Para muchos aficionados a los antiguos videojuegos que nos amenizaron
los 80, la salida del libro “Spectrum” de Azpiri ha supuesto todo un
regalo inesperado. La recopilación de las carátulas que Azpiri pintó
para Dinamic o Topo Soft supone uno de los legados artísticos más
importantes que nos ha dejado el mundo del videojuego en este país, para
que luego digan que este sector no aporta nada culturalmente.
Es momento para hacer una pequeña reflexión de lo que suponen las
carátulas en el mundo videojueguil. Hace 30 años es obvio decir que
gráficamente los juegos no ofrecían un particular realismo: los sprites
eran un amasijo elemental de pixels y era el jugador el que aportaba su
imaginación a la hora de interpretarlos. Pero eso formaba parte del
encanto, y era trabajo del programador, ofrecer una síntesis atractiva
que incitara de manera adecuada esa sugestión. En este contexto, la
carátula del juego tenía un papel determinante.
En las máquinas recreativas de finales de los 70 y 80 la “carátula”
era la cabina. Las ilustraciones que nos introducían a “Asteroids” o
“Centipede” eran muy potentes y con un grafismo muy reconocible. Tras la
salida de la consola Atari 2600, pocos éramos los que no reconocíamos
el “toque Atari” en los diseños, más acentuado si cabe con las
ilustraciones de Activision (Pitfall y compañía) y sus “insignias” que
fueron motivo de colección entre los aficionados.