¡Bienvenido a Mundodisco, mi querido Aamon Den'Thalyr! Nos conocemos de las anteriores intrusiones mentales, soy Greicha, mago de nivel quince, envenenado por la gracia de la arpía de mi hija Liessa, y muerto desde hace tres meses. No hace falta que me saludes. Imagino que procediendo de un pueblo tan elegante como el tuyo, la visión del Tambor Roto debe ser cuanto menos inquietante. Un antro de paredes manchadas de humo, su suelo, mezcla de manchas de sangre y cucarachas anónimas, su cerveza amarga, que no se compra, sino que se alquila por un rato. Encantador desde el punto de vista de nuestro primer turista: Dosflores, aquel buen idiota que conversa con el mago de tercera Rincewind en la barra, que todavía no es consciente de las aventuras que vivirá al borde del disco, gracias a esta nueva amistad –Hizo una pequeña pausa y apuró la bebida que Broadman, el dueño del Tambor Roto, había servido a Hugh El Ciego-. Veo que sigues violento, mi aspecto de muerto no debe ayudar… en fin, son cosas que pasan, ocurre en las peores familias. Tampoco debe ser muy común el portal detrás de mí, que comunica las mazmorras del Reino de Wyrmbidder con este antro en el culo de Ankh-Morpock. Ya sé que en Mundo Destierro los portales son cosa de grandes Brujos y Hechiceros, aquí es algo un tanto devaluado; os llevamos unos cuantos siglos de ventaja, ya que vuestro creador no se había quitado el chupete de la boca cuando el nuestro escribió “
El color de la magia”. Aunque seguro que llega lejos. Ayer me estuvo comentando algo acerca de un tal
Falkenberg. Seguro que lo conoces. Quiere escribir no sé que libro acerca de un Mentalizador en Disolución… -Cuando la mirada de Aamon fulminó con rayos al viejo Greicha no literalmente, sino físicamente, se dio cuenta que de nuevo divagaba-. ¡Disculpa! Desde que estoy muerto he perdido el sentido del tiempo, veo presente, pasado y futuro a la vez; y me cuesta mantener una conversación líneal. He venido para ayudarte. Sabía que querías beber sangre de calidad, y sé cómo va a acabar tu petición a Broadman… con tus dientes en su garganta, y todos los Vigilantes de Anhk-Morporck en paro, exigiendo mejores condiciones laborales, al considerar más que injusto combatir contra ti. No es que a mucha gente le importe, de hecho sólo le importa a nuestro querido Patriarca, el hombre más democrático del mundo, conocido por su celebre frase: un hombre, un voto; un patriarca, yo, un voto, el mío. Estoy seguro que no desea despertarse mañana cosido a puñaladas por tu culpa. Así que pediré yo la sangre por ti. ¿Te parece? Sabía que te gustaría la idea.