21 de Octubre de 2014
Abr
16

MICROLECTURAS: El Principito

 

El Principito… muchos hemos oído hablar de él, unos cuantos lo habremos leído, y la inmensa mayoría lo habremos disfrutado. Es difícil catalogar a El Principito dentro de un género literario. Si bien es cierto que desde siempre se ha podido ofuscar dentro de esa rama conocida como los libros infantiles, estamos ante un libro que si es leído con detenimiento, con cariño, ternura, con curiosidad, demuestra que es algo mucho mayor de eso. Es una metáfora, sobre la vida, el amor, la rutina, los hábitos… pero visto desde la perspectiva de un niño, de un príncipe, de El Principito. Pero centrémonos un poco antes que nada en la historia.

La historia comienza presentándonos a un personaje diferente, un sujeto que se encuentra en la peor situación posible, en un momento de enorme dificultad, pero que es el momento idóneo para conocer a la persona menos normal que te puedas encontrar. Nuestro personaje sin nombre, tras una breve introducción de su vida, sus aspiraciones pasadas, sus momentos más simbólicos de su infancia, se encuentra en medio del Sahara tras un accidente de avión, sin civilización, agua, comida, sombra ni esperanza tras un horizonte de arena y desesperación. Pero que mejor situación para encontrarse con El Principito. A partir de ahí, nuestro personaje escuchará las aventuras de ese pequeño príncipe habitante del asteroide B612.

Lo importante del relato es la visión de la que se dota al Principito. El escritor ha querido ofrecer en este libro una importante, dura y directa crítica de la sociedad actual, pero lo ha hecho de la manera que ha considerado más sincera: a través de los ojos de un niño. Y es que es a partir de este en el cual se consigue encontrar los recovecos más absurdos y burdos de la sociedad, una sarcástica crítica a los hábitos más comunes, las situaciones más típicas, los estereotipos más generalizados. Y para ello las aventuras que se nos narran son los viajes del Principito a través de diferentes asteroides, todos de pequeño tamaño y de único habitante. Cada uno de esos habitantes será una representación de una crítica que quiere reflejar el autor, y serán: el rey (reflejo de la tiranía dictatorial y autoritaria), el vanidoso (reflejo de la vanidad y el egocentrismo), el borracho (reflejo de la desesperación, el abandono de uno mismo, la falta de ansia de superación), el hombre de negocios (reflejo de la ambición extremista, de las posesiones materialistas, del trabajo considerado como algo de demasiada importancia), el farolero (la costumbre, la rutina, la constancia exhausta y hastía, el aburrimiento convertido en una sucesión de similares situaciones y actos) y el geógrafo (el aislamiento, el ensimismamiento, la falta de ambición). Cabe destacar otro personaje de gran relevancia y que aparece durante el transcurso de la visita de El Principito a la Tierra: el zorro. A partir de él se muestra la constancia y trabajo que cuesta elaborar la amistad, como algo que no surge de la nada si no que se consigue mediante el cuidado y cariño. También se puede extrapolar esta metáfora a cualquier acto, quedando grabada la frase final del zorro: “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”

Como conclusión, decir que El Principito es una lectura obligatoria. Sencillamente así. Es un libro excelente, fantástico y maravilloso. Su simpleza y corta duración lo convierte en una delicia de una tarde, de un momento, de un instante. Merece la pena sumergirse en el mundo de El Principito durante las 125 páginas que tiene el libro, porque es una aventura memorable, una visión del mundo que muchas veces se nos escapa y que viene bien recordar. Es una aventura que nunca acabará y que será recordada.

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2 Comentarios:

Mi profesora de lengua

Mi profesora de lengua siempre habla maravillas de él.

Excelente artículo. Un saludo.

Un gran libro que leí hace

Un gran libro que leí hace ya la friolera de 13 años y siempre recordaré el famoso dibujo de qué es (el no sombrero que resulta luego que es otra cosa).