7 de Septiembre de 2008
Jul
24

Crónicas de Silent Hill: Desesperación.

 

 

II. Desesperación

   Los sesos de Hails resbalaron por la pared lentamente mientras el cañón del revolver seguía alzado y humeante. Lo había hecho. Había apreteado el gatillo y ahora su compañero, o lo que quedaba de él, yacía muerto en el suelo agitando espasmódicamente los pies.

Corbent vomitó.

Dejó caer el revolver mientras se arrodillaba, apoyándose en una de las paredes de la habitación. Nunca había usado el arma, nunca había visto un cadaver.

La sirena había dejado de sonar, al igual que la emisora, y ahora el único sonido era el que producían las botas de Hails al repiquetear en el suelo. El fuerte olor de las vísceras inundaba la sala y Corbent se mareó como pocas veces le había ocurrido. Una decena de sentimientos le envolvieron provocando que el corazón le golpeara el pecho fuertemente mientras un sudor frío comenzaba a aparcer en espalda y frente.

Se puso en pie de manera muy costosa, tambaleandose por la conmoción, y se acercó hasta el revolver. Lo recogió del suelo sin nisiquiera atreverse a mirar al cuerpo tendido en el suelo. Salió de la sala y cerró la puerta lentamente. Después apoyo el cuerpo contra la puerta deslizándose hasta el suelo, y se quedó allí sentado, en medio del oscuro pasillo, llorando como un niño al que han abandonado.

Todo estaba cambiado. Todo parecía haber envejecido cien años. El óxido y la carcoma cubrían cada centímetro de aquel pasillo y las luces parpadearon débiles hasta apagarse por completo. Corbent intentó calmarse, reaccionar ante aquella situación demente. Todo se había convertido de forma inexplicable en una pesadilla de la que no conseguía despertar.

En medio de la oscuridad, unos gemidos parecieron llegar desde el otro lado del pasillo. Después una puerta pareció abrirse, chirriando y crujiendo, para, segundos después, volver a cerrarse de golpe. En la oscuridad total, Corbent buscó frenético la pequeña linterna que colgaba de su cinturón mientras su respiración se comenzaba a convertir en un desesperado jadeo. Los gemidos se acercaron cada vez más y los jadeos de Corbent comenzaron a transformarse en gritos de pánico. Por fin consiguió dar con la linterna, que encendió y apuntó hacia adelante a la vez que lo hacía con el revolver.

Nada.

El pasillo estaba totalmente vacío y la puerta del fondo se encontraba entornada. El walkie comenzó a sonar de una forma tan estruendosa que provocó que Corbent gritara instintivamente.

Una voz comenzó a sonar sobre todas aquellas interferencias 

  - Te quiero. ¿Me oyes?.-una voz de mujer. Estática ruidosa -¿Tú a mi no? ¿Me vas a disparar a mi también?

Corbent dejó caer el walkie al suelo horrorizado. Era la voz de Míriam. Pero parecía apagada, despojada de vida. El walkie continuaba en el suelo repitiendo las mismas frases una y otra vez cuando Corbent atravesó la puerta al final del pasillo.

 

Recorrío las escaleras tan rápido como las piernas le permitieron, más por el ansia de comprobar que ella estaba bien que por el pánico que comenzaba a invadirle. Ignoró los ruidos, los susurros y los jadeos. Ignoró los escaparátes, intentando no pensar en qué o quién los estaba golpeando desde dentro. Alguién gritó de la forma más horrible que nunca había escuchado al otro lado de la galería, justo desde dónde él había venido. Tras lo que le parecieron los minutos más largos de su vida, Corbent llegó a la puerta principal.

A su derecha, en la tienda de electrodomésticos del centro comercial, todas las pantallas se pusieron en blanco. Corbent no pudo evitar quedarse plantado, observando con la cara desencajada la imagen que se repetía una y otra vez en los monitores. Parecía una grabación. Una de las cámaras situadas dentro de la sala de control.

Una vez tras otra, se veía a sí mismo disparando el revolver y volando la cabeza de Hails. Otra vez. Y otra. Hasta que el Corbent de la imágen se dio la vuelta y lo miró fijamente.

Frente a las televisiones, Corbent retrocedió dos pasos en estado de shock, histérico, intentado asimilar lo que estaba contemplando.

El ser de la imagen movio los labios y después disparó. La pantallas estallaron al unísono con un ruido ensordecedor, provocando una lluvia de cristales que cubrieron el suelo de la entrada.

Pero Corbent ya había atravesado las puertas de entrada al centro comercial, revolver y linterna en mano, directo a las oscuras calles de Silent Hill. No permitiría que le ocurriese nada malo a ella. No se lo podría perdonar.


Hasta aquí la segunda parte de Crónicas de Silent Hill. Espero que hayais disfrutado de la lectura!

En próximas entradas aparecerán algunos personajes más, pero, por motivos de importancia, he preferido centrar éstas dos primeras en el personaje de Jack Corbent, ya que gozará de un papel algo más importante que el resto.

Aprovecho para agradecer los comentarios y las visitas recibidas hasta ahora ¡Muchísimas gracias!

Baalard, Relatos de Suburbia 

 

5
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6 Comentarios:

Lo has dejado

Lo has dejado muy pero que muy interesante, y con ganas de leer más. Sinceramente, se me ha hecho muy corto este trozo, pero ahí está la clave, en crear el suspense Wink

Me ha encantado

Recrear la atmósfera de SH tan fielmente no es fácil. Según leía el relato recordaba momentos de mi partida de SHII.

Ya me he enganchado a otro relato Very Happy

Ánimo que vas de fabula.

¡Un saludo! Wink

Mundo Literatura - Comunidad Literaria

O.O Joer, otro relato al

O.O Joer, otro relato al que estoy enganchada X-D X-D

Me encata como escribes ydescribes la ambientación, realmente consigues sumir al lector en la angustia qeu sufre el personaje.

5 estrellacas.

Hola

Me ha gustado mucho.

Me alegro ^^

Gracias por comentar!

Baalard

De nuevo te digo lo mismo,

De nuevo te digo lo mismo, siento haber llegado tan tarde, pero tu más suma recreación de éste universo es digna de mención. Simplemente es como si Heater no hubiese estado sola en el centro comercial en SH3, sino que Jack Corbent estuviese atrapado a la vez, en la otra punta del centro. El detalle de los televisores me ha encantado, escena que comparte cierto simbolismo con el vídeo que James vé en el Hotel en SH2, en dónde se le hecha en cara que fue él el que... no lo digo por si alguién aún no lo ha jugado, los que sí sabreís a que me refiero.

Es uno de los mejores relatos que estoy leyendo, te envidió. Ojalá pudiese escribir yo así con el mío. En fín que espero que no tardes en poner una continuación, tengo curiosidad por sabes que escenarios recorreremos ahora.

Un saludo y mis humildes 5 estrellas!