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Capítulo III:
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Capítulo II
Cuando me di cuenta de que era un prisionero, una especie de sensación salvaje se apoderó de mí. Corrí arriba y abajo por las escaleras, pulsando cada puerta y mirando a través de cada ventana que encontraba; pero después de un rato la convicción de mi impotencia se sobrepuso a todos mis otros sentimientos. Ahora, después de unas horas, cuando pienso en ello me imagino que debo haber estado loco, pues me comporté muy semejante a una rata cogida en una trampa. Sin embargo, cuando tuve la convicción de que era impotente, me senté tranquilamente, tan tranquilamente como jamás lo he hecho en mi vida, y comencé a pensar que era lo mejor que podía hacer. De una cosa sí estoy seguro: que no tiene sentido dar a conocer mis ideas al conde. Él sabe perfectamente que estoy atrapado; y como él mismo es quien lo ha hecho, e indudablemente tiene sus motivos para ello, si le confieso completamente mi situación sólo tratará de engañarme.
Capítulo III: Bailando con la Muerte:
Capítulo I: Cinco minutos para salvar al mundo
Enardel continuó los saltos al vacío entre coches voladores, bajando los distintos niveles de las aeropistas de la gran ciudad, sin despistar a los helicópteros equipados con sistemas de visión térmica que descubrían su invisibilidad.
Ante la cercanía de sus perseguidores se detuvo en el techo de un coche volador, anuló la invisibilidad y se volvió para observar a la escuadra en “V” de helicópteros tras de él. Extendió sus brazos en forma de cruz y les dedicó una sonrisa.
Capítulo II: Del diario de Jonathan Jarker
Capítulo I: Del diario de Jonathan Jarker5 de mayo. Debo haber estado dormido, pues es seguro que si hubiese estado plenamente despierto habría notado que nos acercábamos a tan extraordinario lugar. En la oscuridad, el patio parecía ser de considerable tamaño, y como de él partían varios corredores negros de grandes arcos redondos, quizá parecía ser más grande de lo que era en realidad. Todavía no he tenido la oportunidad de verlo a la luz del día.
La cantante seguía cantando con tal confianza que el publico no perdió la esperanza, al contrario, coreaban ánimos para el Singer, quién para sorpresa de los motoristas, sin soltar el manillar con la mano izquierda, desenfundó un revolver. Un anacronismo de un arcaico pasado en el que las armas eran de munición sólida, que hizo esbozar una sonrisa de burla en los rostros de los motoristas, craso error.
Enardel disparó a la cabeza del motorista más cercano. Su escudo de energía parpadeo deteniendo la bala, pero fue incapaz de amortiguar la fuerza del disparo de un revolver de semejante calibre, que arrojó al motorista contra el asfalto, donde sin llegar a detenerse fue atropellado por un coche.
Cinco disparos después el tráfico de la vía se detuvo, debido a la colisión múltiple que produjeron seis motos caídas alrededor de cadáveres aplastados. El líder de los motoristas saltó por encima de los vehículos accidentados, espada de energía en mano, directo hacia Enardel con la locura dibujada en su rostro. Enardel enfundó el revolver y le hizo un gesto retándolo a alcanzarlo.
Relatos extraordinarios tiene el honor de presentaros "Drácula", la obra maestra de Bram Stoker, una de las novelas más importantes e influyentes de la literatura mundial. Acompañada de un trailer en español de la adaptación al cine de Francis Ford Coppola.
Que disfrutéis de una de las mejores novelas que he leído en mi vida, una obra trepidante llena de: suspense, terror, misterio, amor, intriga y vampiros…
Capítulo I: Del diario de Jonathan Harker.
Bistritz, 3 de mayo. Salí de Münich a las 8:35 de la noche del primero de mayo, llegué a Viena a la mañana siguiente, temprano; debí haber llegado a las seis cuarenta y seis; el tren llevaba una hora de retraso. Budapest parece un lugar maravilloso, a juzgar por lo poco que pude ver de ella desde el tren y por la pequeña caminata que di por sus calles. Temí alejarme mucho de la estación, ya que, como habíamos llegado tarde, saldríamos lo más cerca posible de la hora fijada. La impresión que tuve fue que estábamos saliendo del oeste y entrando al este. Por el más occidental de los espléndidos puentes sobre el Danubio, que aquí es de gran anchura y profundidad, llegamos a los lugares en otro tiempo sujetos al dominio de los turcos.
Han pasado diez años desde que “El Barón Negro” abandono la Marina Galáctica. Convertido en el rebelde más perseguido por el Imperio. Una leyenda que viaja de planeta en planeta luchando contra la opresión, cantando la verdad en sus conciertos, dispuesto a luchar hasta la última gota de sangre por los indefensos.
Su destino es encontrarse con el hombre que ordenó el asesinato de su familia. Y ese momento ha llegado...
Un hombre de tormentoso pasado, el mejor piloto de caza estelar del decadente Imperio Galáctico, emprende la aventura definitiva por: sus ideales, venganza, un amor imposible, amistad y lealtad. Viviendo la determinación de vengar a los suyos, recuerdos tortuosos, luchas de espada contra armas de láser, pruebas de amistad y amor increbantable, combates contra marines espaciales, saltos al espacio profundo sin traje, robo de cazas, viajes al interior de una Tormenta Solar, explosiones nucleares, y un combate final caza frente a caza entre dos hombres que se odían más alla de la vida y de la muerte... ¿te lo vas a perder?
Sonaban mil alarmas, decenas de luces indicaban daños, se ahogaba, el blindaje exterior se consumía y el escudo perdía fuerza, sin que llegara a ver el fin de la Tormenta Solar.
En el puente de mando del crucero todo regresaba a la normalidad. La Tormenta Solar apenas había causado daños menores, aunque nadie hablaba. Todos pensaban silenciosamente en Enardel. Lilith daba instrucciones para continuar el vuelo hacía la nave de transporte, ordenaba a las escuadras volver a salir para patrullar la ruta de viaje y supervisaba todo, sin que pudiera evitar revisar constantemente las lecturas de los sensores en busca de la nave de Enardel, al igual que todos en el puente de mando. Los minutos se sucedieron en una angustia terrible, hasta que el oficial de sensores estrategicos se pusó en pie sobresaltado.
- ¡Es él, ha sobrevivido¡ - El griterío se adueño del puente de mando por unos instantes, pero el semblante serio del oficial de sensores hizo temer lo peor-. Oh dios mío, casi ha llegado a la nave de transporte. Llega por detrás en rumbo de intercepción. Tiempo estimado: 30 segundos.
Lilith llamo de inmediato al comandante de la nave de transporte.
- El piloto desertor está a punto de atacarlos por detrás – La hostilidad en los labios del comandante cambió radicalmente, para sonreir igual de divertido que cuando se río de Enardel en el prado-. Tiene dos torpedos nucleares y no podemos detenerlo.
- Yo lo haré… - Le cortó la comunicación con una mueca en su sonrisa.
Mientras el hombre que amaba se alejaba hacia la muerte, ríos de lágrimas traicionaron el rostro indiferente de Lilith. En lo más profundo de su corazón, supo que jamás volvería a verlo con vida.
Tras limpiarse las lágrimas y recuperar la compostura, con un nudo en el estomago, Lilith llamó al comandante de la nave de transporte. El verdugo no tardó en aparecer holográficamente frente a ella, con un gesto frío y enojado. Esperó a que ella hablara.
- Tenemos un problema – Dijo Lilith mirándole a sus ojos negros con firmeza, resistiendo el asco y odio que le daban-. Uno de mis pilotos ha perdido razón, ha desertado y se dirige hacía su nave para atacarla.
En el espacio, el escudo del traje se activó a escasos centímetros de su piel. El frío era mortal y apenas había una bocanada de oxígeno en la burbuja del escudo. Apuntó hacia el planeta con el revolver, efectuó un primer disparo que redujo su impulso hacía él, un segundo que le detuvo y finalmente un tercero que le volvió a acercar a la cubierta del crucero estelar. Sintió las drogas del traje correr por sus venas, tratando de darle una vida que se le escapaba.
Temblando efectuó el cuarto disparo, para impulsarle hacía la salida de un hangar secundario a un lado del crucero, el suyo. Durante el trayecto su cuerpo se convulsiono en una agonía de dolor previó a la congelación y al ahogamiento. Disparó por quinta y última vez sin saber realmente hacía dónde iba, hasta que se estrelló contra el suelo del hangar, una vez la gravedad del crucero le atrapó.
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