El poder de la imagen lo es todo. Vivimos en una sociedad totalmente superflua y donde lo exterior prevalece sobre lo interior. Esta máxima es aplicada a todos los aspectos de nuestra vida, y no sólo la imagen de una persona (su vestimenta, peinado, cara, etc.) sino también a cada producto que adquirimos o vamos a adquirir.
Vosotros vais a una librería y si no vais a tiro hecho, es decir, con un libro fijado para comprar, entraréis y observaréis las portadas de los libros expuestos. Si éstas son bonitas, atractivas, que tiene un gran impacto visual (CIV: Centro de Impacto Visual se llama dentro del mundo de la comunicación) muy posiblemente lo cogeréis de la estantería, que ya es el primer paso. Una vez hecho esto, leeréis la sinopsis del libro y, si cumple las expectativas, lo compraréis. Habéis adquirido otro libro que no teníais pensado por su portada en un primer momento.
Sí, esto pasa diariamente. El otro día en el FNAC mi madre compró un libro de ciencia -qué raro (ironía)- por la portada en un primer momento. Pero los libros no son lo único en esta vida: películas, discos de música, productos de tecnología y, por supuesto, videojuegos.
