7 de la mañana. Diego se despertó y se empezó a mover por su
cuna y a llorar. Ana esa noche había podido descansar y se despertó
con mejor humor a pesar de que su hijo la despertara. Cogió al
pequeño en brazos y lo intentó tranquilizar. Mientras Ana se
paseaba con su hijo en brazos pensaba que tal vez él era lo mejor
que le había pasado en su matrimonio. Era cierto que el inicio de la
relación con su marido fue inolvidable pero desgraciadamente la
situación que tenía en ese momento la hacía entristecer y pensar
si realmente se había equivocado de persona o si el problema lo
tenía ella. Tenía demasiados fracasos sentimentales a sus espaldas
y le hacía replantearse si tenía que cambiar o simplemente no había
encontrado el hombre de su vida. Diez minutos después de que Ana
cargara con su hijo, Diego se calmó y volvió a dormirse. Ana le
dejó en su cuna y se dirigió a la cocina. Ya no tenía sueño y
prefería aprovechar la mañana para limpiar y recoger un poco la
casa. Con los ojos aún entrecerrados y algo dormida se duchó. Salió
como nueva y con ganas de empezar a hacer cosas. Se preparó un café
con leche y mientras se lo calentaba empezó a limpiar la cocina.
Había estado demasiados días preocupada por otras cosas y la casa
la tenía muy desorganizada. Se mentalizó de que le tocaría limpiar
todo el día y así lo hizo. Empezó por la cocina, siguió por el
salón, baño, jardín y por último su habitación. Eran las once de
la mañana y Diego seguía durmiendo. Ana sin hacer mucho ruido