasta la próxima pantalla donde podíamos volver a seleccionar otro.
Sumamente cutre me pareció la idea de recorrer en la piel de Dante nuevamente los mismos escenarios que vimos con Nero, en un hilo argumental casi tan paupérrimo en cuanto a aportaciones a la mitología de la saga, como el visto en DMC2.
Amén de que se ha mantenido el aire de surrealismo cómico de DMC3 que tan poco encaja y que tanto estropea, a mi parecer, la esencia demoníaca y oscura de la saga, aunque en esta cuarta entrega no sea precisamente muy destacable (eché en falta descender al Infierno tal cual hicimos en anteriores juegos, aunque hace bien poco que me acordé de esto jugando al mismísimo Gears of War 2, justo en la fase en la que tenemos que destrozar al gusano gigante desde sus adentros)
Si me dieran a elegir ente el Dante de las dos primeras entregas y el último, marcándose bailoteos con una rosa en la boca, sin dudarlo un segundo, me quedo con el primero.
Quizás me esté volviendo demasiado exigente con los juegos últimamente, pero personalmente, Devil May Cry 4 me pareció una profunda decepción, que ni al precio de 11€ estaba dispuesto a conservar. Si tuviera que puntuarlo de cero a diez, ni por asomo le otorgaría esos generosos ochos que le han colgado, más bien lo relegaría a poco más que al aprobado matemático.
Llamadme bicho raro o lo que os apetezca, pero con DMC3 me divorcié del señor del abrigo rojo, y con DMC4 pensé en darle una oportunidad, pero he visto que no ha cambiado, más bien todo lo contrario.
Hay amores irreconciliables…

2 Comentarios:
Bravo, Devil may Cry asecas
22 de Noviembre de 2008 • 19:28 — El NarutoDios/Yavhé/Alá/Buda/Satan
22 de Noviembre de 2008 • 19:43 — cerberus666Dios/Yavhé/Alá/Buda/Satanás te oiga, pero teniendo en cuenta que DMC4 es uno de los juegos más vendidos de Capcom en los últimos años, es bastante probable que la quinta entrega siga la estela de la anterior.
Saludos y gracias por tu aportación!