La tiranía imperaba en las calles de la antigua ciudad en
ruinas del Imperio. Los Desterrados, huestes de vampiros esclavos, trabajaban
sin descanso bajo la noche eterna de la Estación Sombría,
sin más esperanza en el horizonte que una muerte horrible a manos de sus amos.
Los tambores marcaban el ritmo del tormento, silenciando con
su siniestra percusión los aullidos y gemidos de quienes caían al suelo
agotados. Los nuevos juguetes que morían para el placer de sus amos, padeciendo
un sufrimiento indescriptible hasta la expiación. Mostrando un ejemplo que
mantenía la disciplina de trabajo y la sumisión de los esclavos.
Vivían, sufrían y morían por la construcción de la avenida
de bienvenida triunfal dedicada a los Príncipes Demoníacos del Abismo. Una obra
monumental que los recreaba con estatuas del tamaño de los mismos rascacielos
que les proporcionaban los materiales. Erigidas en dos filas representando
poses de victoria frente al Portal Dimensional que algún día uniría Mundo
Destierro con el Abismo, El Infierno. El día en el que los esclavos serían
sacrificados en honor de sus soberanos.
Endimión Tau:
Capítulo I Capítulo II Capítulo III Capítulo IV Capítulo V Capítulo VI
La Venganza de la Calavera:
Capítulo I Capítulo II
Homo Aetheris:
Capítulo I
Cuando su instinto de supervivencia fue derrotado y,
meditaban morir luchando en una revolución condenada al fracaso o suicidarse,
les llegaron rumores del sur. Los nuevos esclavos juraban a las puertas de la
muerte que había estallado una gran Cruzada en tierras lejanas. El Vampiro
Albino de la profecía nacido en las estrellas, conquistaba un bastión de
opresión tras otro. Se decía que sus fieles se contaban por miles, y que las Sombras
le consideraban un hermano. Aquellos que le habían visto con sus propios ojos
aseguraban que era un guerrero invicto sin igual. Una fuerza indomable que
luchaba en nombre de todos los condenados por su libertad.
La aurora púrpura producida por el choque de partículas de la Estación Sombría
con las de Mundo Destierro, se agitaba inquieta palpitando con un brillo cuya
intensidad era fuera de lo normal, eclipsando a la profunda oscuridad que se
cernía sobre sus cabezas. Los capataces. Demonios menores humanoides y
voladores les vigilaban estrictamente, impartiendo castigos brutales; excitados
por el clima de energía que se respiraba en el ambiente, ignorando con su
nerviosismo y pasiones primarias, su significado.