Me encantan los musicales. No lo puedo evitar: Eso de que de pronto en medio de una avenida abarrotada de gente, todo el mundo, a la vez, conozca una coreografía que baila alrededor de un completo desconocido que le canta al amor, lo siento si parece una cosa ñoña, pero me puede. Que claro, es algo que se piensa en frío y es estúpido, pero visto dentro del cine, de la magia del cine, es (o suele ser) bello. Tampoco tengo demasiadas razones para alabar un género como éste, pero ya veis; aquí un machote hecho y derecho, tenso porque quiere saber si Totó conseguirá salir de Oz, o si Chayanne o Fred Astaire se llevarán a la chica, o incluso para saber quien es más maligna, si Sharpay o el Dr. Frank-n-Furter. Además, de todos es sabido que cuando las series degenran lo suficiente como para que se conviertan en grandes series, tienen capítulos musicales. Véanse, por ejemplo, Buffy o Xena.