El Blog de Bloch
Atando cabos entre presente y pasado. Porque no siempre hace falta estar a la última en lo que a juegos se refiere. Que levante la mano aquel que no tenga ni un solo juego pendiente. ¿Nadie? Yo tampoco.
Y sigo hablando de SEGA en general, y Sonic en particular. Pero éste es un juego de SEGA con su icono más representativo, desarrollado por una empresa que no es SEGA para su enemigo mortal, Nintendo. Y tras esa presentación, ¿qué tipo de juego es Sonic Chronicles?
Sonic Chronicles es la primera incursión del famoso erizo en un RPG, y lo hace por medio de una toda una Bioware, experta en el tema (al menos en rol occidental), por lo que de primeras debería de ser un juego imprescindible. Y lo es, pero más como curiosidad / posible juego de culto que por su calidad. Que ojo, no es un mal juego, pero la DS, la plataforma en la que fue publicado, tiene mejores juegos de este palo; los Mario y Luigi sin ir más lejos, en los que se inspira descaradamente Sonic Chronicles.
En el mes escaso que llevo escribiendo en este blog me he dado cuenta de una cosa: no sólo quiero hablar de juegos, sino también teorizar sobre ello.
En efecto, hay un momento en que tu mente hace click, y esa afición que tenías pasa a ocupar un lugar más o menos importante en tu vida. Y ojo, ahora no hablo de videojuegos, sino de la pasión por un hobby en general. Al igual que un auténtico aficionado al fútbol no se conforma con sentarse un sábado por la noche en el sofá y ver el partido de turno, sino que se informa, escucha programas deportivos, lee el Marca y el AS, se conoce más plantillas además de la de su equipo (y su época)…, con el ocio electrónico ocurre algo similar (y he puesto el ejemplo del balompié como podría haber sido cualquier otro: música, cine, cómics…).
Como ya he comentado anteriormente, mi primera consola fue una GameGear, y sinceramente, para mí fue una decepción. Que sí, que era color, más potencia, juegos buenos… pero yo quería una GameBoy. La tenían todos mis amigos, me la podía llevar en el bolsillo y duraba muchas horas. Si a eso le añadimos que había juegos con opción de guardado (p.e.: Zelda), yo me moría de envidia.
De la portátil de Sega tendría unos 10 juegos, y si me los quería pasar tenía que ser de una (recuerdo con 9 años ver como mi primo se pasó el Land of Illusion de una sentada). Eso a un chaval joven le produce cierta frustración. Al final, la consola quedó olvidada en el cajón. Hasta hoy…
Es evidente que una compañía como Nintendo, a lo largo de sus muchos años de historia, ha desarrollado múltiples sagas de videojuegos; de hecho, algunas de las más icónicas son suyas, como Mario o Zelda. Efectivamente, la Gran N no sólo ha creado grandes IP que continúan hasta el día de hoy, sino que las ha tratado conmigo. Por supuesto también hay sagas no tan grandes como las anteriormente citadas, pero que tienen su público (y sus juegos); podríamos hablar de Kirby, Donkey Kong, StarFox… Tal vez sus juegos no vendan tanto y el presupuesto invertido en ellos sea menor, pero desde luego se les puede seguir la pista. Y luego hay casos como el de Kid Icarus.
Nunca he sido mucho de aventuras gráficas. No por nada. Simplemente no las jugué a tiempo. De hecho, creo que este Ace Attorney es el primer juego del género que completo, y no tengo muy claro cuál es mi opinión.
La primera versión de este juego salió en exclusiva para Japón allá por el año 2001 en la difunta GBA. Para que llegara a occidente habría que esperar al 2005, ahora en la no tan difunta DS, pero que poco le queda. Lo cierto es que apenas se aprecian diferencias entre una versión y otra, salvo la pantalla doble y un nuevo capítulo que sí aprovecha las funcionalidades propias de la anterior portátil de Nintendo, tales como la pantalla táctil o el micrófono. Y unos pocos años después, una versión calcada para iPhone, y que está tirada de precio (y no como los juegos de la DS en particular, o Nintendo en general, que no bajan ni a tiros). A esa es a la que yo jugué.
Una vez, hace ya un tiempo, decidí iniciar una retrospectiva de mis primeros pasos en el mundo de los videojuegos, y casualidades de la vida me di cuenta de que yo en mis inicios fui seguero. Efectivamente, y lo más curioso ¡es que lo había olvidado! Me explicaré.
La primera plataforma que tuve en mi poder fue una Game Gear, y me avergüenza admitirlo, en su momento no supe dar las gracias a mis padres por ella. Yo era joven e inexperto…
La portátil de SEGA no era rival contra la Game Boy en España (ni en el mundo: 10 millones contra 110 aprox., pero cumplió con su cometido y generó beneficios), por lo que más bien yo la veía como un trasto que chupaba muchas pilas y con juegos inferiores (o eso creía yo) a los de la consola de la Gran N. Juegos a color, eso sí.
Hará cosa de un año conseguí que me prestaran los tres Final Fantasy que salieron originariamente para la primera Play Station. Si bien ya los había catado con anterioridad, de los tres solamente logré completar en su día el octavo, más que nada porque era el único que tenía en propiedad. Lo cierto es que de las andanzas de Squall y Rinoa podría hablar y hablar sin parar; éste y el Zelda de la Game Boy original son los primeros videojuegos que recuerdo haberlos jugado hasta el final, por lo que ambos (y sus respectivas sagas) tienen un lugar ganado en mi corazoncito. Si a ello sumamos que no son juegos sencillos y yo tenía poco más de 10 años (al Link’s Awakening hay que añadirle el hándicap de que estaba en inglés), pensar en ello me llena de orgullo y satisfacción.
Pues eso, tengo en mi poder tres joyitas de Final Fantasy, y dejando al margen el número VIII, ¿a cuál juego? Claramente al VII, el videojuego hecho arte, el súmmum de Squaresoft, la gran leyenda RPGera, el juego que marcó el destino de la consola de Sony, blablablá…
El coleccionismo, por regla general, es un mal que acecha a toda persona que se considere un jugador de pro (y no me refiero al simulador de fútbol, sino a ser un “jugón). En efecto, ansiamos y ansiamos ampliar nuestra ludoteca, y al final uno tiene la sensación de no saber a ciencia cierta por qué se compró ese juego que ahora está cubierto de polvo, tanto juegos nuevos como antiguos. Que si en tal web o revista lo ponen genial, que si pertenece a mi compañía/saga/directo favorit@, que si es una joya de coleccionistas y 100 euros en este estado no es dinero… Queremos los juegos y los queremos ya. Eso nos lleva a que muchos juegos, buenos regulares y malos, se nos queden como “tarea pendiente”.
Atando cabos entre presente y pasado. Porque no siempre hace falta estar a la última en lo que a juegos se refiere. Que levante la mano aquel que no tenga ni un solo juego pendiente. ¿Nadie? Yo tampoco.
