22 de Mayo de 2013

mundo destierro

Una legión de aullidos y gemidos orquestaba un coro demencial en su conciencia al borde de la locura. Voces familiares, desconocidas, penitentes, piadosas, desafiantes y aterradas, habían encontrado su comunión en el sufrimiento de la expiación.

Estaba en el Infierno. Una oscuridad sin fronteras, gelida y vacía, que le robaba el calor y los deseos de vivir. Pronto sería una más de esas voces residentes, anclada en la última agonia de su existencia.

Escapaba de la muerte guiado por la esperanza, un punto lejano de luz que parpadeaba a punto de extinguirse. Las voces le debilitaban. Apretaba con fuerza sus manos en los oídos y gritaba hasta desgarrarse las cuerdas vocales, luchando por expulsarlas en vano. Las voces provenían de su interior.
 
 

Una legión de aullidos y gemidos orquestaba un coro demencial en su conciencia al borde de la locura. Voces familiares, desconocidas, penitentes, piadosas, desafiantes y aterradas, habían encontrado su comunión en el sufrimiento de la expiación.

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Estaba en el Infierno. Una oscuridad sin fronteras, gelida y vacía, que le robaba el calor y los deseos de vivir. Pronto sería una más de esas voces residentes, anclada en la última agonia de su existencia.

Escapaba de la muerte guiado por la esperanza, un punto lejano de luz que parpadeaba a punto de extinguirse. Las voces le debilitaban. Apretaba con fuerza sus manos en los oídos y gritaba hasta desgarrarse las cuerdas vocales, luchando por expulsarlas en vano. Las voces provenían de su interior. 

De pronto, se hizo el silencio.

Al regresar la Tormenta Tenebrosa al bosque con sus almas condenadas, el primer jinete aminoró la marcha de su jadeante caballo, deteniéndolo en lo alto del saliente de una curva a gran altura, muy elevada respecto al trecho anterior del camino. El inicio de una serie de grandes curvas en forma de U hacia el interior de la montaña, que bordeaban sus brazos. Lugares ocultos en las sombras, como el suyo, que impedían el paso de la luz del volcán activo, iluminados tan sólo por el bosque palpitante poseído por la Tormenta Tenebrosa, que se deslizaba entre las copas de los árboles a gran velocidad, sedienta de sangre.

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Agudizó su oído tratando de escuchar las pisadas del caballo de Remdall. Silencio, sólo silencio, interrumpido por las ráfagas del viento que rompía contra las rocas siseando. Había escucho los disparos de su revolver, muy lejos de él. Las almas le habían atacado, estaba seguro. Esbozó una sonrisa al pensar lo que seres capaces de aniquilar a un vampiro habrían hecho con el humano. Se lo imaginaba caído en el camino, convertido en una cáscara de huesos y piel sin vida, retorcida por el sufrimiento.

Era demasiado fácil. La razón le concedía el triunfo y los sentimientos inquietud. Meditó unos minutos si retroceder en busca del cadáver. Decidió ser prudente, conservar su ventaja y el caballo descansado, la garantía de que jamás sería atrapado. Afinó el oído hasta el punto que llego a escuchar el sonido de las erupciones del volcán, transportado por el viento. Entonces, unos pasos por encima de él, muy cercanos, demasiado cercanos, le alertaron. Se dio la vuelta, viendo en una cornisa de piedra nevada por encima del camino, a un lobo negro del tamaño de su caballo con la mirada perdida a lo lejos, sin ningún interés en él, observando un punto lejano a su espalda envuelto en la oscuridad. Volvió a darse la vuelta para seguir la mirada del lobo, estremecido por un pensamiento que no quería admitir, sintiendo como la angustia le oprimía el pecho de nuevo.

Conrad: Aquí el Teniente Conrad. Violando el reglamento de comunicaciones transmito en todas las frecuencias. Es un Código V. Mi ID personal es Omega1390572.

La situación es desesperada. Soy el último superviviente de los comandos desplegados hoy. Repito, soy el último superviviente. El Predador me persigue. Estoy gravemente herido. Una puñalada profunda en la cadera izquierda. Me desangro y sufro los primeros síntomas de envenenamiento.

Me dirijo al punto de encuentro con un monopatín volador, violando de nuevo las órdenes referentes a su empleo no autorizado. No me quedan fuerzas para correr. Estoy esquivando los hilos invisibles tendidos por el Predador con la visión de rayos X. Puedo morir el cualquier momento. Bien me atrapan los hilos o el Predador. Es importante que sepan esto.

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El Predador se encuentra herido. Repito, El Predador se encuentra herido. El Teniente Coronel Titán sacrificó su vida con éxito en una emboscada. Logré herirlo en el vientre. Un impacto directo de fúsil láser. Confirmado.

Además, lo he vuelto a herir en el transcurso de la persecución. Active el mecanismo de autodestrucción de mi fúsil láser, y lo escondí en el camino del Predador. La explosión táctica le alcanzó de pleno. Confirmado.

El pitido agudo que siento en mi cabeza indica que sigue vivo. Tengo una teoría. Creo que el pitido es la estática del sondeo mental del Predador. Todos los comandos han recibido ataques o caído en emboscadas de corte mental poco después de percibir el pitido. Escucharlo significa haber entrado en el radio de acción mental del Predador. Lee las mentes en función de la debilidad del individuo, rastrea nuestras posiciones por los impulsos eléctricos de nuestros cerebros, y se oculta alterando nuestras percepciones.

¡Luchemos, es nuestra única oportunidad!

¿Ahora, no? ¿El miedo que se te escurre entre las piernas te ha devuelto el valor? ¡Cabronazo! Tuvimos nuestro oportunidad y ya ha pasado ¿Es que no lo has visto? ¡Le abrí un puto boquete en el estomago…y seguía con vida! ¿No viste sus reflejos? ¡Al puto segundo me había pinchado con su daga! ¡Sin el elemento sorpresa somos dos ancianitas para él! Además, dudo que te disparo lo hubiera matado. Esa cosa no es humana.

Recuerda, es un mentalista.

No, es algo mucho peor. Tío, en mí vida he visto muchas cosas que no debería haber visto: locos, violadores, asesinos en serie, torturadores, suicidas, carniceros, senadores, e incluso mentalistas, y ese hijo de la gran puta se lleva la palma. Es un demonio.

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¿Y qué vamos a hacer?

Seguir corriendo y rezar porque las heridas le impidan alcanzarnos.

Ambos sabemos la verdad.

Sí.

En cualquier momento aparecerá de la niebla y se llevará a uno de nosotros. El otro no andará ni cien pasos más.

¿Y qué propones genio?

¡Corre, corre, corre!

¡Vamos!

¡No mires atrás!

¡Titán…!

¡Titán está muerto!

¿Sigue…

¿Vivo? Por tu culpa ¡anda y que te jodan!

Yo vi como le alcanzabas.

¿Y viste su puñal? El muy hijo de puta me lanzó un puñal a treinta metros al instante. ¡Joder! ¡Cabronazo! ¡Sólo faltaba tu disparo! ¡Si hubieras disparado estaría muerto!

¡Lo siento, joder! ¡Tuve miedo!

¡Ahora vas a tener muerte, cabrón!

Todo había sucedido muy rápido, demasiado rápido. El trigésimo séptimo comando de la Legión Mercenaria, apodado Zorro Negro. Marchaba por la Jungla en una operación conjunta de caza del Predador con el apoyo de otras unidades. Compuestas por comandos de diez hombres equipados con artillería pesada. Creían que el número de soldados, el apoyo conjunto y la superioridad de fuego, les permitiría abatir al Predador.

Estaban muy equivocados.

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La cacería se cobró su primera víctima antes del mediodía. Era monzón. Época de lluvias salvajes y continuas. La jungla se había transformado en una cascada de lluvia cubierta por un manto perpetuo de niebla, flotando por encima de la densa vegetación tropical. Los oficiales pensaban que el monzón haría visible el traje termo-óptico del Predador.

No sabían que él era invisible sin necesidad de camuflaje.

Muy pronto los comandos descubrieron que los rumores que circulaban por los barracones eran ciertos. El Predador era bien capaz de ocultarse con técnicas de infiltración primitivas y ligeras intervenciones mentales en sus presas. El monzón no había hecho más que beneficiarlo. Los soldados solicitaron retirarse y preparar un nuevo dispositivo operativo. Pero los oficiales se negaron.

Ahora sus manos estaban manchadas con su sangre.

En las profundidades del Mar Sangriento resonaba el eco lejano de un órgano. Las Sirenas Sangrientas. Vampiras creadas por la Magia Arcana. Mujeres hibridas desnudas: de piernas y brazos cubiertos por escamas negras con membranas, tronco y rostro humano de piel ámbar con alguna escama, ojos de iris vertical y larga cabellera azabache.

Nadaban hacia un Templo Submarino circular de piedra blanca terminado en una cúpula abierta, rodeado de altas columnas, partidas en su mayoría. Los bajorrelieves de su fachada, una mezcla de dibujos y runas relataban una historia incompleta, perdida en las paredes que habían sido víctimas del paso del tiempo y del olvido.

El eco del órgano aumentó en intensidad, introduciendo en los compases de la melodía épica hasta cuatro órganos más, que seguían la composición con una fuerza creciente. Un coro de voces femeninas se unió a la canción, entonando con un timbre agudo, rasgado y gutural cargado de poder, la primera estrofa:

Siglos de sueños al borde del Abismo

Cercanos a la Muerte esperando el Desafío

Que decidiría el Destino del Mundo

El Triunfo de la Sangre Arcana sobre la Ancestral

Las Sirenas Sangrientas penetraron en el interior del Templo Submarino por la cúpula abierta, y las cuatro entradas laterales, sin rozar sus escalones. En el centro de la sala principal, descansaba sobre una losa circular blanca; la única parte del templo sin bajorrelieves, el esqueleto momificado de un antiguo Rey Vampiro Oscuro. Reposaba boca arriba con los brazos cruzados sobre el pecho. El último resto de la vida que un día tuvo, era la cabellera blanca que flotaba en las aguas del mar de sangre no coagulada. Destacaba en él, la corona platino; una joya de cinco puntas afiladas, y una perla negra reluciente de gran tamaño, situada en el centro del pecho.

La sangre del mar conducía sonidos del mundo exterior: rayos y truenos estremecedores, vientos que amenazaban con arrancar montañas, gritos humanos desgarradores, e inhumanos aún más inquietantes, acompañados de pasos y más pasos. Las Legiones de Mundo Destierro caminaban hacia el campo de la Batalla Final.

La noche, sabía en sus sueños, anunciaba el desenlace de una historia que se perdía en el tiempo de los hombres, interpretando la mejor de sus piezas. Ambos jinetes cabalgaban envueltos en una profunda oscuridad, confiando en el instinto de sus animales, alumbrados a intervalos por los rayos que hendían la tierra con su atronador martillo, a la merced de una tormenta salvaje de nieve que arrojaba sobre ellos verdaderas olas desde los cielos, acompañadas por las rafagas de un viento capaz de arrancar el alma a un hombre. Resonando en su interior unas voces desgarradas que antaño fueron humanas.

El primer jinete huía de su destino, el segundo esperaba conocerlo al atraparlo a él. Escalaban la falda de la montaña sur, una mole escarpada de roca negra esculpida a viento y nieve en una época anterior a la llegada de los hombres. Ahora maldita por uno de ellos, un rey del que nadie pronunciaba su nombre por miedo a invocarlo en la noche. Soberano del horizonte visible desde lo alto de la atalaya del castillo, situado en la cima en la montaña norte. El lugar donde su propio hermano le apuñaló con el consentimiento de su familia. Seres corrompidos por la envidia que contemplaron en silencio sin advertirle de la hoja que penetró por su espalda hiriéndole de muerte. Moribundo, desencajado por el dolor de la amarga traición de aquellos que amaba. El Rey les maldijo por la vileza de sus corazones, poniendo a los dioses del viento por testigos, que los condenaba a permanecer por siempre en sus montañas, cercanos a él, donde pudiera castigarlos por su crimen noche tras noche.

Tras señalarles con el dedo con una mirada llena de rabia, como jamás le habían visto en vida, se arrojó al vacío susurrando la letanía de la maldición durante la caída. Cuando los guardias llegaron alertados por los gritos del rey a la atalaya “ha sido un accidente, ha sido un accidente” gimieron aterrados aún conmocionados sus familiares, cada vez más bajo ante sus miradas de reproche. Viendo como en silencio, paso a paso eran rodeados, hasta que sus cabezas rodaron por el suelo antes de ser arrojadas al vacío, prendiendo en llamas sus cuerpos. Los guardias abandonaron el castillo en busca del cuerpo de su majestad, al que dieron un entierro solemne en la tumba que le construyeron donde fue encontrado, rogando por su descanso. Antes de salir del reino juraron custodiar su reposo, impidiendo el paso a los extranjeros, velando por su sueño de generación en generación.

Jul
21

Historia de Mundo Destierro IV - El Colapso

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Los Desterrados, condenados a vivir y morir en Mundo Destierro, lucharon por reconstruir la Sociedad Imperial caída el día de la Evacuación. Se alimentaron de las piezas en buen estado de las ciudades y maquinas más dañadas, para reconstruir las que se habían salvado en mejores condiciones. Algunas grandes ciudades y asentamientos recuperaron la energía, volviendo a la vida anterior con fecha de caducidad.

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El Descubrimiento La Colonización La Evacuación

Sin los medios del Planeta Artificial era imposible mantener la conservación de su sociedad: las pilas de energía se agotaban, ciertos repuestos no podían ser fabricados, y faltaban materiales básicos para producirlos. Estaban condenados a caer en la barbarie en pocas generaciones.

El Culto de Los Soñadores murió con el abandono del Ser Sombra, evolucionando a diferentes religiones basadas en mitos antiguos del Éxodo, la historia del planeta madre, y los días de la evacuación. Buena parte de ellas decidían que el hombre debía abandonar la tecnología condenada que le había maldecido, y aceptar su situación actual desarrollando ciencias aplicables al presente.

Jul
15

Historia de Mundo Destierro III - La Evacuación

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La ambición por el conocimiento científico de la Civilización Inmortal quiso cruzar la última frontera: Las Torres Arcanas. La misteriosa voz masculina les había advertido desde el primer día: les daba permiso para vivir en el Mundo Glacial, y aprender de las ciencias perdidas, pero bajo ningún concepto podían penetrar en el corazón de las Torres Arcanas. No era lugar para los humanos.

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Agotados los descubrimientos posibles de las ruinas. Una generación de científicos y una sociedad de pronto acostumbrada a los saltos de gigante se vio estancada sin cambios a la vista, en términos de grandes cambios comprendidos en una vida humana. La idea de penetrar en el corazón de Las Torres Arcanas, averiguando los mayores secretos se fue haciendo más atractiva. La presión popular terminó por convencer al Emperador, que autorizó la investigación de la Torre Arcana Central del Mundo Glacial.

Desde el primer día de investigación los sueños se transformaron en una advertencia. La misteriosa voz masculina gutural les dijo que la desgracia caería sobre la humanidad, si la investigación de la Torre Arcana Central continuaba.