10 de Febrero de 2012

Archivo para Octubre de 2009 en Tengo los glúteos más duros de toda la costa oeste, blog de Juanjico Lawless


Una historia mil veces vista, por todos conocida, desde el tamiz que es la mente de Terry Gilliam, supone una gran historia. A mí al menos me lo parece. Director de películas bastante diferentes entre si en cuanto temática, pero siempre con ese mundo interior propio tan bien plasmado. Admirado por quien aquí escribe desde bien crío por aquella maravilla conocida como Las aventuras del barón Münchausen (que claro, hasta que no me convertí en un cinéfilo autosuficiente, no supe ni de quien era ni nada de nada) poco a poco fui descubriendo a un gran director con obras maravillosas. Es cierto que tiene alguna cosa más bien normalita y otras que rozan la mediocridad, pero desde luego, sus buenas películas son impresionantes. Bastante superiores a la media.
Resumiéndolo mucho, esta entrada es ese lugar donde poco a poco (es una entrada que irá aumentando en tamaño con el tiempo) va a quedar plasmado lo que pretendo de este blog y que en un momento dado puede suponer alguna desavenencia en cuanto a la forma de mis textos. Está claro que lo que escribo no pretendo que sea una realidad tajante. Es más, admito, asumo y deseo que sea así, que cada cosa aquí escrita es una opinión. Por eso, aquí va a quedar plasmado, a modo de Preguntas Frecuentes, algunas situaciones que pueden darse y lo que con ello pretendo. Así, tan solo con remitir aquí, será más que suficiente. Confío en que nadie se de por aludido porque esto no va por nadie: son cuestiones que van surgiendo o que creo que pueden surgir, y prefiero que desde el principio no haya malentendidos.

Llevaba haciendo películas sobre la segunda guerra mundial desde que todavía estaba en activo la segunda guerra mundial. Rosellini, con la huevada bien puesta se pone a observar a su alrededor, y se decide a plasmar con tanta dureza como pueda lo que para el es el día a día y los terribles acontecimientos que acaban de acaecer, de la forma tan objetiva (dentro de los límites que la misma palabra plantea) como es posible, pero haciendo de ciertos individuos, la personalización de todo un colectivo, de toda una ciudad… de toda una nación. Con este planteamiento, al fin, en el mismo año 1945, año del fin de la contienda, filma Roma, ciudad abierta, donde narra la vida de los italianos desde la visión de la gente que vive en un barrio destruido y pobre que tiene a la Gestapo pisándole los talones porque entre ellos, hay un traidor. En esta ocasión, en Alemania, año cero, lo que tenemos es una situación en la que la guerra ya ha acabado y toda Europa necesita volver a ponerse en pie porque está en completas ruinas.

Sin pretender que sea una verdad universal, si es cierto que el dicho aquel que reza que las segundas partes nunca fueron buenas tiene un trecho largo de verdad de la buena. Cuando las sagas, con sus secuelas (eso que ahora llaman franquicias como si Star Wars fuera filial de Telepizza) empiezan a acumular números detrás, normalmente, a mayor número, menor calidad. Es algo habitual. Una pena que así sea, pero es lo normal. También es verdad que no es tampoco algo cierto todas las veces: hay sagas que tienen altibajos, loopings y pichorradas varias, como el Dragón Kahn. En Arma letal, lo que pasa es poco más o menos esto; empiezas muy arriba, vas bajando, te hundes en un abismo brutal y de pronto resurges. La gran ventaja de esto es que después de la gran decepción (el batacazo de la tercera), dejas que todo termine con un buen sabor de boca.

A finales de los años cuarenta Europa intenta recomponerse, y aunque Suecia no es ni de lejos parte del grupo de naciones europeas que salieron malparadas (más allá de su mucha o poca intervención en el conflicto), está metida en la recesión mundial que aquello supuso. Son tiempos difíciles y todos tenían que apechugar para ganarse el pan. Los ciudadanos, que aprendieron a ser felices con lo que tenían, luchaban contra corriente para levantarse (como conjunto) para volver a ser lo que eran: un puñado de países gustosos de mirarse el ombliguillo. Entre que eso pasa y no, pues a pelear por vivir tan bien como sea posible, tan rápido como sea posible.
Oct
23

Ghost in the shell >>> Aquellos cyborgs que bebían San Miguel

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No soy demasiado amigo del cine de animación en general. Vamos, que ni me gusta ni me disgusta. Si por alguna de aquellas se cruzan nuestros caminos pues bien, pero si no, pues también bien. Y la animación japonesa pues como que me da un poco igual. No me parece técnicamente mejor ni nada por el estilo. Aún así, no voy a poner en duda que hay maravillas dentro del cine de animación en general, y del anime japonés en particular, hasta tal punto que la mayoría de aquellas a las que podría llamar mis películas favoritas de animación, son en su mayoría japonesas, aunque también debo decir que la culpa de eso la tiene ese maestro de la animación que es Hayao Miyazaki y esos geniales cierres que tiene la serie de anime Evangelion.

Me encantan los musicales. No lo puedo evitar: Eso de que de pronto en medio de una avenida abarrotada de gente, todo el mundo, a la vez, conozca una coreografía que baila alrededor de un completo desconocido que le canta al amor, lo siento si parece una cosa ñoña, pero me puede. Que claro, es algo que se piensa en frío y es estúpido, pero visto dentro del cine, de la magia del cine, es (o suele ser) bello. Tampoco tengo demasiadas razones para alabar un género como éste, pero ya veis; aquí un machote hecho y derecho, tenso porque quiere saber si Totó conseguirá salir de Oz, o si Chayanne o Fred Astaire se llevarán a la chica, o incluso para saber quien es más maligna, si Sharpay o el Dr. Frank-n-Furter. Además, de todos es sabido que cuando las series degenran lo suficiente como para que se conviertan en grandes series, tienen capítulos musicales. Véanse, por ejemplo, Buffy o Xena.

Una apreciación inicial: Aunque lo parezca, no me gusta todo el cine que veo. Esto va por rachas, y aunque preferiría que cada cosa que veo fuese una gran película, desgraciadamente no es así. De una manera puramente casual, las películas que han ido apareciendo en Tengo los glúteos más duros de la costa oeste hasta el momento, han sido películas que en mayor o menor medida me han resultado, como mínimo, agradables, pero vamos, que no soy precisamente conformista, citándome a mi mismo (y pecando de pedante por ello), me considero, a grandes rasgos, un tipo 4. Con muchos matices, pero vamos, que me cuesta opinar realmente bien de una película. Eso no quita para que de un tiempo a esta parte (Un tiempo razonablemente amplio), y para regocijo de mi bagaje cinéfilo haya visto muchas y variadas joyas del cine. Por algo soy suficientemente novato en esto como para que me falten por ver muchas de las consideradas obras de imprescindible visionado y muchísimas más de las que no son tenidas en cuenta como tales, pero que para un servidor, quizá acaben siendo obras maestras.
Oct
18

La ola >>> Grabé tu nombre en mi barca, me hice por ti marinero…

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Cada vez me gusta más el cine alemán. Es más, cada vez me gusta más el cine alemán contemporáneo. Incluso añadiría algo más, cada vez me gusta más el cine alemán contemporáneo basado en hechos reales. A mi entender son unos maestros en coger historias razonablemente pasadas y que ocurrieron más o menos lejos, extrapolarlo a la Alemania moderna y exagerarlo sacando los pies del tiesto hasta cotas insospechadas. El resultado es maravilloso. Molan, y no lo pueden evitar. Asín son ellos.

La ola es la historia de un instituto, donde un profesor con ideas atípicas, se propone hacer entender a sus alumnos como es el funcionamiento de una autocracia a base de cuestiones prácticas: Poca teoría, mucha práctica, y así, ir viendo como se forman estos tipos de gobiernos. Lo normal de un instituto. ¿Y que pasa? Pues que esto va afectando a todos los alumnos de esa clase en mayor o menor medida, cada uno a su forma y siempre en función de sus propios pensamientos e ideales.

Oct
17

La noche del cazador >>> Un predicador trastornado anda suelto

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Un poco de cine clásico no hace daño, y después de todas las entradas que llevo dedicadas a películas modernas, ya era hora de entrase a este blog un poco de cine clásico. Que conste que si no ha llegado antes un momento así es por pura casualidad, porque tengo temporadas en las que veo mucho más cine más bien viejuno que nuevuno, y la única razón para ello es que las películas las veo en estricto orden de consecución: La que antes consigo, antes veo. Y aunque cada norma tiene sus excepciones, como ver estrenos o ver películas estando acompañado, se puede decir que es lo habitual.