El programa ha terminado. Adela se quita los auriculares y felicita a los del equipo técnico tras un programa donde se ha hablado del alza espectacular en la venta de consoladores y contado con un debate sobre la prostitución que ha sido de lo más candente. Además, las cartas que ha tenido que leer eran de lo más llamativas: fetichismo de los pies, monjas que han visto la luz con el sexo, o voyeurs del siglo 21 han sido las cartas que más la han sorprendido.
Después de apagar las luces del estudio, y de despedirse de los encargados de sonido, la locutora del programa de radio más excitante a nivel local se dirige a su coche, un Opel Astra con la pintrua amarilla algo desgastada, hasta que suena el teléfono. Para su sorpresa, es su hermana María la que la llama:
-¿María?
-Hola, hermana. ¿Te pillo en mal momento?
-Estoy saliendo de la emisora. ¿Ocurre algo?
-No, nada, salvo que estoy algo ardiente.
-¿No tienes a alguno de tus ligues para aliviarte los ardores?
-No, pero me puse a escuchar tu programa. Nunca lo había oido, pero empecé a escucharlo. Me encantan las cartas que te escriben.
-Son de gente que cuenta lo que sienten haciendo lo que hacen.