Lo tenían todo preparado: sacos de dormir, comida para una semana, cuerdas para amarrar la tienda de campaña... y vibradores para pasar buenos ratos por las noches, con la compañía de la naturaleza como testiga de su lésbico amor.
Sin embargo, Legevejo y Ebibeli son despertadas en la noche por dos tipos de aspecto sucio, con ropas raidas y algo corpulentos. Uno de ellos, con un cuchillo de mango plateado, amenaza a Ebibeli:
-Si queréis vivir, decidnos donde guardáis la comida.
La muchacha de cabellos azulados señala una de las dos mochilas, a la cual va el del cuchillo a examinarla. El otro tiene en silencio a Legevejo, con cuchillo similar en el cuello de la pelirroja. Ropas, cuerdas... y en lugar de comida, encuentra algo grande, de plastico y de color rosaceo. Al verlo, el que tiene a Legevejo le avisa de lo encontrado:
-Vaya con la comida. Se ve que éstas chicas son tan calientes que prefieren el campo a la ciudad.
Las mejillas de ambas chicas se tornan rojizas, y el otro sigue buscando hasta que encuentra algo de comer. Parte algo de pan por la mitad para entregarle a su compañero una, mientras él se come la otra.
-Ahora tenéis comida. Marcháos y dejadnos tranqulas.