28 de Mayo de 2017

Archivo para Marzo de 2017 en El Templo Del Tiempo, blog de Rinku 95

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[Crítica] The Legend of Zelda: Breath of the Wild

Era junio del año 2003. Mi hermano vino tras pasar un tiempo fuera y trajo consigo varias cosas bajo el brazo. Una de ellas era un videojuego, The legend of Zelda: The wind waker. Días después, en una noche de verano, recuerdo que mi hermano se encontraba en la zona final del juego. Link, tras haber devuelto el poder a la espada maestra gracias a los sacerdotes de los templos, rompía un extraño muro mágico y salía fuera del castillo, rumbo a acabar con Ganon. Durante ese trayecto, entre el castillo y la zona del final, aprecié algo. Un Hyrule inmenso y sumergido bajo el mar. Le pregunté a mi hermano si se podía explorar toda esa zona, y luego lo intenté yo días más tarde en mi partida. No, no se podía. Ese Hyrule inmenso y colorido no era más que pura decoración. Desde entonces siempre me quedé con esa espina clavada, con las ganas de explorar un Hyrule de la forma que ofrecía el mar de The wind waker, pero este nunca llegó. Salió Twlight princess, y su mundo volvía al planteamiento de Ocarina of time y Majora's mask. Salió Skyward sword, y su mundo no era más que una mazmorra al aire libre. Mientras tanto, hubieron muchos otros juegos que posteriormente satisfacieron mis ganas de explorar libremente un mundo, como los juegos de Bethesda o The Witcher 3. Sin embargo, a pesar de lo buenos o malos que pudiesen ser esos mundos, no era lo que buscaba. La interacción con dichos mundos no pasaba más de ser una búsqueda y seguimiento constante de marcadores en un mapa. Ninguno generaba en mi esa sensación de estar explorando de verdad un mundo. Entre tanto, surgió un nuevo juego en desarrollo. Un nuevo Zelda, el cual abrazaría el concepto de open-world y que volvería a los orígenes de la leyenda, trastocando muchas bases que las secuelas plantearían en un futuro. Breath of the wild sería su nombre, anunciado muchísimo tiempo después con respecto al primer teaser del juego. El aliento de lo salvaje. Qué nombre tan idóneo.