Resident Evil: The Mercenaries 3D es un producto que ofrece todo lo que se esperaba de él: partidas rápidas y acción frenética a partes iguales.
Todos recordamos como hace quince años en plena época de los 32 bits, una compañía de renombre en el mundo de las máquinas recreativas como Capcom nos mostraba un título que marcaría las pautas del survival horror -con permiso de Silent Hill- en nuestras consolas domésticas durante los años posteriores: Resident Evil. Dicho juego no sólo innovó mecánicas de juego poco vista hasta entonces, sino que sentó las pautas que convertirían a Resident Evil en un auténtico fenómeno dentro del género, todo bajo la batuta del director Shinji Mikami, alma máter de la franquicia.
Este éxito permitió el desarrollo de juegos posteriores, todos siguiendo conceptos ya empleados desde la primera entrega, tales como la cámara fija, la vista en tercera persona o la resolución de puzles, un conjunto necesario para crear la atmósfera tensa de Resident Evil. Con Resident Evil 2 se confirmó el éxito de la saga, mientras que la crítica lo alababa y con el tiempo pasaría a convertirse para muchos en el mejor de la franquicia. Tanto éxito hizo plantear una tercera entrega, Resident Evil 3, la cual incorporó algunas novedades e innovó con algo desconocido hasta entonces y que sería un habitual en las siguientes entregas numeradas de la saga, el modo Mercenarios. ¿De qué trata dicho modo?

