Más de uno con el título sabe que estoy haciendo referencia a Lost Odyssey, la obra creada por Sakaguchi, alter-ego de toda la saga Final Fantasy hasta su décima entrega.
Compré el juego el pasado verano y no ha sido hasta esta semana pasada cuando he podido empezarlo -y terminarlo-; la cantidad de títulos que se han lanzado estas Navidades unidas a un curso un tanto, como diría, bastante MIERDA -sin eufemismos-, han hecho que este RPG se quedase en mi estantería junto a otros juegos. No obstante, una vez puesto en mi querida Elite, el juego ha cumplido mis previsiones.
Estaba ante un RPG de la Vieja Escuela y no las nuevas mariconadas que se inventan donde el luchador se puede mover por el escenario, ver a los enemigos, etcétera. Sí, lo siento, soy conservador en los RPG, no me atraen los nuevos sistemas de combates de los juegos de rol. He sido, y seré siempre, esa persona que le encanta dar vueltas por el mapa hasta que se pone la pantalla borrosa y sueña diciendo: “que sea un Cactilio o un Limo metálico por favor“. A mí me va más ese estilo: fundido de pantalla y que sea lo que la CPU quiera, seguido de un combate por turnos -aquí ya soy más ‘progre’ y admito todo tipo de cambios, es más, me gusta el modelo del Final Fantasy XIII por ejemplo-.


De momento las breves impresiones que me han causado no pueden ser más positivas. Seguiremos informando...
Ayer ya jugué algo Halo 3 y Gears of War. Los dos lucen magníficos conectada la 360 por componentes a la Sony Bravia.