29 de Agosto de 2008
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Crónica de una letra singular: D

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Llegó la policía, alertada por las alarmas del almacén. Había varios muertos y sólo un superviviente presente, herido leve. Los demás implicados se habían ido. Todo apuntaba a un cruce de mafias. Las sospechas crecieron al confirmar la identidad del herido. Se trataba de D, conocido en el mundillo de las apuestas. Habitualmente se jugaba la vida en complicados asuntos, cuando no perdía el tiempo rondando de casino en casino. Sus escarceos con la droga eran de sobra conocidos, pero tenía una habilidad curiosa. Siempre conseguía salir indemne.

Aquel día no fue distinto. Llevaba varios días preparando ese golpe con unos compañeros, pero algo fue mal. Tenían que llevar a cabo un cambio de dinero por drogas, todo iba normal, las 2 partes llegaron a sus posiciones sin problemas, pero a la hora de la verdad, D y los suyos se encontraron una encerrona. Los hechos se precipitaron. Balas volando por los aires, alarmas, miedo, dolor, sangre, motores en marcha... un panorama desolador. D no se puso nervioso. Le habían dejado herido pero aún vivo. Los enemigos se habían ido y le habían dejado sin sus compañeros. Él, como de costumbre, había sobrevivido. Era la tercera trampa de la que salía indemne en los últimos 2 años, y sin duda, la más sangrienta. No era lo normal, que una misión se complicara. Había vivido decenas en el anterior lustro, pero cada vez se cruzaba con gente más peligrosa. Sus compañeros habían salido ilesos de casualidad la última vez. En esta ocasión no tuvieron tanta suerte. Se levantó, puso la mano en el bolsillo de su chaqueta, y sacó unos dados. Los lanzó al aire y los miró.

Lentamente esbozó una sonrisa y se los guardó otra vez. Los dados le habían marcado su siguiente rumbo. Siempre seguía el mismo ritual después de una misión. Los dados eran su amuleto. Si la misión era fallida los tiraba y si la combinación de los 2 dados era 4 o menor, se iba a retirar del mundillo. Si daban entre 9 o 12, iba a olvidarse del tema. La combinación mediana, entre 5 y 8 era simplemente, buscar venganza. En caso de éxito, la opción de venganza era borrada y la retirada se marcaba del 1 al 6 y la nueva misión del 7 al 12.

Curiosamente, la combinación ganadora siempre era la misma, 6 en un dado, 6 en otro. El azar que siempre le ayudaba, le impedía retirarse. Confiaba en salir ileso, otra vez más, hasta que alguna tirada le hiciera retirarse. Cuando llegó la policía, se lo encontraron herido, sí, pero su mirada amenazante y siniestra hacía presagiar que no estaba muy preocupado por sus lesiones. Ya estaba pensando en qué iba a hacer para salir vivo de la siguiente.

La policía le interrogó, como siempre, pero se escapó sin problemas. Él no tenía ninguna arma, aparte de los cadáveres y la sangre, no había ninguna prueba. Sabían que seguramente era un encuentro entre mafias, para nada sabían lo que habían cogido los "vencedores", D no iba a contarlo, no quería más problemas, de momento. Fue al hospital a revisarse, sus lesiones se curarían con reposo y algunas pomadas. Difícil de creer que en un choque de fuerzas tan brutal un "perdedor" pudiera salir tan vivo. Fue a casa, se estiró en la cama y descanso... hasta la noche.

Fue a su casino habitual, el que siempre le había acogido, en el que ya era un cliente habitual. Había conocidos que le preguntaron lo que había ocurrido esa misma mañana y evidentemente, rechazó responder. Estaba ahí para desahogarse. Entró en trance, se olvidó de todo lo que había pasado fuera del local y se dedicó a jugar más y más. Era lo que hacía a menudo cuando iba, muchos sabían que hoy había habido acción, su grado de concentración así lo testificaba. Sólo en esas ocasiones tan extremas iba tan metido en su mundo. Es más, era poco frecuente verle por esos rincones si no había estado sometido a situaciones extremas o pensaba que iba a estarlo próximamente. Antes y después de cada golpe estaba ahí, jugando, tan metido en su juego que ni siquiera su mejor amigo, el amo del local, se atrevía a dirigirle la palabra. Se olía la tensión en cada movimiento que realizaba.

Horas después volvía a su casa, amanecía y estaba satisfecho con el botín sacado de las máquinas. Se tumbó en la cama y se durmió. El teléfono le sobresaltó 6 horas después:

-Diga?

-D, estás bien? He oído lo de ayer, vaya follón. Cuando te recuperes contacta conmigo, quiero que estemos juntos, de nuevo. Esta vez sí que va a salir bien.

-Me lo pensaré, ya te diré algo, ahora déjame descansar unos días.

- De acuerdo, está bien, tú decides. Hasta pronto.

-Adios

D para nada esperaba esa llamada. Era "el Pino", un antiguo compañero. D recordaba aún como en uno de los golpes en los que más interés había mostrado, 4 años atrás, le dejó tirado en el momento cumbre, echando por tierra todos sus esfuerzos. No sabía como tomarse esa invitación, pero si había alguien que valorara los aciertos, ese era el Pino. Reflexionó varias horas, y aceptó. 2 días después ya estaban planeando el golpe. No parecía muy complicado. Entrar en un banco y robar varios millones había sido su especialidad durante varios años. Entre explicación y explicación, una sutil venganza planeaba en su mente. Aún guardaba rencor escondido, y no se arreglaría con un buen golpe.

Llegó el día, todo empezó bien, alarmas fuera, D dentro, no sin dificultades consiguió sustraer una buena cantidad de dinero y consiguió salir. El equipo de seguridad se había dado cuenta de que pasaba algo raro y trató de intervenir pero El Pino, esa vez sí, hizo lo que tenía que hacer. Empezó un tiroteo. Balas por todos lados. Tras varios tiros, el Pino fue herido, una bala perdida en teoría, pero pronto se dio cuenta de qué había pasado. D le pegó un tiro para dejarle vendido ante la seguridad, le hirió una pierna y no podía ponerse a cubierto. Fue detenido y D, triunfador, se quedó con el dinero. Siguió conduciendo hasta alejarse del peligro.

A un par de calles tenía otro coche preparado para hacer un cambio y dejar la furgoneta con la que había realizado el golpe. Ya cerca de su casa, a 3 esquinas, ya a salvo, volvió a su ritual. Quería que fuera su última misión, con el dinero que había conseguido huiría del país y se afincaría en cualquier paraíso fiscal. Sacó los 2 dados de su bolsillo, los tiró al aire y sacó un 1 en un dado, en el otro un 2, en total un 3. Acto seguido, un camión destrozó el coche después de saltarse el último semáforo, y arrancó de cuajo todos sus sueños, dejándolos, como sus sesos, estampados en el frontal del camión.

 

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1 Comentario:

Joder con D, menuda

Joder con D, menuda pieza...y vaya final tan "hermoso".

Me ha gustado, a ver que me cuentas de E :D