Ah, los noventa. Los maravillosos noventa. Los acojonantemente awesomizantes noventa para unos, los ridículos, insulsos e insípidos noventa para otros. Una época tan retro, tan de dientes de sierra, tan demodé. Una época en la que no existían los términos "casual", "hardcore", "Megaupload" o "Fundación Nóos". Una época en la que los ahora oldfags y maestros de las interwebs, otrora conocidos como niños-rata-repelentes, nos peleábamos entre nosotros. No había ni Sonyers, ni Xboxers, ni Nintenderos. O eras de Mario, o eras de Sonic, así de simple.
-
En un duelo de tales proporciones, Mario recibiría hostias hasta debajo del paladar
-
Esta peculiar pugna de desgaste mutuo era avivada por nosotros, prepúberes y niñatillos varios por aquel entonces. Como si de un Barcelona-Madrid se tratase (sí, pongo primero el Barça porque pese a que el fútbol me suda los cojones, odio a los merengues), esto se trataba del típico "o estás conmigo o estás contra mí". Pese a que a la hora de comprarse videoconsolas realmente había un mundo de posibilidades más allá de Sega Mega Drive y Super Nintendo Entertainment System, nuestra corta edad y desconocimiento de un sector que crecía aún tímidamente hacía que sólo nos comprásemos una de estas dos videoconsolas.
-