23 de Agosto de 2017

Archivo para Diciembre de 2009 en La Ciudad Olvidada, blog de Zerael


Siempre había oído los rumores. Como cualquier habitante de las Ciudades Paragíneas, conocía las leyendas sobre Inoa, la última ciudad de los elfos. Los gobiernos no deben preocuparse de las habladurías; las historias de viejas aburridas y aventureros perturbados sólo son anomalías que deben combatirse con los medios pasivos oportunos. Así pues, que en Inoa desaparecía la gente no era exactamente una noticia nueva… hasta que, por supuesto, muchos de nuestros comerciantes y diplomáticos empezaron a desvanecerse. El gobierno, e incluso la corona, exigieron que el consejo tomara cartas en el asunto.

No me gusta pasar tanto tiempo sin actualizar La Ciudad. Un blog sin novedades es como una persona fría y taciturna: un objeto risible. O un truncado intento de potencialidad del ser (nótese que voy por la segunda línea y ya estoy tirando de la verborrea; podéis haceros una idea de la falta de contenido de esta entrada).


Hay pocas cosas comparables con la experiencia que una buena aventura gráfica puede proporcionar. Cuando un videojuego de este tipo consigue atraparte, la sensación es parecida a la de estar asistiendo a una gran película. Muchos me diréis que lo que acabo de decir es aplicable a la mayoría de videojuegos… y no os faltará razón. Mi intención es más bien señalar que, determinados tipos de aventuras gráficas –aquellas que se preocupan por tejer una buena historia–, podrían catalogarse perfectamente de películas interactivas. O de libros interactivos, ya puestos. Cuando narración y jugabilidad se equilibran, el resultado es inevitablemente memorable.

Dic
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Harmony - La cruzada de las chicas guerreras


Lo reconozco, soy un amante incondicional del Doom. Lo he dicho en más de una ocasión, y no me cansaré de repetirlo; si el autor de este mal intento de blog es un videojugador consumado, es gracias a las aventuras del marine más chulo de Phobos. Ya había tenido algunos roces con el mundillo, pero nada que pudiera compararse a la perra que me dio con el infierno pixelado de ID.