Uy…
Me da cosa hablar otra vez de la Iglesia porque no me gusta hablar de empresas como ésta, pero es que es necesario.
Vivo en Sevilla, y ser ateo en Sevilla es como meter a un judío en una reunión de SkinG. Esta ciudad es, posiblemente, la más católica, apostólica y romana de toda España. Aunque la Giralda la hiciesen los almohades, olvidaos, la hizo Dios; y ahora intenta quitar ese pensamiento.
Aquí avanzas dos pasos y ves un cristo colgado, avanzas otro y te ves tatuada la Macarena en la espalda de uno, y así sucesivamente.
Pero no estoy en contra de la fe devota de los creyentes, cada uno que haga lo que quiera, es libre. Lo que sí ocurre es que dentro de los creyentes los hay de corte progresista y corte moderado.
Se acerca la Semana Santa. En Sevilla ya huele a torrijas, incienso y pasos. Pero en los últimos días está ocurriendo un asunto que está enfrentando a los diversos hermanos de las cofradías. Y es que, otra vez, mi querida y adorada amiga la Iglesia ha vuelto a hacer de las suyas.




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