10 de Febrero de 2012

Archivo para Noviembre de 2008 en Plug & Play, el blog de Raven87

Nov
28

El resurgimiento de las buenas costumbres

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Los días en que ser grosero, zafio y soez estaba de moda han acabado. Con el advenimiento de una sociedad laica, homosexual en el fondo, los modales amanerados renacen de sus escombros franquistas para rodearnos con un precioso envoltorio de buen hacer y rasgos melifluos que llegan hasta el hartazgo.

Las maneras de comportarse cambian tanto como lo hacen los modos de formarnos en sociedad: de la era de la conciencia grupal interclasista hemos pasado al individualismo personalísimo, a la reificación de todas nuestras conductas, al manierismo coagulado. La escasa trascendencia que tienen hoy las asociaciones, colectivos y agrupaciones de personas es debido al confinamiento del sujeto, que fuera de su domicilio se siente inerme, utilizado, revertido. La indefensión del individuo ante el marasmo de la colectividad le lleva a recluirse en sus conocimientos aprehendidos tiempo atrás, a desempolvar y aferrarse a sus buenas maneras como método precavido de acercarse al otro. Este miedo a la comunicación ha generado los más altos índices de sociópatas en muchos años. La estructura diversificada y también dispersa en núcleos atómicos de la sociedad manifiesta su desconfianza en la masa como generadora de poder y de cambio, lo que nos convierte de inmediato en el polo opuesto del espíritu de 1789.

Nov
24

Todavía se creerán importantes

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Esas sucias alimañas artífices principales del intrusismo laboral más abyecto que eufemísticamente se hacen llamar "Relaciones Públicas" son los que últimamente me vienen tocando más los cajones.

¿Habrá un trabajo más sucio y depravado que ser perros rastreros ávidos de encontrar basura a toda costa?, bueno, sí, lo hay pero igualmente la función del "RRPP" de una discoteca no es más que eso: ir en busca de chusma que acepte -a pesar de las dudosas ventajas- nuestra invitación, nuestro pase VIP, nuestras copas gratis. 

Eso sí, luego se jactan como ellos solos autodenominándose RRPP con una mueca de orgullo que más que prepotencia me sugiere humillación. Porque estos trabajos ímprobos son, además, pírricamente recompensados, lo que me lleva a concluir que sus trabajadores lo hacen por una mera cuestión de vanidad, convirtiéndoles en indignos usureros de medio pelo.

Desde su punto de vista, sus leales esfuerzos por ayudar al camarada en cargo a llenar su local son bienes a la humanidad, son hitos que hay que arrogarse sin vergüenza alguna. La realidad es que sus leales jefes se están asegurando, por cuatro duros, llenar sus antros con hatos de tontos que van a proporcionarles pingües beneficios que, como verdaderos usureros, no piensan compartir.

Es la explotación del siglo XXI; claro que, los esclavos del siglo XVIII simplemente obedecían, éstos de ahora lo han elegido así. ¿Dónde termina esta cuesta abajo?.

Nov
22

Desapego de la realidad

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En estos tiempos de dependencia absoluta del ordenador empiezan a surgir criaturas extrañas que evaden sus mentes del mundo terrenal.

No es que, como decían en Expediente X, "la verdad esté ahí fuera" sino que estos seres, ermitaños replegados en sí mismos, han desdoblado la realidad en dos: la virtual y la no-virtual. El problema viene cuando la virtual cobra mayor importancia que la no-virtual. Se produce entonces una brecha, un enorme desapego de la realidad que verdaderamente convierte a estas personas en mitocondrias que necesitan urgentemente un proceso de anagnórisis, en tanto que su identidad se ha perdido y ha sido suplantada por otra, anónima, desconocida para su propio yo, tan cambiante como las páginas webs que visitan.

Son especialmente graves los casos en los que esta dependencia no surge de la necesidad de usar Internet para cuestiones de trabajo sino cuando se vive, por mero esparcimiento, delante del ordenador. La fuerte ligazón que se crea entre el sujeto y su identidad virtual acaba por difuminar en éste toda capacidad de discernimiento, haciéndole imposible desligarse de su personalidad reflejada. Se pierde la noción de tiempo y espacio, se pierde el verdadero contacto con otras personas, se crean -fútilmente- nuevas amistades que no son más que fantasmas... En definitiva, se nos escapan las riendas de la vida que, mientras, corre inexorable por la calle y que, si no nos damos prisa, se perderá por el horizonte y ya no la podremos alcanzar jamás.