No es que yo sepa mucho de periodismo -bueno, algo sí, que cuatro años estudiando deben servir-, pero hay algunas cosillas que ciertamente pueden llegar a sacarme de mis casillas. En esto del ocio electrónico, como fina y acertadamente se está llamando a los videojuegos, la labor de los redactores evoluciona indudablemente hacia un camino más o menos correcto, pero dando pasos muy lentos.
Es evidente que esta industria aún está a años luz de otros medios culturales, al menos así es periodísticamente hablando. Generalmente, la norma clásica enseñada en la carrera aquí no es que se tenga muy en cuenta, no en esencia. Y esto puede deberse a muchas causas. No pretendo con esta entrada criticar la labor de los que estamos adscritos a este sector incipiente, ni golpear a aquellos que, sin formación estrictamente periodística, hacen que el cotarro crezca día tras día. Sin embargo, sí que creo recomendable tratar algunos aspectos que, desde mi punto de vista, son perfectamente mejorables. Comenzaremos con un tema de actualidad; la objetividad de los análisis.