Uno de los momentos más importantes en la historia del videojuego como industria es la aparición del concepto third party tan común ahora mismo e imprescindible para garantizar la competitividad y calidad de los videojuegos como producto comercial. En 1982 un grupo de cuatro programadores de Atari se escinden y deciden incorporarse a la empresa Activision. Para que penséis acerca de este hecho: Atari en ese momento arrasa en ventas con su 2600 obteniendo beneficios astronómicos a costa de sus programadores en plantilla, que no reciben royalties. Los programadores escindidos eran los autores de los juegos de Atari más rentables, que proporcionaban a la compañía la mitad de sus beneficios: os podéis imaginar la magnitud del órdago.
Para más desgracia para Atari (relativa, claro está) los juegos de Activision se convirtieron poco menos que en leyenda, y uno de ellos en particular, el PITFALL (obra de David Crane) alcanzó los cuatro millones de copias vendidas. Esto, para la época, es poco menos que una animalada, suficiente para retirar a más de uno a una isla paradisíaca.

Los videojuegos son hoy en día una
negocio que mueve a masas y millones dolares en todo el mundo, una
parte importante de nuestra sociedad que ha influenciado a múltiples
generaciones de jugadores tanto como lo hicieron en el pasado otros
medios, como son el cine o la televisión. Ha extendido sus redes
hasta ser parte importante del hardware y software multimedia y hoy
todo el mundo considera imposible que la tecnología audiovisual de
otros productos, como ordenadores o teléfonos mobiles, pudiera haber
llegado tan lejos sin la evolución de los propios videojuegos.