Históricamente, en la industria de los videojuegos el móvil ha sido visto como una curiosidad, un "sistema" (si es que puede ser considerado tal) en el que podemos encontrar pequeños juegos para matar el tiempo. Si queríamos encontrar experiencias jugables decentes, debíamos ir a otros sistemas, como las consolas portátiles o las sobremesa, ya que el grado de variedad y complejidad de los juegos de móvil era bastante limitado.
Igualmente, nadie buscaría un negocio serio en el ámbito de los juegos de móviles. Nokia lo intentó con su N-Gage y posteriormente con N-Gage QD, dos dispositivos orientados al juego con buenas intenciones, pero mala ejecución final. Contaba en su catálogo con nombres interesantes, como Sonic N o Crash Team Racing, pero fallaba en algo fundamental de los juegos: el control, el cual era tosco y bastante impreciso, aunque hacía jugables los juegos. N-Gage fracasó, y potenció aún más el tópico de que en los móviles no se puede jugar en serio.