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Unos lo llaman el destino, otros prefieren darle nombres como el de "Dios", "Alá" o derivados, pero yo personalmente prefiero llamarlo "Karma". Lo que quiero decir y a lo que quiero llegar exactamente, es que cuando te dedicas a hacer el capullo por ahí a la gente, entonces el Karma te devolverá el capullismo de la misma manera para que así espabiles un rato.
Normal, es que vaya broma. Me decís que un susto y tal, pues vale, pero... Es que la leche que le han dado (¡dos veces!) con ese pedazo de balón tiene pinta de haber dolido bastante. Pero bueno, gracias a nuestro querido Karma se ha hecho justicia divina.