Empiezo el año 2013 en el blog, que resulta ser el de su quinto aniversario, que llegará en Marzo, diciendo que hay veces, como jugador, que siento envidia. Sí, un sentimiento considerado negativo, pero existente, al fin y al cabo, hacia esas generaciones de jugadores que vivieron en todo su esplendor las generaciones de los 8 y los 16 bits, que fueron capaces de disfrutar en sus televisores y sus mandos de los clásicos de las consolas de Sega y Nintendo que tan bonito duelo dieron en la juventud del videojuego. Cuando los juegos eran unos productos incomprendidos, mirados casi de reojo con cierto temor (las "maquinitas", los "nintendos"...tantos nombres) mientras que demostraban una y otra vez la creatividad de sus creadores.
Entonces, los videojuegos estaban mayoritariamente en los salones recreativos, en los que tú debías introducir una moneda en una máquina que solo te ofrecía un juego. Pero era más que eso. Era la oportunidad de ponerte a los mandos de luchadores callejeros, de aviones, de carpinteros rescatando princesas de manos de un mono. Pero, por encima de todo, suponían algo realmente desafiante para las personas que, cuando lo superaban, les hacía alzar el puño en señal de triunfo, habiendo demostrado que estaban por encima del reto que les han presentado. La naturaleza competitiva del ser humano.