26 de Octubre de 2014
Nov
19

Fomalhaut. El Fin de la Vida. [Relato dedicado a Shaiyia]

 
 

 

     Incluso a aquella distancia, cuando recorrerla llevaría tanto tiempo que nacerían y morirían mil civilizaciones, la luz que desprendía el astro era de una potencia devastadora.

     Fomalhaut.

     Eilon Sagitar, comandante del Drakkar y Señor de la Guerra de Tierra, bendecido por los dioses, permanecía de pie, apoyado con ambas manos sobre la cúpula de la cámara de observación. Frente a él, el abismo del espacio se alzaba descomunal.
De un tamaño de miles de años luz de distancia, una nube carmesí de gases y polvo rodeaba Fomalhaut y era atravesada por sus letales y deslumbrantes rayos rojizos, cuyas temperaturas alcanzaban lo inimaginable.

Aquel tipo de luz, un rojo similar a la sangre, extinguía la vida allí donde alumbraba. Un espectáculo precioso.

El Drakkar, una pequeña nave de combate de un kilómetro de longtiud, flotaba casi en letargo, sujeta a una rotación apenas perceptible. En aquel confín de los dominios de la Humanidad, su tarea era sencilla: Servir de ojos, servir de lengua, y mandar un único y vital mensaje en caso de avistar algo que pusiera en peligro a Tierra y a la civilización conocida como humana.

Sagitar observó una vez más la inmensidad que se desplegaba ante él, viéndose forzado a entrecerrar los ojos por la intensidad de la luz que emanaba del astro. El borde imaginario que llevaba vigilando más de una decada era un punto crítico. Una extensión gargantuesca que había sido catalogada como posible punto de acceso para el enemigo de la humanidad. 

Durante todo este tiempo, observando la Nada, Sagitar había comprendido algo. Una verdad inamobible. 
La vida tocaría a su fin. Allí y no en otro lugar.

 

***

   

    Finalmente llegaron. El Fin de la Vida.
El espacio se abrió, se contrajo y después se expandió densamente. Miles de naves oscuras se materializaron al instante tras un velo de brillante y cegadora luz blanquecina. Devoradores de mundos, destructores de civilizaciones con un único objetivo en mente. Tierra y todo su dominio.

El volumen aumentó en millones de toneladas, la masa del espacio se desplazó y el Drakkar aulló quejumbroso por el efecto de la presión. Todos y cada uno de los átomos de su estructura se contrajeron y deformaron. Dentro de la nave, el acero y el titanio chirriaron y retumbaron por todos los accesos, pasillos y habitáculos, como un canto de ballena que muere y desaparece poco a poco.

Y allí comenzó. En sólo unos segundos, la nave de asalto enemiga surgió como una letal sombra y se acopló violentamente al lateral del Drakkar. El impacto inició un movimiento de desplazamiento brutal y las dos naves comenzaron a rotar violentamente sumergidas en un baile mortal e imparable. Detonaciones fugaces en diferentes partes de la nave surgían cada segundo, apagadas instantes después ante la asuencia de oxigeno del abismo espacial que los envolvía.

 

    Las alarmas del Drakkar comenzaron a sonar por todas partes. En todas las cubiertas, bañadas ahora por luces ambarinas giratorias, hombres y mujeres corrieron, primero confusos, después más decididos. Tras todos aquellos meses de espera, había llegado la hora.

-Informe.

En el puente de mando, Sagitar permanecía pensativo, sentado en su trono de basalto negro con ambas manos entrecruzadas junto al rostro. Vestía una imponente armadura de combate negra. A su lado descansaba en silencio la hoja rúnica, espada de energía que le había sido otorgada medio siglo antes, durante su nombramiento como comandante del Drakkar.

Frente a él habían dos figuras. Una mujer de cabellos rojizos, la mayor Aldhana y segunda al mando del Drakkar, y un hombre, Hiperión, primer oficial y jefe de comunicaciones.

Aldhana habló primero y su rostro se mostró tenso. Permanecía con una rodilla en el suelo y la mirada clavada en las placas metálicas que recubrían la sala. Un olor a incienso dulce y empalagoso inundaba la estancia y se introducía furtivamente en los pulmones.

-Aún no han entrado, pero es cuestión de minutos. He organizado un pequeño "comité de bienvenida" en la cubierta de acceso en la que su nave se ha acoplado. Les estamos esperando. He creido oportuno concentrar toda la fuerza operativa en ese punto ya que es la única entrada de la que disponen.
-Has obrado bien.-la voz de sagitar era grave, imponente. -Hiperión, ¿qué hay de las comunicaciones? ¿Hemos informado a la flota de Tierra ya?

Al contrario que Aldhana, Hiperión permanecía de pie y miraba a Sagitar directamente a los ojos.

-No, mi señor. El impacto de la nave enemiga ha sido crítico. El choque inicial y la violenta rotación a la que nos hemos visto sometidos han destruido todos los sistemas exteriores, las balizas de posicionamiento y, bueno... -carraspeó.- También todas nuestras posibilidades de transmitir de forma normal.
-Eso nos deja una sóla opción.
-Sí. Debo llegar al sistema de comunicaciones e introducir las claves para transmitir manualmente. Como medida extrema de seguridad, los códigos de encriptación para la transmisión de mensajes directos al centro neurálgico de la flota de Tierra residen en mi impronta genética. Si todo falla, tengo que hacerlo en persona.
-Exacto. Aldhana te escoltará y enviaréis el mensaje.
-Sí, mi señor. ¿Y después?

Se produjo un pequeño silencio. La estructura de la nave murmuraba. Se moría a cada segundo que pasaba.

-No hay después.-susurró finalmente Sagitar. -No en este rincón del Universo. Iréis al núcleo y haréis estallar el Drakkar. Nos los llevaremos con nosotros, a todos.

Aldhana parpadeó. Analizó cada una de las palabras lentamente. Aún mantenía la vista en el suelo. No había sombra de duda en aquella afirmación. Si los dioses lo disponían, así debía ser.

-¿Qué?-gritó Hiperión. -¡Debe de haber otra opción! Nos libraremos de la nave enemiga y pondremos rumbo a la próxima estación de la flota. ¡Resistiremos el asalto!

-No, Hiperión. No lo resistiremos.-señaló Sagitar, impasible. -Sabes perfectamente que esta nave contiene demasiada información como para ser tomada por el enemigo. Coordenadas y datos de vital importancia que acabarían definitivamente con nuestra raza si llegasen a manos de aquellos que buscan eliminarnos. Hay que destruirla antes de que la tomen.

Hiperión guardó silencio durante unos segundos intentando asimilar lo que estaba apunto de suceder. El Fin de la Vida. El puente de mando era un hervidero de actividad frenética. Gritos, órdenes.

-Ahora marchad. -concluyó Sagitar mientras se alzaba del trono. -Yo mismo encabezaré la batalla en el hangar de acceso y os daremos tiempo para transmitir y llegar al núcleo. Tierra depende de vosotros dos.

 

    Corrieron por los conductos del Drakkar mientras la alarma resonaba por cada uno de los rincones del incursor. Al llegar al sistema de evacuación, junto a los sistemas de comunicaciones, Hiperión se detuvo pensativo frente a una de las compuertas de acceso a las cápsulas de salvamento. Las luces giratorias situadas en los paneles superiores le daban un aspecto sombrío, mostrándo su rostro durante un instante y ocultándolo de nuevo al siguiente.

-Aldhana, esto no tiene sentido. Tenemos que dejar la nave ya.
-¿Cómo?
-dijo Aldhana tras darse la vuelta.- ¡Vamos! !Tienes que contactar con la flota!.-lo agarró por el brazo y tiró con fuerza.

Aldhana... Hiperión la observó en silencio.
Como todo lo demás durante aquellos años, siempre en silencio.

Sus cabellos rojos como la sangre recién derramada se perdían bajo la armadura de combate, aquella segunda piel, la cual no conseguía ocultar la deseable figura que había bajo ella. De alguna forma, el color carmesí de su cabello le recordó a Fomalhaut, bello y letal. Hiperión se tomó unos segundos más y repasó cada milímietro de su cuerpo. En silencio. Como todo lo demás.

Desenfundó rápidamente su pistola automática y apuntó directamente a la cabeza de la mayor.

-¿Qué estás haciendo? -ella observó incrédula, esbozando una sonrisa desesperada. Aquello no podía estar ocurriendo.
-Apártate.-espetó él. -Sabes que no quiero hacerlo, pero lo haré.
-¿Me vas a disparar? ¿Es eso lo que vas a hacer, Hiperión?.-
Aldhana alzó los brazos lentamente, sin apartar la vista del oficial.

Desechó la idea de usar su arma, no le daría tiempo. Lo intentaría de otra forma.

-¿Así es como me vas a demostrar lo que sientes por mí? continuó ella.
-Yo... Yo no...

Hiperión suspiró. Era imposible negarlo. La había amado en silencio tanto como su cuerpo y su mente se lo habían permitido. Siempre en silencio.

-Aldhana.-continuó -No tiene porque ser así. Huyamos juntos. -por un segundo, Hiperión la miró con aquellos ojos con los que siempre la había mirado.
-¿Huir? -el rostro de Aldhana se transformó poco a poco en la más pura representación de la incredulidad. También había asco.
-Tú y yo. Daremos parte a la flota y diremos que no pudimos hacer nada más. ¡Que no tuvimos otra opción!
-Sí que la tenemos, sabes cual es. Vamos a avisar a la flota y después lucharemos hasta el último aliento. Por Sagitar, por Tierra. -su tono de voz se transformó poco a poco. Ahora parecía amenazante. -La sala de comunicaciones esta ahí, a unos pasos. Sólo tú tienes los códigos del cifrado. Sólo tú. Baja el arma ahora, Hiperión, y consideraré el olvidar lo que estás haciendo.

Hiperión pareció dudar. Clavó sus ojos grisáceos en los de ella. Comenzó a bajar lentamente el arma hasta situarla a la altura de la cadera. Aldhana se relajó y bajó los brazos al tiempo que una terrible explosión retumbó por las paredes, lejos, en algún lugar del Drakkar. Las luces parpadearon erráticas y se volvieron a estabilizar.

-Me alegro de que hayas entrado en razón... Continuémos. La sala de comunicaciones está sólo a unos pasos
-Sí... Lo siento. Vamos. -
alcanzó a decir el oficial.

Cuando la mayor se giró para seguir, Hiperión avanzó dos zancadas y la golpeó con fuerza en la cabeza usando la culata de su pistola. Aldhana cayó como un saco y quedó inmovil mientras un pequeño charco de sangre espesa se comenzó a formar junto a su cabeza. Las luces volvieron a parpadear.

Hiperión, con gesto impasible, enfundó el arma e introdujo el código de activación para la cápsula de salvamento.

-Lo he intentado. Los dioses saben que lo he intentado.-dijo en un susurro.

La compuerta se abrió lentamente acompañada de un pequeño zumbido. Aldhana comenzó a recuperar el sentido. Estaba aturdida, desorientada, y sintió un sabor metálico que le inundó las fosas nasales y la boca. Contuvo un vómito mientras un líquido cálido comenzaba a bañarle gran parte del rostro.

Cuando pudo ponerse en pié, tambaleándose, entre ella e Hiperión había una compuerta totalmente sellada. La cápsula de salvamento se separó lentamente del resto del Drakkar y en su interior Hiperión la miraba con ambas manos apoyadas en ojo de buey del esquife. En aquellos ojos ya no había nada. Absolutamente nada.

-¡No!-gritó Aldhanna mientras golpeaba frenéticamente la compuerta y el descomunal cristal que la separa del abismo espacial. -¡Maldito seas! ¡Cobarde! -sus últimas palabras se perdieron entre el llanto.

 

    Suspendido en el espacio, Hiperión la observó mientras ella luchaba inutilmente contra el cristal, bañada en lágrimas y de rodillas. Apagó el comunicador y dejó de oír su preciosa voz. Ya era tarde, no era posible reprogramar el rumbo y la había abandonado. Frente a él, el Drakkar se alejó lentamente, girando en suspensión. Una descomunal nave oscura se agarraba a su lateral, como un parásito letal que desgarra y destruye lentamente al adherirse a su presa. Sólo unos minutos después se dio cuenta de lo que había hecho.

 

    Aldhana permaneció en el suelo durante unos minutos, mientras la sirena de alarma continuaba sonando y su estridente chillido se derramaba por todos los recovecos de la nave. Las sienes le palpitaban con violencia. Se secó los ojos y abrió el comunicador.

-Sagitar, aquí Aldhana.-alcanzó a decir. -Me dirijo al núcleo.

 

***

 

    Sagitar avanzó a duras penas bajo el fuego enemigo. Guió a cien hombres y mujeres hacia la cubierta de acoplamiento con la intención de ofrecer algo de resistencia y así ganar un más que valioso tiempo. Con algo de suerte, Hiperión y Aldhana ya habrían informado a la flota.

El pasillo de acceso a la plataforma se estremeció cuando dos haces de plasma cruzaron la estancia y volatirizaron a uno de los hombres de Sagitar, cuyo rostro y armadura quedaron cubiertos por la sangre pulverizada.

Unas oscuras figuras se movían al otro lado del pasillo, gritando en aquella gutural lengua. El fuego de plasma era incesante. Sagitar disparó varias veces su rifle y avanzó unos metros más. Cuando ya no hubo más espacio las armas de fuego dejaron de rugir y sólo hubo lugar para el acero.

Decenas de diminutas manchas carmesí inpregnaban su armadura. Sagitar avanzó con decisión y activó la hoja rúnica, jadeando. La luz azulada que emanaba la espada iluminó el pasillo y el aire comenzó a cargarse de ozono.

El primer enemigo se dobló sobre sí mismo y quedó atrás, dividido en dos sin tiempo para tan siquiera aullar. El calor helado que emanaba la hoja rúnica volvió a actuar y separó en dos el torso de un segundo atacante. El ruido era ensordecedor. Una granada estalló muy próxima a él.

De repente el comunicador crepitó.

-Sagitar. Aquí Aldhana. Me dirijo al núcleo...-la voz parecía distante.
-¿Dónde está Hiperión? -gritó él mientras disparaba a ciegas.
-Ha muerto. Una explosión exterior. -mintió Aldhana.
-¿Qué hay de la transmisión?
-Negativo. -fue la única respuesta.

Sagitar, elegido por los dioses, comprendió. No habían conseguido avisar a la flota, pero no permitiría que el enemigo se apoderara de su Drakkar y de toda la información que este contenía.

-¡Nos reuniremos en el núcleo! ¡Corto! -gritó el comandante.

Frente a él, en el hangar de embarque, las bramidos de sus enemigos se hicieron más audibles. Habían irrumpido en el habitáculo tras destruir la efímera defensa que Sagitar y sus hombres habían intentado mantener. Se abrieron paso arrasando y devastando, figuras negras atabiadas con armaduras del color de la noche que se derramaron por el hangar vomitados desde el agujero de la escotilla de conexión. Una andanada de proyectiles derribó a los primeros, pero decenas de guerreros pasaron por encima de los caídos y consiguieron desplegarse, disparando y maldiciendo por los primeros metros del pasillo.

-¡Retroceded! -aulló el Señor de la Guerra a sus hombres y mujeres -¡Ceded terreno! ¡Nos movemos al núcleo!

Los pocos guardias que aún quedaban con vida se replegaron bajo una lluvia de disparos y haces brillantes. Sala por sala, escotilla por escotilla, uno a uno fueron cayendo derribados por el fuego de plasma y las explosiones de fragmentación enemigas. La nave agonizaba. Se retorcía y aullaba.

 

    Finalmente, la mayor y el comandante, acompañado por apenas una decena de guardias agotados y cubiertos de suciedad y sangre, se encontraron en una bifurcación cercana al núcleo. Apenas hubo tiempo para intercambiar palabras.

Aldhana disparó su arma mientras retrocedía. El proyectil impactó en el pecho de una de las sombras y esta se perdió entre la marabunta que se acercaba rugiente por los pasillos que momentos antes habían dejado atrás. Disparó de nuevo y decapitó al más cercano. Volvió a abrir fuego y otra sombra se dobló y cayó al suelo.

Cedieron más espacio y alcanzaron una sala amplia bañada por una débil luz azulada. Las lámparas parpadeaban frenéticas, moribundas. Las paredes metálicas devolvían el eco de los disparos a un volumen diez veces mayor. Unas tuberías que recorrían el techo estallaron y lo llenaron todo de aire gélido. Las alarmas gritaban.

En el centro de la sala, un pequeño cajón del que surgían decenas de cables y conductos irradiaba una lacerante luz azul.

-¡Ahí está! ¡Debes destruirlo! -bramó Sagitar disparando su arma hacia la masa de sombras borrosas. Ya entraban en el pasillo de acceso. Ya estaban ahí.

Aldhana le devolvió una última mirada a Sagitar, que ya avanzaba hacia el enemigo. Se dio la vuelta y corrió varios metros entre ráfagas y haces luminosos. Los últimos hombres y mujeres de la Drakkar morían. A su alrededor todo eran gritos, calor y partículas de polvo, sangre y hierro.

Una ráfaga enemiga perforó la pierna de la mayor y ésta se vio de bruces en el suelo sin apenas tiempo de gritar. Alguien corrió a asistirla y fue recibido con una nube de proyectíles que le dejaron sin rostro y parte del torso. El resto del cuerpo cayó lentamente, como si se resistiese a morir.

Aldhana tosió y luchó por incorporarse. El pequeño núcleo estaba tan sólo a unos metros frente a ella, brillando con un azul intenso y emitiendo un ligero murmullo estático. No sentía la pierna derecha y estaba apunto de entrar en shock. Anduvo durante unos segundos, sin apartar la vista de su objetivo.

Un proyectil más le perforó la cadera y profirió un grito que quedó ahogado por el feroz combate que se estaba librando tras ella. Fugaces destellos blanquecinos pasaban sobre su maltrecho cuerpo y el olor a hierro fundido, carne quemada y ozono caliente hacían el aire irrespirable.

El dolor intenso que su cerebro se empeñaba en transmitirle se fue apagando y pronto se sintió adormilada, cansada. Su campo de visión comenzó a oscurecer. Avanzó un metro más, sujetándose en las pequeñas aberturas de suelo metálico, sin saber si lo que le resbalaba por las mejillas era su propia sangre o las lágrimas surgidas a raiz del dolor que la estaba consumiendo momentos antes.

Alzó la mano y alcanzó el pequeño panel numérico junto al núcleo.

 

    Un grito, más disparos. Una explosión de fragmentaicón.
El arma de Sagitar emitió un chasquido quejumbroso indicando que el cargador había llegado a su fin. La lanzó a un lado y activó una vez más su hoja rúnica mientas profería un grito que retumbó en los paneles metálicos del pasillo de acceso al núcleo. Se dispuso a lanzarse hacia delante, blandiendo la antigua arma en dirección a las sombras que ya estaban a su lado. Dudaba que quedara alguien para avanzar con él.

En apenas un instante un haz de plasma desintegró su brazo y pulverizó el arma con un sonido eléctrico.
Sagitar se tambaleo con gesto confuso y comletamente cubierto de sangre.

Parpadeó y su respiración se hizo más pesada. La luz de Fomalhaut lo bañaba todo y no le permitía ver.

Levantó la vista y alzó su único brazo para sujetar con fuerza por la garganta al enemigo más próximo, el cual empezó a boquear como un pez moribundo, desesperado por aflojar la presa que se cernía sobre su cuello.

Sagitar apretó con fuerza y la energía cinética de su armadura de combate hizo el resto. El cuello del atacante se partió como una pequeña rama, profiriendo un crujido seco. Un segundo después, una segunda sombra consigió alcanzarle y atravesarle el muslo con algo punzante y caliente. Después otra vez, y otra vez más.

El disparo vino de algún lugar al fondo del pasillo. Le dió de lleno en el pecho y finalmente Sagitar cayó despacio, primero una rodilla, después otra. Cuando su cuerpo mutilado dio con el suelo, su rostro quedó de cara a una pequeña y maltrecha figura a unos metros de él, junto al núcleo.
Aldhana parecía no moverse.

El Señor de la Guerra cerró los ojos y dejó de sentir.

 

    Aldhana tecleó lentamente la clave de apertura. Los gritos de aquellas aberraciones estaban cada vez más próximos, tanto que parecían estar sobre ella. Un chasquido de energía anunció que el núcleo estaba desprotegido de su carcasa de titanio.

Desenfundó lentamente su arma corta y apuntó con cuidado a la luz, ahora deslumbrante. Iba a desmayarse. Un impacto que apenas sintió le perforó la base del cráneo. Consiguió esbozar una última sonrisa antes de aquello.
Y también consiguió algo más.

 

    Por un instante durante milenios, la radiante luz de Fomalhaut quedó eclipsada bajo un brutal haz de plasma y fuego azul. En una ausencia total de sonidos, el incursor de la flota de Tierra se volatilizó en billones de particulas diminutas que quedaron suspendidas en aire, como un último vestigio de lo que allí acababa de acontecer. Junto al Drakkar, la nave de asalto enemiga implosionó con una fuerza descomunal y arrasadora y su impronta lumínica quedó plasmada en el vacío durante unos minutos interminables.

 

***

 

    A ochenta kilómetros de distancia, la esfera de salvamento se agitó violentamente y durante unos minutos la cavidad quedó iluminada por un azul intensto y destructor.

Para cuando pudo abrir los ojos, entre la enorme estrella carmesí y él sólo había un mar de partículas inanimadas y dolorosamente silenciosas.

"Cobarde".

La había abandonado y ahora no quedaba nada. Con los labios apretados, Hiperión mantuvo sus ojos en la profundidad del universo y comenzó a respirar con fuerza por la nariz. Entendió que el dolor iba a ser insoportable.

"Cobarde".

Desenfundó su arma automática y se llevó el cañón a la boca. La última imagen que sus retinas registraron antes de apretar el gatillo fue el millar de cruceros de combate enemigos que se fundían con la irradiante luz de la dantesca roca ardiente que era Fomalhaut.
Impasible, perfecta.

El Fin de la Vida.

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Dedicado a Shaiyia, a la que se lo debía desde hace un tiempo:

Lamento la extensión, pero no quería dividirlo en dos partes y que perdiera así la fuerza.
Este relato lleva mucho tiempo en el tintero, meses. Una vez me pediste que te dijera de que iba a tratar, pero no supe decirte, porque aún se estaba formando. Sabía lo que quería, sabía que quería que su final fuera tan envolvente y espectacular como la estrella en el que se desarrolla. Te pido disculpas por el principio del relato. Es algo precipitado, pero creo que no era necesario profundidar en los antecedentes y quería que la historia fuera directa al grano.

Fomalhaut es un astro que siempre me ha sorprendido. Hay muchas más grandes, mucho más espectaculares, no lo niego. Pero este sol me atrae de una forma que no puedo explicar.

Imagina una luz diecisiete veces más poderosa que la de nuestro Sol, que te envuelve y te llena por completo. Me parecía el lugar perfecto para empezar y acabar esta historia, en todos sus sentidos.

En cuanto a los personajes, me hubiera gustado desarrollarlos algo más, pero el relato no tendría final.

Espero que te haya gustado.

 A los demás: Muchísimas gracias por leer la entrada y no olvidéis que mañana 20 de Noviembre todos tenemos una cita aquí en Gamefilia. Un compromiso que le debemos a los más pequeños. Para más información, visita NO a la pornografía infantil. Con tus comentarios o con una pequeña entrada ya habrás dado un gran paso en la lucha contra esta aberración.

¡Un saludo y hasta la siguiente entrada!

Baalard, Relatos de Suburbia.

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5
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4 Comentarios:

Simplemente

Simplemente, brutal. Me has dejado sin palabras.

P.D.: Creo que a Shai le encantará Kitten

¡¡WooooooooooooooWW!! ¡

¡¡WooooooooooooooWW!!

¡¡Simple y llanamente impresionante Baalard!! lo he disfrutado desde las primeras palabras, y el final es acojonante.

Pese a que dices que te hubiera gustado desarrollar mas a los personajes, es increible como has ocnseguido crearles un perfil en apenas unos parrafos a cada uno de ellos, su forma de actuar se acopla perfectamente a esas breves descripciones, y eso es, sin duda, algo a aplaudir.

Las escenas finales son memorables.

Te doy mi enhorabuena porqu em parece impresionante, y las gracias pro al dedicación, porque me ha encantado. De hecho ya me lo he guardado en mi pc, bwahahaha :P

5 estrellas como 5 soles.

PD - asi una se va a currar mas contenta, oiga :D

Me alegro :)

¡Gracias a las dos por comentar!

Me alegro mucho de que te haya gustado. Para mí ha sido todo un reto escribirlo, creo que es el relato en el que más tiempo he invertido. Hubo muchos cambios antes de darle a "Enviar". Pero bueno, yo también estoy contento con el resultado y más aún si ha sido de tu agrado. Un saludo!

Baalard

 

Enhorabuena, Baalard! Fomalhaut es una obra maestra.

Mis más sinceras felicitaciones. Sabía que la espera merecía la pena. Desde que regresé a Gamefilia hace algunas semanas, me resistía a leerme tu relato. Desde que leí las primeras líneas, me di cuenta que era estupendo, y quería reservarme su lectura para el día que inagurará Destiérrame, pensando en concederte la portada. Y si, en efecto, en unos minutos serás la portada. Enhorabuena! No podía haber mejor relato ni compañero por el que comenzar.

Lo que no me esperaba es que me llegará a gustar tanto. Se me han puesto los pelos de punta leyendo la parte final. Es sensacional: la historia, el ritmo, la narrativa, los personajes, los giros, la épica, el drama... de verás que me ha encantado. Cada secuencia emana días y días de pensamiento y trabajo. Avísame cuando vuelvas a escribir algo así, porque no quiero perdermelo Wink

¡Un saludo y felicidades!

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