Blog de alexrod94
En estes blog comentaré noticias interesantes, tanto del mundo de los videojuegos como otros temas.
Las pequeñas fogatas a lo largo del pasillo se debilitaban a cada segundo por la fuerte brisa invernal. A pesar de ser sólo las once de la mañana, el cielo estaba tan negro que parecía anunciar el anochecer en cualquier momento. Bastante a lo lejos, la niebla apenas dejaba apreciar algunos retazos de los campos de Quidditch, y Harry, nostálgico, pensaba en ello cuando la voz de sus amigos lo hizo reaccionar. Entre aquel sombrío paisaje, Harry, Ron, Stella y Hermione caminaban hacia el salón de Historia de la Magia, aún comentando lo sucedido con los patronus.
- ...y lo que dijo Pittycarp es cierto – continuó Hermione - Un encuentro entre patronus sólo se menciona en los libros de magia, pero nadie... nadie vivo, al menos, ha sido testigo de...
- Pues tendrán que agregar mi nombre en esas páginas – interrumpió Ron, sonriendo.
- El tuyo y el de muchos otros - comentó Stella, devolviéndole la sonrisa. Ya que después de su última palabra los rodeó un inusual silencio, volvió a hablar - Tu ciervo es muy bello – dijo, sin mirar a Harry directamente a los ojos – Mi mariposa jamás se había comportado así, ni siquiera cuando...
Dudó un momento y se obligó a sí misma a callar. Hermione, atenta a cada gesto de su amiga, miró en todas las direcciones. Aún insegura sobre si debía preguntar o no, abrió la boca.
- ¿Cuándo te enfrentaste a un Dementor? – preguntó, y Harry y Ron, interesados, detuvieron su paso justo en la esquina anterior a la puerta del salón, en donde varios alumnos de Gryffindor y Slytherin hacían fila para entrar. Stella los observó un momento, algo nerviosa, y comenzó a hablar con un cierto aire de resignación.
- No poseo un recuerdo completo de aquello... – frunció el ceño e hizo una pausa, como si lo que iba a decir a continuación se tratara de un secreto de estado – Yo sólo tenía un año – dijo al fin, y pronto tras sus palabras, Hermione movía la cabeza diciendo “¡Es imposible!” – Un par de dementores nos atacaron a mi madre y a mí en mitad de la calle, en aquellos tiempos de la tiranía de Lord Voldemort (Ron, no te agites...) y según lo que ella dice, tomé una varita que yacía cerca de mí y la apunté hacia el Dementor. Dice que una mariposa apareció sin que yo hiciera ni un sonido, y así pudimos escapar.
Ron no cabía en sí de tanta admiración, pero no lograba decir nada pues estaba estupefacto. Harry, por su parte, clavó los ojos en Stella y entró en una especie de trance. Por muchos años gran parte de su popularidad radicaba en el hecho de que, siendo sólo un bebé, se había enfrentado a Voldemort sin defensa alguna y, sin saber cómo, todo había terminado con una simple cicatriz en su frente. Era un niño, y sin estar conciente de ello, se había enfrentado, victorioso, ante una fuerza maligna que intentaba borrarlo del planeta. Pero ahora había alguien más. Alguien más que, sin desearlo o consentirlo, y siendo sólo un bebé, había combatido contra una fuerza superior y había vencido. ¿Qué es lo que estaba sucediendo?
- Así que tú eres nuestro nuevo fenómeno, ¿no?
Draco Malfoy, escoltado por varios de sus malhumorados amigos, había aparecido tras la esquina y no había podido evitar la ocasión de espiar a sus más odiados homólogos, por si se enteraba de un nuevo chisme. Había crecido algunos centímetros desde el verano pasado, y su voz, aunque siempre desagradable, ahora era grave y profunda, muy distante a aquel agudo chillido con el que lo conocieron en primer año.
Curvó sus labios y dibujó su eterna malévola sonrisa, mientras, a sus espaldas, Crabbe no dejaba de mirar a Stella de arriba a abajo.
Ella, por su parte, mantuvo su temple sereno y dio unos pasos hacia adelante. - Déjame adivinar... – dijo, sin mover más músculos de los necesarios – Tú eres Draco Malfoy, ¿no es así?
Él asintió, confusamente incómodo. Luego volvió a sonreír, petulante. - Ahora entiendo. Claro que me conoces. Mi reputación va más allá de Hogwarts...
- No, en realidad no – contestó Stella, aún sin inmutarse – Jamás había oído hablar sobre ti, pero conozco a tus padres, y su reputación me parece suficientemente reveladora como para atenerme a tus actos...
Harry y Hermione intercambiaron miradas de sorpresa, y al tiempo que Draco hacía un ademán de querer responder, Stella ahogó su intento, acercándose más a él, cambiando un momento su expresión serena a una de visible amenaza.
- ¿Quiero darte una oportunidad, sabes? Quiero entender quién eres realmente. Me enseñaron que no debo prejuzgar. Por lo tanto... – pronunció, suave pero con un deje de ironía - pasaré esta vez el epíteto de “Fenómeno”. Pero, sólo para que lo tengas en cuenta, odio que me llamen de ese modo... – finalizó, con tanta seriedad y confianza que Malfoy debió dar un pequeño paso atrás – Porque no quieres verme enfadada, créeme.
A pesar de que el temple de Stella había intimidado a casi toda la escolta de Slytherin, Goyle intentó aparentar que nada lo asustaba.
- ¿Y qué podrías hacernos, ah? ¿Acaso vas a lanzarme tu patronus? – rió, y sus compañeros hicieron pronto eco de ésta – Sólo eres una... – demoró en encontrar la palabra precisa, como si el hecho de juntar dos o más letras en su pequeño cerebro le significara un esfuerzo sobrehumano - ...una aparecida, y deberías regresar por donde viniste.
Mientras Hermione pensaba hacia sí lo rápido que corrió por la escuela la noticia de lo sucedido en la clase de Defensa, Harry palpaba suavemente la varita en el bolsillo de su túnica, inquieto. Estaba listo para usarla si era necesario. Pero antes de que pudiera pensar qué maleficio intentaría contra Malfoy o alguno de los otros, Stella había vuelto su mirada hacia él, negando con la cabeza. Era como si hubiera adivinado qué es lo que Harry planeaba hacer. Aún sorprendido, vio cómo Stella le guiñaba un ojo, dando unos pasos hacia atrás.
- ¿De verdad quieres saber qué puedo hacerles? – dijo, alzando la voz esta vez - ¿Es que acaso no oyeron a su líder? Soy un fenómeno, no lo olviden... – dijo, levantando su mano derecha. Todos la miraban estupefactos, atentos a cualquier cosa que intentara hacer. Pero su movimiento fue suave, ágil, y tan rápido que Ron no supo si lo había visto de verdad o lo había soñado.
Con su dedo índice apuntó hacia quien se erguía tras Malfoy, lo movió en círculos y murmuró: “Furunculus!”. Unos segundos después, la cara de Goyle se cubría con un finísimo polvillo dorado, el cual se esfumó tan pronto había aparecido.
Draco rompió a reír. -¿Qué es todo esto? No sabía que existieran varitas invisibles – alcanzó a decir, haciendo pausas entre sus carcajadas, pero pronto Crabbe lo tomó del hombro y lo hizo detenerse. Antes de que pudiera gritarle y decir “¡¿Qué quieres?!”, una sombra de horror se apoderó de los presentes. Temblando y gimiendo, Goyle sentía su piel arder, llenarse de dagas, y en pocos segundos, unos grandes y horribles furúnculos comenzaban a aparecer en sus mejillas, nariz y mentón. Acercó sus manos hacia su cara, incrédulo, y entonces uno de aquellos horribles granos reventó, salpicando de pus el rostro de Malfoy. Goyle dio un grito y echó a correr por el pasillo, quizá directo a la enfermería, mientras Malfoy arrugaba la nariz en un gesto de visible repulsión.
Al tiempo que Ron ahogaba una carcajada, Crabbe y los demás voltearon la mirada hacia Stella, quien levantó su ceja derecha como diciendo “¿Alguien más?”. Pero de seguro ninguno de los indeseables amigos de Draco quería algo parecido a lo que acababan de presenciar, por lo que retrocedieron varios pasos y, sin preámbulos, entraron a empujones a la sala de Historia de la Magia. Draco clavó sus ojos en Stella, furioso, apretando los puños, limpiándose la cara con la manga de su túnica.
- Ya nos veremos, fenómeno – dijo, con la respiración acelerada, acentuando la última palabra dicha. Retrocedió y caminó aprisa, perdiéndose tras la esquina contigua, sin siquiera advertir indicios de querer entrar a clase.
Apenas lo vieron desaparecer, Harry y Hermione se abalanzaron hacia Stella. - ¡¿Cómo lo hiciste?! – gritaron a coro, emocionados, y Stella se ruborizó un momento.
- No fue nada... – levantó nuevamente su brazo – Tenía mi varita escondida bajo la manga de mi túnica, ¿ven? – les mostró, y Hermione exclamó un “¡Ohhhh!” – Es un truco que me enseñó mi padre, hace mucho tiempo...
Ron, moviendo la cabeza ligeramente, a ver si lograba despertar de su asombro, se acercó a Harry con un gesto de seudo tristeza, palmoteándole el hombro.
- Amigo, sé que será difícil para ti, pero... lamento decírtelo... – y dejó apreciar una enorme sonrisa - ¡Ya tengo nuevo héroe! – gritó, levantando los brazos hacia Stella. Todos rieron, nerviosos y aún choqueados, pero Stella no parecía precisamente feliz.
- No me gusta usar la violencia, Ron. No me siento cómoda con eso – aclaró, bajando un poco la mirada, aunque no pudo dejar de sonreír, divertida, ante la cara de satisfacción de su amigo – Sé que ustedes tienen un sin fin de excusas para pelear con Malfoy, pero yo no, y aún así le encaré. No sé si estuvo bien en realidad...
- ¿Qué no lo sabes? – gritó Ron, entusiasta – Pues yo sí lo sé, y déjame decirte. Él te provocó, tú sólo respondiste, y después del episodio del hurón en cuarto año, creí que no volvería a ver una escena tan gratificante... – suspiró, riendo de nuevo. Harry y Hermione corroboraron lo dicho, contándole a Stella un resumen de aquella historia. Pero antes de que cualquiera de ellos pudiera hacer más preguntas sobre lo que acababa de ocurrir, Hermione los apuró para entrar a clases. Historia de la Magia era una materia tan asombrosamente somnolienta que podrían hablar ahí sin cuidado.
- Patronus extrapoderoso, trucos geniales, Malfoy enfurecido... Me darás tu autógrafo, ¿verdad? – pidió Ron a Stella en voz baja, unos minutos después, pero la mirada de Hermione fue tan reprobante que luego se arrepintió de abrir la boca. Aunque, al mirarla de reojo, creyó notar algo. No era posible, pero... quizá estaba celosa.
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- Mis hermanos van a querer que los ayudes en su negocio – comentó Ron a Stella, aún entusiasmado por lo sucedido, justo un segundo después de decir la contraseña (“Flor de Loto”) a la señora gorda del retrato. No había dejado de hablar del encuentro con Malfoy durante todo el almuerzo, y de vez en cuando, echaba una mirada hacia la mesa de Slytherin para captar la reacción de Draco. De Goyle, ni rastros. Quizá aún se encontraría lidiando con sus furúnculos.
Sobre el comentario de Ron sobre el negocio de Fred y George, Stella ni siquiera intentó contestar, pues al dar unos pasos dentro de la sala común de Gryffindor, el alboroto con el que se encontraron bastaba para atraer su atención. Decenas de alumnos se agolpaban para mirar sus nombres en las listas desplegadas en el mural del fondo, todas precedidas por un letrero en azul que proclamaba “Resultados de los TIMOs”.
Hermione puso cara de horror. Ron cerró los ojos e intentó pensar en algo agradable, quizá en una rana de chocolate gigantesca... pues de seguro sus resultados le harían merecedor del más grande de los disgustos, o lo que es peor, un howler de parte de su madre. Harry, por otro lado, tragó saliva con fuerza. Debía entrar a Defensa, debía hacerlo... Luego de todo lo que sucedió con Umbridge el año pasado, se había jurado así mismo que, contra viento y marea, se convertiría en Auror. El resto de las materias le tenían sin cuidado.
- ¿Se ven algo desesperados, no? – comentó Stella, divertida ante el escándalo de la escena ante sí, pero al ver los rostros de Harry, Hermione y Ron, creyó haber metido la pata.
- Yo iré primero – suspiró Ron, abatido aún sin haber visto sus calificaciones – Mientras antes sepas las malas noticias, es mejor, ¿no?
Stella se encogió de hombros, confundida. Harry le susurró “buena suerte”, golpeándole el hombro, y Ron caminó a paso lento hacia la multitud, mientras aflojaba el nudo de su corbata. Tenía las palmas de las manos bastante húmedas a causa del sudor, y unos centímetros antes de alcanzar a leer las letras en los pergaminos, Neville le cedió su lugar.
- ¡Aprobé Defensa! – gritó extasiado, corriendo hacia Hermione y Harry para contarles la buena noticia, al tiempo que Ron comenzaba, tembloroso, a buscar su nombre en las listas.
Pestañeó un par de veces y se acercó tanto al mural que su nariz rozaba el papel. Siguió con los ojos hasta el final de la lista, y ahí, aterrado, encontró su nombre. Tragando saliva, fue cuadro por cuadro viendo sus calificaciones, y una vez que las hubo releído seis veces, irguió la cabeza y volvió a pestañar.
Al ver que Ron no daba signos ni de pena ni de alegría, Harry y Hermione se le acercaron, ya que pronto gran parte de la multitud comenzaba a dispersarse. Mientras Harry movía su mano por delante de los ojos perdidos de Ron, Hermione aprovechaba para buscar su nombre en la lista. Al encontrarse y revisar rápidamente sus calificaciones, suspiró de satisfacción y sus puños tensos se aliviaron visiblemente. Ya más tranquila, volvió su rostro hacia Ron, quien aún no respondía.
- Ron... Ron, ¿me escuchas? – preguntó Harry. Stella miró a Hermione pidiendo una explicación, y ésta se encogió de hombros. En eso, Ron pareció balbucear un par de palabras, pero en un tono tan bajo que ninguno de sus amigos pudo descifrarlo. Hermione se acercó a él pidiendo que lo repitiera, y fue entonces cuando escucharon la frase completa, seguida de una amplia sonrisa: “A... a... a... aprobé”.
- ¡Aprobé todo! – gritó, repitiendo su balbuceo, cayendo de rodillas al suelo y levantando los brazos como si hubiera recibido un rayo en el pecho – Aprobé con la nota mínima... ¡pero a quién le importa! ¡Gracias, gracias, gracias, gracias!
Todos echaron a reír. La mayoría de los estudiantes de Gryffindor que aún no habían abandonado la sala común no demoraron en entender lo que sucedía, por lo que a medida que se marchaban, saludaban y felicitaban a Ron. Suspirando y dando su última carcajada, se puso de pie y sacudió sus pantalones.
- ¿Y a quién le agradeces? – sonrió Hermione.
- A Dios... y a tus apuntes, claro – le sonrió de vuelta, y por un segundo se miraron fijamente, como si sólo ahora se hubieran percatado de que el otro estaba ahí. Hermione bajó la mirada rápidamente, y Ron, sin poder disimularlo, enrojecía hasta las orejas. Harry alzó las cejas, intrigado, mientras Stella los observaba con una gran sonrisa. Era como si ella supiera algo que Harry no...
Pero antes de sentarse toda la tarde con Ron para hablar sobre el asunto, aún le faltaba algo por hacer. Volteó lentamente hacia el mural, ya prácticamente libre de curiosos alumnos, y se obligó a sí mismo a enfrentarse a la realidad. Ron había aprobado todas las materias... habían estudiado juntos para todos los exámenes... habían revisado los mismos apuntes y resúmenes... era imposible que él...
Siguió con su dedo índice hasta que se topó con su nombre: Potter, Harry. Cerró los ojos un segundo, suspiró y los volvió a abrir. Continuó con su dedo hasta el primer cuadro, y leyó: “Defensa contra las Artes Oscuras: Sobresaliente”. Sonrió apenas, orgulloso, pero como si lo leído no presentara para él ninguna novedad. Siguió leyendo los cuadros siguientes, y aunque también eran, casi todas, notas mínimas, al menos era suficiente para aprobar. Hasta que llegó al último cuadro: Pociones.
Stella, Hermione y Ron esperaban ansiosos que Harry volteara y les dijera qué tal le había ido. Pero al ver que pasaban los segundos y no movía ni un músculo, tuvieron la corazonada de que algo no andaba bien. Intercambiaron una mirada nerviosa. Al parecer ninguno quería ir hasta el mural y preguntar lo inevitable, pero Stella se decidió. Caminó lentamente, se situó junto a Harry e intentó descifrar el gesto de su rostro. No era de angustia, ni tristeza... tampoco alegría: sólo arqueaba las cejas y releía sin parar el último cuadro, como si para él estuviera escrito en algún lenguaje extranjero.
- ¿Y bien? – susurró Stella, pensando en que si le hablaba más alto se asustaría - ¿Aprobaste?
No muy seguro, asintió con la cabeza, aunque seguía absorto en sus pensamientos. Sin previo aviso, clavó los ojos en Stella, quien no pudo evitar ruborizarse.
- ¿Podrías leer el último cuadro por mí? No estoy seguro de haber leído bien mi calificación... – explicó, y Stella le contestó con una sonrisa. Buscó su nombre en la lista, siguió con su dedo hasta el último cuadro y leyó: “Pociones: Pendiente”
- ¿Pendiente? – repitió Ron, arrugando la frente - ¿Qué significa eso?
Hermione se cruzó de brazos, impaciente. - Pues significa que aún no le han asignado ninguna calificación y...
Ron le dirigió una mirada de odio. - Sé lo que significa la palabra “Pendiente” – gruñó – preguntaba por qué Harry obtuvo eso.
Hermione movió la cabeza, algo avergonzada, por primera vez en su vida reticente a discutir con Ron.
- No lo sé – dijo, ruborizada – pero tratándose de Snape, no debe ser nada bueno.
- Opino igual – intervino Ginny, quien había aparecido tras el retrato de la señora gorda. Sonrió ampliamente hacia Stella y luego hacia Ron – Dean me dijo que habías aprobado todo hermanito, qué bien.
Ron le sonrió, contrariado, apretando los labios. - Sí, gracias... – dijo, restándole importancia. Pronto reparó en el por qué de su visita - ¿Tú no deberías estar en clase?
Ginny arqueó una ceja. - Sé muy bien mi horario, Ron... no me controles – pronunció, sonriendo luego – Es que mi última clase fue Cuidado de Criaturas Mágicas y Hagrid me envió un mensaje para ti, Harry – Se acercó hacia él, y dejó que todos escucharan – Hagrid quiere que vayas a visitarlo ahora, ya que tienes un bloque libre. Además dijo que... – dudó un momento, y Hermione la instó con la mirada para que terminara de hablar – bueno, no sé que quiso decir con esto, pero dijo que, si querías, podías ir con tus amigos de siempre... y con los nuevos.
Harry se encogió de hombros, pero súbitamente, como una corazonada, giró el rostro hacia Stella, así como luego lo hicieron los demás. Ella se sintió repentinamente abrumada.
- ¿Quién es Hagrid? – preguntó, eludiendo sus miradas.
- Ahora lo sabrás – respondió Ron, al tiempo que Ginny se despedía de todos con la mano.
Unos minutos más tarde, luego de intercambiar más teorías sobre la extraña calificación de Harry en Pociones, caminaban a paso ligero por los pasillos de piedra hasta la cabaña de Hagrid. La tarde aún no amenazaba con un frío intenso, pero el viento bastaba para enrojecer sus narices y manos. Corriendo y protegiéndose de la brisa, llegaron hasta la puerta de madera y tocaron un par de veces. Tras un crujido agudo, el cuerpo extragrande de Hagrid apareció lentamente, como si tratara de ser suave.. ¿o solemne? Los miró con su típica sonrisa gentil, y los hizo pasar. Harry le devolvió la sonrisa, pero antes de que pudiera decir “Hola Hagrid”, su amigo semigigante clavaba sus ojos en Stella como si estuviera hipnotizado, y incluso casi tropieza con su sofá sólo por no mirar por donde caminaba. Stella lo miraba curiosa, pero no sorprendida. Quizá no era la primera vez que veía a un semigigante.
Ron y Hermione se miraron, incrédulos, pero no dijeron nada. La actitud de Hagrid no distaba demasiado de la que la mayoría de la escuela había adquirido.
- Y bueno, ¿cómo están chicos? – saludó, pero luego de golpeó en la cabeza con el puño - Pero qué estoy diciendo, si ya hace mucho que no son niños... – sonrió, aunque nervioso - Acabo de hacer té... – dijo, cambiando bruscamente de tema, mientras depositaba torpemente algunas tazas sobre la mesa.
- Ella es Stella, Hagrid. Stella Maris. Se quedó con mi familia durante el verano... – comenzó a decir Ron, mientras recorría con la vista desde Hagrid hasta Stella y viceversa. El guardabosques se adelantó algunos pasos hacia ella, aparentemente con la intención de hacer una reverencia o algo parecido, pero al notar las miradas inquisidoras de Harry y Hermione, se irguió como si nada hubiera pasado y se limitó a sonreír, moviendo la cabeza.
- Oh, qué tal Stella – saludó, luego de un carraspeo, mientras sacaba de su abrigo un pañuelo sucio y gastado y lo pasaba por su frente, secándose el sudor. El nerviosismo que lo embargaba se estaba haciendo demasiado patente...
Para intentar desviar la atención, Stella eludió algunas cajas y demases, y se situó junto al sofá de la entrada. Ahí, mirándolos con atención, Fang movía su enorme cola de un lado a otro.
- Hola muchacho... – saludó Stella en tono cariñoso, acercándose a Fang para acariciarle las orejas, pero Hagrid dio un salto.
- ¡No, cuidado! Fang no es un perro ordinario... – señaló, con la voz entrecortada – No suele ser muy amable con los extraños...
Stella asintió en señal de entendimiento, pero volteó nuevamente y se puso en cuclillas frente a Fang. Le sonrió, extendió su mano y él, curioso, avanzó hasta ella. Apenas estuvo lo suficientemente cerca, y en lugar de abalanzarse contra ella y mostrarle sus garras, se tendió como un perrito de felpa y le lamió los dedos. Stella rió bajito a causa de las cosquillas, y le rascó detrás de las orejas.
- Oh, eres un niño inofensivo, ¿verdad, Fang? – le susurró, cariñosa – Buen perro, buen perro...
Hagrid la miraba embelesado, una vez más. Sonrió nervioso. - Fang suele ser muy agresivo con desconocidos... pero es muy intuitivo, así que, si a él le agradas, pues a mí también... – finalizó, y Stella le devolvió la sonrisa, incorporándose y sentándose junto a los demás en la mesa de madera.
- Ginny nos contó que recuperaste tu puesto de maestro. No vas a ponernos en peligro este año, ¿verdad Hagrid? – comentó Ron, al tiempo que Hermione le daba un codazo en las costillas. Lo último que necesitaban era una animada charla sobre escregutos de cola explosiva.
- Arrhhh.. yo creo que no – dijo, mirando a Stella una vez más – Pero no los he llamado aquí para hablar de mí... yo quería... bueno, saber cómo estaban ustedes.
Escépticos, Ron y Harry lo miraron con las cejas levantadas. - Estamos bien – pronunció Harry, contestando casi por inercia.
- ¿Y tú cómo estás, Stella? – preguntó Hagrid, visiblemente más interesado en ella que en sus tres amigos de siempre - ¿Te ha gustado Hogwarts? ¿Te han tratado bien?
- Sí, muy bien, gracias – respondió Stella, también algo extrañada por tanta amabilidad.
Hagrid asintió, casi agradecido por su respuesta, y al tiempo que volvía a pasar aquel maloliente pañuelo por su frente sudorosa, Hermione no pudo más con su curiosidad y preguntó:
- ¿Pasa algo malo? Te ves muy... angustiado...
- Ahhmmm.. ¿yo? – carraspeó, elevando los ojos fugazmente hacia Stella. Ella negó levemente con la cabeza, asustada, y Hagrid pareció entender. Luego volvió la mirada hacia Hermione – Ahhhmm pues.. es... es Grawp. Me tiene preocupado – dijo, no demasiado convincente, pero era un buen tema para discutir mientras pensaba en algo mejor.
- ¡Grawp! ¡Es cierto! Ya casi me había olvidado de él... – exclamó Ron, mientras Hermione relataba a Stella un resumen de la historia del medio- hermano de Hagrid. Entonces Ron levantó una ceja y arrugó la nariz – ¿Todavía está aquí... en Hogwarts?
- Claro que sí – afirmó, como si se tratara de algo obvio – Le hice una pequeña cabaña en un sector del bosque prohibido. El profesor Dumbledore dejó que se quedara... no sólo por mí, sino porque piensa que nos puede ser útil cuando regresemos a las montañas para...
- ¿Vas a regresar allá? - gritó Hermione, preocupada – Después de todo lo que les ocurrió a Madame Máxime y a ti, ¿piensas volver?
- Estamos en guerra, Hermione, qué más podría hacer – dijo, ahora más serio y pausado – Grawp ya no intenta lastimarme ni nada, y aunque pretendo pasar todo el tiempo que puedo con él, se siente muy solo... creo que extraña su vida de antes... – terminó, con algo de tristeza.
Ninguno sabía bien qué decirle, pues si alguna vez accedieron a involucrarse con Grawp, fue sola y únicamente por el cariño que le tienen a Hagrid. La situación era muy incómoda, pues probablemente Hagrid esperaba que alguno de ellos saltara de su silla y dijera “¡Vamos a verlo!”, pero nadie tenía intención de ello. Salvo, claramente, la única persona de esa habitación que aún no se había topado con aquel pequeño-gigante llamado Grawp.
- A mí me gustaría conocerlo – pronunció Stella, intimidada luego por las miradas suplicantes de sus amigos – Quizá sólo necesita conocer a otras personas, y entonces...
- ¡Pero ahora no podemos! – exclamó Hermione, nerviosa – Miren la hora qué es... ¡Llegaremos tarde a Herbología!
De un segundo a otro, tanto Ron como Harry parecían sospechosamente animados con su clase de Herbología. Sin dar muchas explicaciones, agradecieron a Hagrid por el té – el cual apenas probaron – y corrieron por los jardines hasta que llegaron a la primera escalera de piedra, la que los lleva, comúnmente, al comedor.
- ¡Hermione, espera! – gritó Stella, tomando a su amiga de un brazo. Harry y Ron también se detuvieron – ¿Qué fue todo eso? Aún falta media hora para entrar a clase... – dijo, algo enfadada por no haber podido despedirse de Hagrid como habría querido.
- Lo siento... – se disculpó – Es sólo que no estaba dispuesta a visitar a Grawp tan pronto... – dijo, pidiendo ayuda a Harry con la mirada.
- Sí, es cierto – habló Harry – primero debemos asegurarnos que Grawp está tan tranquilo como Hagrid lo menciona, y sólo entonces te lo enseñaremos, ¿vale?
Stella asintió, aunque no muy convencida. Seguía algo molesta por su abrupta salida de la cabaña. Entonces Hermione se le acercó, denotando, nuevamente, algo de nerviosismo.
- Y bueno, además... dijiste que me ayudarías con... bueno, con mi asunto... – tartamudeó, evitando la mirada de todos.
- ¿Qué asunto? – preguntó Stella, arrugando la frente.
- Pues... ESE asunto... – insistió, entornando los ojos en forma sospechosa. Harry y Ron se miraron confundidos. Sólo entonces Stella entendió, llevando una mano a su boca.
- ¡Oh, es cierto! Tu asunto... – dijo, devolviendo a Hermione una mirada cómplice – Bien chicos, los veremos en clase – finalizó, tomando a su amiga de un brazo. Dándoles la espalda, subieron rápidamente las escaleras y sus voces se perdieron.
- Hablando de misterios – comenzó a decir Harry unos segundos después, aún con la vista en las escaleras – Me parece que me debes una historia de verano, amigo mío.
Ron lo miró extrañado, pero al mantener su mirada unos segundos, comprendió a qué se refería. Pasó una mano por su cabello, suspiró y dejó apreciar algo de rubor.
- Está bien – dijo, desanimado - Supongo que, si no me ayudas tú, nadie lo hará.
Harry sonrió. Él era quizá la peor persona en este planeta para dar un consejo amoroso, pero Ron era su amigo, y si no desahogaba sus sentimientos, terminaría explotando en el momento menos pensado. Hermione era su mejor amiga, pero como él mismo lo había dicho, ya no eran unos niños. Si hasta habían perdido el gusto por discutir...
Le dio una palmada en el hombro y lo instó a que caminaran por el patio central. No podía presionarlo, pero tenía mucha curiosidad por saber qué había pasado con Hermione en su ausencia... Además, quizá hablar con Ron también lo ayudaría a él mismo. Estaba sintiendo algo extraño por alguien que apenas conocía...
Algo triste, avanzó con la mirada al frente. Cómo deseaba que Sirius estuviera ahí.
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