Pasan seis minutos de las cuatro de la tarde, y Adela terminaba de conversar con una amiga suya, Amaia, con la que mantenía una amigable comida, que la entrega una carta que la había pasado alguien cercano a ella para que Adela la leyera en el programa. El sobre, blanco con una pegatina roja circular, similar a las lacras con las que se cerraban los sobres antiguamente, encuentra hueco en el bolso de la locutora.
Despues de llegar a casa, mirar el correo para tirar la propaganda que se acumula, y recoger un poco el sitio, Adela acude al estudio donde presenta el programa al que mucha gente, la mayoría mujeres, escribe con pseudónimo para evitar ser identificadas por la calle o vecindario. La locutora saca del bolso la carta, y se dispone a leerla antes de empezar el programa, quedándose sorprendida ante la historia leida. Adela muestra la carta al equipo, que también se quedan sorprendidos ante lo que leén.
-Esto es mejor no leerlo, nos llamarían de todo.
-Podríamos hacer un aviso previo, como cuando Adela leyó la aquella mujer a la que violaron en un portal.
-Ya, pero con todo y con eso...