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Santa virgen del retraso mental. A esta conclusión he llegado al completar Die Hard: Vendetta. Y eso que al principio prometía porque parecía ser simplemente un juego malillo pero conservando el humor chusquero y los one-liners de Ramón Langa interpretando a Bruce Willis interpretando a John McClane interpretando al tío indicado en el lugar y el momento menos adecuados en cualquiera de las películas de La Jungla... pero es que, ni eso. Vendetta es malo con avaricia. De hecho, me pregunto si esa tagline, "venganza" en italiano, no será algún tipo de pullita dirigida hacia los incautos compradores de este esperpento hecho videojuego.
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KILL ME PLEASE, I DON'T WANT TO LIVE INSIDE THIS VIDEOGAME ANYMORE
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Y lo cierto es que desde el principio, todo me olía a chamusquina. Estamos ante un videojuego que fue exclusivo de forma temporal de Nintendo GameCube durante casi un año, hasta que dio el salto a PlayStation 2 y Xbox. Llevo en esto de los jueguicos desde que tengo uso de razón, y en la puta vida había visto una operación similar con el cubo de Nintendo. Cosas así no hacían presagiar nada bueno... y mi sentido cacánido no se equivocaba.
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