10 de Febrero de 2012

vampiros oscuros

Ene
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Feliz año nuevo, mi amor

Tal vez, en tu mundo, la última noche del año sea motivo de alegría. En el mío, El Imperio del Norte, es la noche del miedo y la muerte de los inocentes. Mi nombre es Elric, soy procedente de la caravana de botines de guerra número trescientos sesenta y siete, del año ochocientos trenta y dos desde el nacimiento de nuestro amo y señor, Moebius. Tengo veinte y un años, soy un esclavo comunitario, y no he conocida otra cosa en la vida que el miedo.

Hoy puede que conozca la muerte.

El caos gobierna la capital Imperial. Veo en los rostros de los Vampiros Superiores una expresión de terror que jamás he visto. Corren por las grandes calles de la metrópolis escoltando a las familias de sus clanes, abriéndose paso espada en mano si es necesario, camino de los accesos a la ciudad subterránea. Las especies de humanoides y criaturas y bestias creadas por los Brujos y las Matronas, se pelean a muerte por controlar las entradas de servicio de la ciudad subterránea. Saben que no hay tiempo para garantizar su salvación, es ahora o nunca.

Tal vez algunos os hayáis olvidado de mí, aunque no puedo culparos. Sólo soy un esclavo de los Vampiros Oscuros a las puertas de la auténtica libertad, la muerte. El parasito que ha devorado mis entrañas a lo largo de los años, desea mi corazón. Desconoce que soy el último superviviente de una ciudad humana saqueada por nuestros amos. Escribo este diario con la esperanza de salvar tu alma. Debes saber que tu destino está escrito. Muy pronto ocuparás mi lugar. Serás entregado a máquinas mágicas infernales que se alimentarán de tu alma y, cuando no seas más que una cáscara vacía, te abandonarán con un parasito en tu interior que, un día se convertirá en una de las bestias que, colaborará en la captura de tus hijos.

Si estás leyendo este diario, te queda poco tiempo. Tal vez, hoy sea la noche. Lo más probable es que hayan encantado estas páginas, y que ahora mismo, tus amos, observen tu rostro, apostando si vas a tener el valor de tomar la única decisión que puede salvarte, o vas a confiar en que tú eres diferente a los demás, para descubrir en unas horas que los objetos como nosotros no tienen futuro, sólo funciones; y créeme, la tuya, no te va a gustar.

Las necesidades de los Vampiros Oscuros son cíclicas. Cuando los recursos de las campañas anteriores se agotan, basta que una civilización progrese para declarar abierta la competición. Los Ancestros dividen sus territorios entre las casas nobles, y éstas invitan a sus señores a elegir los objetivos que van a atacar en solitario con sus fuerzas, buscando los mayores retos al enfrentar sus cientos de efectivos contra decenas de miles de enemigos bien preparados, en una ofensiva relámpago. La clave de la victoria de los Vampiros Oscuros es la naturaleza independiente e impredecible de su estrategia. Los grandes ejércitos convencionales se ven impotentes ante un enemigo que les golpea en todas partes a una velocidad vertiginosa, cambiando sus posiciones y rutinas de conducta con un toque de genialidad desconcertante, que les combate con una furia inhumana impropia de su abrumadora inferioridad numérica, cargando contra tropas interminables a las que destruyen su moral, al verse barridas por seres impíos que no retroceden ante nada, que convierten los cadáveres de sus víctimas en seres no-muertos a su servicio por toda la eternidad.

Capítulo Anterior: Historia de los Dragones Vampiros I

El legado de sus campañas por los pueblos de Mundo Destierro, ha alimentado a generaciones marcadas por el odio y la humillación que, envuelven las leyendas de sus tierras desconocidas en mitos y profecías que anuncian su regreso, formando parte de la cultura popular de las naciones emergentes que surgen después de sus ataques, que sueñan con romper el ciclo de esclavitud que padecen y vivir en paz. Motivo por el que a lo largo de la historia las grandes naciones se han unido en Cruzadas de liberación, llevando la guerra al corazón del Imperio de los Vampiros Oscuros, enviando millones de guerreros a sus ignotas tierras con la esperanza de forjar con su victoria un mundo mejor, de los que han regresado unos pocos al borde de la muerte, narrando sus visiones del mundo de los Vampiros Oscuros antes de morir presas de la locura, hablando de: ciudades gigantescas de ensueño de una belleza sobrecogedora, conocimientos arcanos que desafiaban toda lógica y razón, naciones independientes de especies inteligentes creadas mágicamente por sus brujos eruditos, bestias nigrománticas convocadas desde las entrañas de la tierra, regiones de volcanes activos poblados por ciudades que flotaban sobre océanos lava, cielos de nubes negras alumbradas por rayos que desataban tormentas mágicas terribles, su reino… es la perdición.

Los Dragones son hijos de los Vampiros Oscuros. Guerreros y Brujos formidables sin comparación, nacidos en los caóticos campos de batalla por la supervivencia durante la Estación Sombría, dotados de un metabolismo flexible único en su género, capaz de asimilar los poderes de otros Vampiros y Humanos ingiriendo la cantidad de sangre necesaria, haciendo mayor su fuerza con cada triunfo. Se les reconoce por su físico de cerca de dos metros de altura, una piel pálida mortecina azulada, cabelleras y ojos plateados, grises, negros y azules; pero, sobre todo, por su porte y elegancia propios de la nobleza. Son una especie erudita y ambiciosa que basa su vida en el arte, las ciencias mágicas, el culto a los Ancestros, las intrigas entre las grandes casas y su lugar natural: la guerra.

Son guerreros sádicos e impíos temibles. Luchan con la furia de titanes blandiendo sus armas con maestría divina, pronunciando gritos de guerra y carcajadas desgarradoras, tejiendo hechizos terribles en la Alta Lengua Vampira, desafiando a sus enemigos con la mirada de sus pupilas ardientes, forjadas por una pasión y demencia que borda la locura. Combaten liberados de ideales, impulsados por un deseo irrefrenable de batirse, probarse a sí mismos, desafiar sus propios límites, y regresar más fuertes. La sangre guerrera que los engendró es la que ahora guía sus metas, concibiendo sueños sólo dignos de su pueblo.