Sol, sudor, ruido, musica, golpes, cerveza, gritos... emoción, decepción, alegría, mareos, resaca,... Un festival son muchas cosas que se pueden tratar de explicar con palabras, pero cuando vives dos días de rock al límite sabes que serán palabras vacías para los que no hayan estado allí.
Bienvenidos a esta crónica de como viví dos días de puro metal, rock duro y alcohol. Como ya dije en mi anterior relato sobre el Electric Festival de Getafe, esta no es sino una exposición de cómo lo viví yo, de una forma subjetiva, puesto que en un festival pasan tantas cosas que cada uno lo vive a su manera.
Atreveos a cruzar conmigo estas puertas
Tras preparar nuestra acampada el día anterior y conociendo la cola que se forma para subir en los autobuses fletados por la organización al monte Kobetas (dependiendo de la hora igual te toca esperar hasta casi dos horas), quedamos unos cuantos para subir antes de comer en Taxi.