2 de Septiembre de 2014
Feb
26

Valeria Victrix I. Legio XX

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Capítulo I.

Legio XX

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   El centurión recorrió con paso firme la línea de legionarios por última vez, pisando con contundencia la hierba húmeda y ajustando la inquieta formación de jóvenes soldados que permanecían firmes frente a él.

 -Hijos de una perra enferma...- susurró entre dientes, mientras oteaba los rostros que tenía delante. - ¡Os quiero tan atentos como la primera vez que os chuparon la verga!- comenzó a bramar.-¡Cuando estemos allí no muráis hasta que yo lo diga! ¿Está claro? ¡Si yo caigo, nadie se va! ¡Estad seguros de que os agarraré por los testículos si os veo correr aunque mis tripas se estén derramando por el suelo, joder!

Un grito tras otro, su boca fue escupiendo toda clase de injurias aberrantes sobre madres, hermanas, tías y abuelas.

Dacio lo seguía con la mirada desde la segunda fila de la centuria, rezando a los dioses para que el oficial no descargara esa vieja vara de vid sobre él. No dudó en que ese animal podría agarrarle de los testículos aunque se estuviese muriendo mil y una veces, ya que el centurión Lucio Bramo tenía para eso y para mucho más.

Para la desgracia de los legionarios, los centuriones tenían la sana y entusiasta costumbre de corregir los fallos a base de golpes de bastón bien calculados, los cuales no rompían hueso ni impedían al afectado pero sí proporcionaban un dolor indescriptible y desagradablemente duradero.

Dacio volvió la cabeza al frente y sujetó con fuerza los dos pilums que apoyaba en el hombro derecho, como si aquel pequeño gesto le proporcionara seguridad. Por fin había llegado el día.

Tenía dieciocho años y el último lo había pasado sirviendo en la Legio XX, la que más tarde sería conocida como Valeria Victrix, lejos de su anterior vida en el lejano sur de la Galia.

Tras la muerte de sus padres durante el duro invierno anterior, su tío, alegando que no podía mantenerle, le instó a alistarse en el ejercito.

 -Sabes que no puedo mantener una boca más. Eres joven y fuerte, Dacio. Hay otra vías...

 -Eres el hermano de mi padre, me viste nacer. ¿Ahora me niegas un plato?

 -¡Maldito egoísta!.-el hombre le propino un sonoro guantazo al chico, que no se atrevió a replicar.-¡Mis campos no producen, mi esposa se muere y mis hijos apenas tienen para vestir!-suspiró y la ira inicial pareció desvanecerse.- Tienes la oportunidad de ver mundo. El ejercito es duro, pero se gana dinero. Piénsatelo y ven a verme, hablaré con un amigo en el centro de reclutamiento y podras ejercer de legionario, evitando los puestos auxiliares. Todo saldrá bien, sobrino.

Al principio el joven rehusó de tal idea. ¿A cuántos veteranos lisiados había visto pedir por las calles? ¿Ése era el destino que sus padres habían deseado para su primogénito? El orgullo, por aquel entonces, era superior a la lógica y abandonó su hogar durante un tiempo, perdido en sus propios pensamientos.

Después de mendigar y robar durante meses para poder aliementarse, Dacio finalmente había recurrido a su tío y a la única vida que le aseguraba una paga y comida caliente: Las legiones del emperador Claudio. Sacrificar gran parte de su vida y morir por el Imperio no era su idea de prosperar, pero ya no habían demasiadas opciones.

Tras todos aquellos dias oscuros y ya adaptado a la vida en la legión, lo cierto es que por aquel entonces Dacio sólo pensaba única y exclusivamente en fornicar, beber vino y aspirar hierbas de las provincias de Macedonia. Era un joven agraciado, con los ojos de color cobrizo, los labios gruesos y un mentón marcado. Antes de alistarse llevaba el pelo tonsurado, pero ahora le habían rapado al igual que a sus compañeros, en parte para evitar los piojos y las infecciones, en parte, según su compañero Craso, por que si tenían pelo y perdían el casco los bárbaros les agarrarían de las greñas colocándolos en desventaja.

Durante los meses de invierno y otoño siguientes tras el alistamiento, Dacio había aprendido que ciertas costumbres que él consideraba divertidas bien podrían valerle una costilla o un diente roto. Y aquello era lo de menos a la hora de asegurar la obediencia en el ejército.

No hacía mucho, uno de cada diez soldados de una centuria había sido ejecutado por desobedecer una orden directa del legado en persona, el cual había procurado que lo contemplara el resto de soldados sin ninguna excepción por rango o especialidad. Aquella era una medida disciplinaria tan brutal como la mentalidad de sus superiores, que hacían la guerra sin miramientos, impulsada por una superioridad en técnicas de combate y basada en la disciplina. Si los legionarios mostraban desobediencia alguna, eran castigados. Si trabajaban y progresaban entonces eran recompensados.

El los primeros meses en el campamento de la Galia había conseguido olvidarse de los penosos meses anteriores a base de esfuerzo y palos. Les enseñaron a marchar, a construir, a cavar y después a marchar de nuevo. Habían aprendido a cuidar y respetar sus bienes, ya que muchos de los reclutas habrían de pagarlos poco a poco durante sus años de servicio. Dentro de la centuria estaban distribuidos en pequeñas escuadras de ocho hombres, los cuales compartían el día a día. Las tiendas en los numerosos campamentos, las guardias, las marchas, las borracheras... Habían llegado a convivir y llevarse bien, y Dacio y su grupo habían comenzado a llamarse "hermanos".

Más tarde les enseñaron a matar... Con espadas de madera y escudos de esparto.

Pero también a usar el pilum. A controlar su peso y arrojarlo con eficacia, clavándolo en el pecho del enemigo o en su escudo, provocando que el contrapeso de la lanza partiera el bloque de madera y lo inutilizara. La espada y el escudo de la instrucción pesaban el doble que los verdaderos y aquello sin duda beneficiaba a la hora de entablar combate real. Cuando Dacio recibió su gladius le pareció tan ligero como una pluma. Les enseñaron a apuñalar una y otra vez, al vientre, testículos o ingles, a la cara y al cuello.

Pero ya no eran reclutas, eran legionarios, y ahora estaban formando en una verde explanada que quedaba en la cara noroeste del emplazamiento portuario de Rutapiae, con el mar a sus espaldas y el mundo civilizado tras él. Diez cohortes completas se estaban preparando para ir a la batalla, lo que sumaban unos cinco mil quinentos legionarios, sus correspondientes oficiales y personal administrativo, además de tropas auxiliares de caballería y tácticas ligeras.

El precioso estandarte de la vigésima ondeaba no muy lejos de las posiciones de Dacio y su centuria. El legionario se quedó mirándolo fijamente, suplicándole entre dientes fuerza y vigor para el combate.

El legado, ataviado con una reluciente armadura y cuya capa estaba bordada con finos hilos dorados, apareció a caballo entre los hombres, escoltado por diez oficiales de élite, todos a caballo. Dacio no recordaba haberlo visto a menos de veinte metros de distancia. La vez que más cerca tuvo al señor de la vigésima legión fue el día en el que los nombraron legionarios, y apenas pudo distinguir su rostro.

-¡En marcha!.-gritó el ordenanza del legado mientras cabalgaban.-¡Adelante y al Norte!

Las trompetas rugieron al unísono y tocaron avance provocando que en los árboles circundantes a la explanada una bandada de cientos de aves locales echasen a volar presas del pánico y la confusión. Los portaestandartes levantaron las gruesas varas y la columna de legionarios se puso en marcha, provocando toda clase de ruidos contundentes y tintineantes que envolvieron la extensa pradera.

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¡Saludos!

Hace unos meses, Lester Knight publicó el prólogo de esta historia en ese poderoso estandarte de la literatura que es Mundo Destierro. Hoy os traemos el primer capítulo a Relatos de Suburbia.

Este relato es el reflejo de mi pasión por la historia de Roma en toda su extensión y, particularmente, en la época en la que el comenzó la invasión de Britania.

En este tiempo, las tierras al norte de las fronteras de las provincias romanas eran un completo misterio, plagadas de brumas y ciénagas, leyendas, mitos y fieros guerreros. Me resulta tremendamente interesante imaginar que es lo que tuvieron que sentir todos aquellos soldados al adentrarse en unas tierras tan desconocidas y peligrosas.

Sobre la Legio XX me gustaria puntualizar que fue una de las legiones más condecoradas y activas de la historia de Roma, participando en numerosas invasiones y refriegas.

Espero que disfrutéis de su historia tanto como yo lo he hecho al escribirla.

¡Roma Vincit!

Baalard, Relatos de Suburbia.

5
Valoración media: 5 (7 votos)

10 Comentarios:

El centurión de hierro xD

La que se va a liar en el siguiente capítulo Very Happy

Esta muy bien la historia, como consejo te diría que pusieras de vez en cuando un enlace directo sobre alguna palabra "clave", por ejemplo el pilum, así de paso los lectores conocerán algo mas sobre aquella época.

Un saludo y 5*

Medalla

A todo dios le mola la historia de los romanos (no sé que tenía, pero yo tras años de agunatar a colegas, la he acabado aborreciendo un poco xD Pero ojo, no significa que no em guste hablar de ella o leer ^^)

Buen cachod e lectura el que nos has puesto. Si Rikku se pasa por aquí seguro que lo disfruta ^^

 

Esto es una entrada literaria con todas las de la ley ¡He Dicho! (Otorgable por LoganKeller, RikkuInTheMiddle, In_Anywhere o Shaiyia)
(Pincha para Informarte de como conseguir este reconocimiento)

Empiezas fuerte

La historia de momento promete, pero has cometido un par de fallos que podríamos considerar "graves" a nivel historiográfico.

En primer lugar, tu protagonista es un patricio (se supone, por lo de casarse con la hija de un cónsul), por lo que Dacio no es un nombre apropiado. Los patricios, pertenecientes a las 20 (creo que eran 20) familias nobles inscritas antes de lo que se conoce como cerrata del patriciado (no se admitiría ninguna más a partir del 495 a.C.), tenían nombre compuestos o trianomini, formado por praenomen o nombre de pila, nomen o "apellido" de la familia y cognomen o apodo, que era como realmente se conocía a aquella persona. Los nombres eran del estilo Servio (pr.) Sulpicio (familia) Galba (apodo). Dacio desde luego no es uno de los típicos praenomen romanos y sólo podría ser cognomen, como por ejemplo Cayo Cornelio Dacio. Pero claro, estos "apodos" tenían siempre que ver con hechos de la vida de esa persona o que fuesen heredados, así que Dacio, que vendría de Dacia (provincia romana), choca un poco en un patricio joven que además es de la Galia.

Luego está el hecho de que ningún patricio entraba como soldado raso en el ejercito, ya que los legionarios eran de la plebe. Los nombres de la plebe se componían de dos partes, el praenomen y el nomen, pero esta vez, en vez de hacer referencia a una familia, hacía referencia a las tribus que ocupaban Roma desde tiempos inmemoriales, y por tanto sin cognomen, como por ejemplo Lucio Servio.

Buff, me he enrollado demasiado, pero cuando un tema me apasiona... No sé si estos datos los sabías, pero si no, a lo mejor te sirve para darle más profundidad, como por ejemplo, hacer que Dacio se alistase en secreto en el ejercito con otro nombre o cosas así.

Portada El Bosque Dormido.

Impresionante Baalard, me ha gustado muchísimo (para variar)

El centurión tiene más mala leche que yo cuando me levanto de la siesta, que miedo leche Crying or Very sad

esto promete... deseando estoy que entren en batalla.

5 estrellas y mini portada.

 

 

@Todos

@Ivanete

Muchas gracias por el comentario y por la idea, me parece genial y es posible que la aplique en el siguiente capítulo ^^. Pero colocar enlaces dentro del mismo relato creo que puede llevar a que la lectura sea interrumpida continuamente, y eso es perjudicial para el desarrollo de la acción y para el disfrute del texto. He pensado en añadir esas aclaraciones e informaciones en los comentarios del final de cada capítulo, asique muchísimas gracias por esa magnífica idea :), así todos aprendemos un poco más.

@Logan

Pues muchas gracias señor -_-, una más para esa colección que tanto me enorgullece ^^. Me alegro de que te guste el texto y espero que puedas leer el resto! Co-paisan (xD)

@Rikku

Te agradezco sinceramente tu comentario y tus apuntes sobre errores en el nombre del protagonista y sus posición dentro de la Legio XX.

Como bien sabrás, la invasión de Britania se inció el 43-44 d.C., época en la cual aún no se habían aplicado las reformas de Mario en la Legión. Por aquel entonces ingresar en la legión exigía unas condiciones que no todo plebeyo podía cumplir, como comprarse el equipo, disponer de unas condiciones físicas (dentadura, peso) específicos, leer y escribir (en el caso de oficiales, normalmente), y, corrígeme si me equivoco, ser como mínimo de quinta generación familiar. Estas carácterísticas ya enmarcan una variedad inmensa de "plebeyos", algunos con más nombre y más destacados que otros, pero todos legionarios finalmente. Si es cierto que al ser patricios podían acceder de forma directa y tras pasar por academias a rangos que a un legionario de base le podían costar perfectamente años en conseguir. Esto generaba bastante desprecio hacia esos oficiales jóvenes y sin experiencia que ya comenzaban dándo ordenes a legionarios veteranos sin ni siquiera haber entablado combate antes.

Sobre el nombre del protagonista, pues sinceramente lo elegí al azar! La provincia de Dacia (Rumania), fue sumada al resto de provincias tras su conquista a partir de los años 100 - 107 d.C., es decir, mucho más tarde que los acontecimientos narrados aquí. Por lo tanto, el nombre de Dacio aún no tenía razón de ser, al no existir aún esa provincia (a pesar de que, si no me equivoco, los romanos ya denominaban dacios a los nativos de esa zona de europa). Desgraciadamente no caí en la cuenta de que coincidia con dicha provincia, pero bueno, pecaremos un poco de "incultos", ya que el nombre no me desagrada para el protagonista.

Aún así te pido que me ayudes a buscar el significado de la palabra Daci (o Dákai en griego), ya que no sé el origen de esa denominación y sigo sin encontrarlo.

Sobre el origen de Dacio, en ningún momento se nombra que sea ciudadano romano de origen galo, pero si es cierto que vive en la Galia. De todas formas, como ya he comentado, el nombre fue algo totalmente al azar, asique su origen en este caso no importa mucho. Supongo que son detalles de la trama que más adelante se irán aclarando.

Referente al tema de los patricios, si bien es cierto que dentro de la misma legión, y tras cumplir con sus 16 campañas (25 años después de la reforma), el legionario común recibía una remuneración, unas tierras, y en algunos casos, un título, sólo los patricios y gente de clase más alta, como tú muy bien dices, podían optar a una vida política en esferas más altas. En el caso de Dacio, aún no he tenido tiempo de desarrollar su contexto familiar y de posición, pero su posición media alta no implica directamente el empleo de un puesto destacado dentro de la legión.

Lo de casarse con la hija de algún cónsul era sólo la opinión de su padre, quizás demasiado esperanzadora. Aún así sabrás que el legionario podía ascender tras años de servicio y alcanzar puestos muy bien vistos dentro de la sociedad y sumamente bien remunerados (Centurión, Centurión Primero, Decurión, Tribuno...). Perfectamente algunos de estos rangos podrían ser compatibles con un matrimonio de clase media-alta, ya que, como he dicho, eran puestos bien vistos y bien pagados. (No tanto el rango de Optio, segundo del Centurión)

De hecho, múltiples polítocos habían servido como legionarios durante muchos años antes de servir en provincias o en la mismísima Roma, todo ello tras haberse ganado a pulso (y a base de artimañas) su puesto.

Vaya parrafada! Lo siento... Me alegra ver que este tema te apasiona a tí tanto como a mí, y espero que pueda disfrutar de estas correciones en siguientes entregas ^^

@Shai

Una portada más y yo tan contento. Muchísimas gracias por todo, pero especialmente por la oportunidad y el empujón que le das a mis entradas. Es dificil que la gente las lea siendo sólo una narración, así que gracias!

Baalard.

Ok

Tienes razón, mejor al final del capítulo ^^

Por cierto, como viene siendo habitual, pondré un enlace en mi blog sobre esta historia.

Un saludo.

Edit:Tranqui, ya me pasaré por aquí y te pillaré el bannerVery Happy

Joder! me ha encantado. Me

Joder! me ha encantado. Me has enganchado desde ese "Hijos de una perra enferma..." y no he podido dejar de leer hasta el final. No puedo esperar hasta la proxima parte.

5 supernovas.

P.D. Me gusta mucho la historia romana y sobre todo sobre sus ejercitos. No se tanto como tú o Rikku y con tus relatos espero aprender más aun.

Muy buen capítulo pero...

 Es que Roma no atrae en absoluto, es más, me repele como dos imanes del mismo polo. Eso sí, la historia, al igual que todo lo que se postea en tu blog, es impecable. Una lástima que no pueda seguirlo.

 Lamento si te ofende este comentario, pero es lo que siento. De todas formas, las cinco estrellas que te he dado no te las niega nadie ; )

muy buena la historia, pero

muy buena la historia, pero las reformas de mario fueron 140 años antes de la invación a britania mario reformo la legion como se conoce hoy en el año 100 Antes de Cristo, y la invación a Britacia Fue en el 43 despues de cristo. saludos y espero q continue tu apacionante relato

Excelente

Una excelente historia que me leí en poco tiempo, ya que su trama es sumamente envolvente. La historia tiene gran cantidad de detalles que logran darle una ambientación extraordinaria a cada situación descrita; lamento no haber podido leer esto en su momento, pero debo decir que es muy grato encontrar relatos de tal calidad en Gamefilia. Leeré el segundo capítulo a la menor oportunidad que tenga.

En asuntos más personales, lamento decirte que el siguiente capítulo de DMC tendrá que seguir pendiente. Odio mi falta de tiempo.

Saludos,
Desmodius.