Relatos de Suburbia
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I.Turno Nocturno
-Control. Aquí V-1. ¿Me recibes?
-Control a Capullo-1. Alto y claro
-Serás mamón... Deja de hacer el gilipollas con las transmisiones y escucha.
-Jajaja... de acuerdo señor V-1. Dime
-La ronda de locales ha finalizado. Sin novedad.
-Vale, queda anotado. Oye, hazme un favor. Súbeme un café cuando termines. Se me están cerrando los ojos aquí arriba.
-Eso está hecho. Marchándo otro para mi. Voy para allá.
Jack Corbent, vigilante nocturno, se despegó el walkie de la boca y lo colgó en el cinturón mientras caminaba por la oscura y vacía galeria de la primera planta. Era un hombre de unos treinta años, fibroso pero no muy dado al deporte. De pelo castaño echado hacia atrás, siempre mantenía una barba de dos días que cubría sus rasgos angulosos.
Las largas rondas por el centro comercial le hacían pensar en muchas cosas, pero inevitablemente siempre acaba pensando en el trabajo. Recordó las dichosas rondas, comprobando los puntos de control, las puertas y sistemas de ventilación, las cerraduras de las tiendas. Recordó todas las pesadas e inacabables noches que había pasado allí.
Y eso le llevó a Miriam y su última discusión con ella acerca de trabajar en horas nocturnas. Se sentía sóla y a veces pasaba miedo. Corbent sabía que poco a poco aquella situación estaba deteriorando la relación, pero era el turno mejor pagado y necesitaban salir adelante tras adquirir aquella preciosa casa en las afueras. Él sabía que aquello había sido como morder más de lo que podía tragar y ahora estaban agobiados por los pagos. Pero no le importaban los pagos ni los turnos, simplemente no quería perderla. Esa mañana, al llegar a casa, le daría la sorpresa. Había conseguido un trabajo bien pagado como vigilante en un banco del centro, un turno normal con un horario estupendo. Comerían y dormirían juntos. Parecía que todo iba a mejorar...
...Hasta que esa sirena comenzó a sonar y su mundo se volvió oscuro y tenebroso. Era un sonido ululante que iba creciendo lentamente y que le hacía vibrar la caja torácica. Su primer pensamiento fue comprobar con el auxiliar de control el estado de los locales, de las alarmas anti-intrusión o de incendios. Pero aquel sonido no se parecía en nada a esas alarmas que ya conocía de haber participado en los simulacros que el equipo de Seguridad realizaba cada seis meses.
Le recordó a las sirenas de los bombardeos en Londres o Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Un bombardeo era tan poco probable cómo que se despertara una mañana y en su garaje encontrara un deportivo deslumbrante. Usó su walkie, ese viejo motorola de color negro que había visto mejores tiempos.
-¡Control! ¡Aquí V-1! ¿Me recibes?....¡Mierda Hails! ¿Me oyes?
Levantó el dedo del pulsador y sólo recibió estática.
Durante el servicio, tanto diurno como nocturno, era indispensable utilizar los código én las transmisiones. Cada personal tenía el suyo, así como cada zona. Pero en aquel momento Corbent pensó en muchas cosas antes que en mantener el protocolo.
Corrió por la oscura galería central del primer piso hasta llegar a las escaleras mecánicas que permanecían apagadas. Subió los escalones como una exhalación, de dos en dos, mientras esa sirena desagradable seguía sonando haciendo vibrar los cristales y mamparas de los escaparates. Una marea incesante de preguntas surgían en su cabeza y, a medida que pasaban los segundos e intentaba darle explicación a ese sonido, sentía cómo la ansiedad y la incertidumbre aumentaban de la misma forma que un tumor maligno en un cuerpo enfermo, con una fuerza desgarradora y sin intención de detenerse.
Al llegar al tercer piso, donde se encontraban las oficinas y la sala de control, un olor a sudor rancio y descomposición le inundó las fosas nasales. Tuvo que contenerse para no vomitar. Un aire viciado y caliente le rodeó mientras intentaba avanzar. En un movimiento instintivo, parecido al que hace un animal que se siente acechado, Corbent desenfundó el revolver y lo afianzó en la mano derecha. No alcanzaba a entender que estaba pasando, pero aquello le hizo sentirse más seguro.
Recorrió los últimos metros hasta llegar a la salida de emergencia que daba a el pasillo de la sala de control. Empujó la puerta y entró al pasillo a la carrera. Una rejilla carcomida y rojiza se hallaba ahora donde antes había habido suelo. Las paredes del pasillo se deformaban poco a poco, crujiendo y rezumando un líquido negruzco y nauseabundo que oxidaba todo aquello que tocaba. Un dolor intenso en las sienes le hizo caer de rodillas y notó como un fino reguero espeso y caliente le brotaba de la nariz. Odiaba el sabor metálico y salado de la sangre, y ahora le inundaba toda la boca. Presa del pánico, se puso en pie intentándo controlarse y, paso a paso, llegó a la puerta blindada de la sala de control.
-¡Hails! -gritó.- ¡Abre la puta puerta, joder!
Antes de que Corbent cerrara la boca sonó el característico ruido electronico de la puerta, desbloqueando los cierres y abriendose lentamente. Una brisa caliente y de olor enfermizo emergió de la estancia. Incluso más repulsiva que la anterior.
Corbent entró en la sala haciendo que la puerta blindada golpeara fuertemente contra uno de los escritorios del habitáculo. Uno de los ordenadores se desplomó sobre el suelo con un estruendo enorme y los papeles, cuadrantes y hojas de servicio, se desperdigaron por todos lados. La emisora emitía una señal desagradable, un pitido entrecortado. De fondo se podía distinguir una voz mezclada con estática.
"¡Contr...." ¡Click! "...quí V-1!...¿Me...ecibes? ¡Mierda Hails....oyes?" ¡Click! "Hazme un favor..." ¡Click! "Se me..stan..cerrand...os ojos..." ¡Click!
La transmisión, débil y lejana, se repetía una y otra vez hasta que finalmente alcanzó unos volúmenes estruendosos. Corbent tragó saliva. No daba crédito a los que sus ojos y oídos buscaban transmitirle.
-¿Qué cojones....? -Alcanzó a decir.
Frente a él se encontraba Hails, el joven auxiliar de cámaras del turno nocturno. Estaba sentado de espaladas a la puerta y parecía que observa los monitores, que emitían una imagen que Corbent no se habría atrevido a describir de ningún modo. Dio tres zancadas y agarró al chico por la pechera del uniforme para ponerlo en pié.
-¡Mírame! -le gritó a dos centímetros de su cara. -¡He dicho que me mires, maldita sea! ¡Hay que salir de...
El chico se dio la vuelta, gimiendo. Corbent se écho hacia atrás horrorizado a la vez que soltaba la chaqueta del auxiliar. Se había arrancado los ojos con sus propios dedos. Avanzó hacia él, con los brazos en alto y un destornillador de la caja de herramientas del control en la mano derecha.
-Dios no... No... -susurró Corbent mientras retrocedía
-M... Mmme estaba durmiendo... Sse me cerrbann los ojoss...
Hails avanzó cada vez más rápido hacia Corbent y levantó el destornillador en alto. Corbent apuntó el revolver a la cabeza del chico. El sonido de la sirena y el olor indescriptible se habían hecho más fuertes. Pensó en Miriam. Pensó que quería salir de allí.
Y apretó el gatillo.
Hasta aquí el primer episodio. Espero que os haya gustado esta primera entrega basada en esa colina silenciosa en la que ninguno querríamos estar...
¡Un saludo y no olvidéis que esperamos vuestros relatos!
Baalard, Relatos de Suburbia
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Relatos externos:
- Mitología en Final Fantasy
- El Arte de...

6 Comentarios:
Muy Bueno
8 de Julio de 2008 • 21:43 — MorgennesEspero nuevas partes,compañero, aunque en breve anunciaré mi retiro de los blogs y me será imposiblle comentar.
Gran relato y 5 estrellas
Gracias pero...
9 de Julio de 2008 • 00:54 — BaalardY esa noticia? Solo spero que no sea por mucho tiempo, ya que tu blog es de los más interesantes q he leído en Gamefilia
Desde aquí aprovecho para decir que mi servicio de mensajes de Meristation va un poco mal. Los MPs no se me terminan de enviar y ya van unos cuantos. He enviado a varias personas pero no se si los habrán leido...
Bueno, un saludo. Decirte q aunque esto lleve en pies poco tiempo has sido uno de los q más a empujado y apoyado este proyecto. Muxisimas gracias. Ya sabes cual es mi correo, ahi stoy xra lo q quieras ;)
Baalard
Te ha quedado redondo.
9 de Julio de 2008 • 08:29 — RikkuInTheMiddleTe ha quedado redondo. Sólo le ha faltado la aparición estelar de dos enfermeras sexies sin cara, aunque seguro que salen en próximas entregas, y como no, Pyramid Head, que después de lo leído, seguro que perseguira al pobre Jack.
Buen relato, y muy bien narrado, que Samael te acompañe!
Samael...
9 de Julio de 2008 • 10:05 — Baalardeeeeh gracias? xD
No dudes que el señor "me he puesto una pirámide en la cabeza" aparecerá más adelante. Gracias x tu comentario ^^
Baalard
Hola
21 de Julio de 2008 • 12:15 — Jan_Rosencrantzte ha quedado genial aunque no te olvides de poner un final inesperado como el de Silent Hill 2.
Sé que de la publicación
27 de Agosto de 2008 • 18:51 — M4rk09Sé que de la publicación de ésta entrada hace ya algún tiempo. Pero hoy, no sé como, he acabado en tu blog y, al ver el relato, pues me lo he leído, que coño!
Adoro el universo de Silent Hill y, relatos así me los leo todos. Me he leído unos cuantos pero éste es, sin lugar a dudas, el mejor sobre Silent Hill. No sé ni si llegarás a ver éste comentario pero, creí que era más justo comentarte en los dos volúmenes. Ahora estoy leyendo algunos de tus relatos y estoy enfrascado, no sé.
Sé que no sirve de mucho, pero aquí dejo mi comentario y mis 5 estrellas.
Un saludo!!