No es ningún secreto a estas alturas que uno de los géneros de videojuegos en los que más me motivo por adquirir lo máximo posible y dedicarme a exprimir las propuestas es el musical. Muchos han sido los juegos de este género que han pasado por mis manos, desde un vetusto Dance Dance Revolution del Libro de la Selva, pasando por los Singstar (donde, todo hay que decirlo, tengo menos maña), los Guitar Hero, o los Hatsune Miku Project Diva. Pero todo interés por algo tiene un inicio, un punto de partida donde realmente dices "hey, este género merece la pena, voy a dar más de mi con él". Fue así con Spyro en los plataformas y con Pokémon Azul en los JRPG. El representante de los musicales vino directamente de Japón.
Tuve la oportunidad de ver en la DS de un amigo el juego Osu! Tatakae! Ouendan! original, que me recordaba mucho a otro que había estado dejando de lado tremendamente, Elite Beat Agents. Lo estuve probando, y cai a las cinco notas. Me bajó la dificultad a Hard y pude volver a intentarlo. Decidí entonces que debía disfrutar este juego, cosa que pude hacer apenas un año después en la que fue una de las primeras importanciones que hice. El juego de iNis fue seguido por su secuela, Moero! Nekketsu Rythmn Damashii Osu! Tatakae! Ouendan! 2, que es la que hoy analizamos más como representante definitivo de ambas experiencias que como juego individual. Salvando el mundo a través de la música.