Odio la Navidad, no lo puedo evitar, es una fecha donde más se consume, cuando las gentes muestran su lado más falso e hipócrita, cuando muchas gentes hace cosas por compromisos y cuando hay que regalar porque todos lo hacen.
Si por mí fuera, me acostaría el 23 de diciembre o quizás el 22 mejor y no despertaría hasta el 6 de enero, lo único que me gusta de esas fechas es ver la cara de ilusión de mis padres,de mi hermana y de mi pareja mientras abren sus correspondientes regalos.
Por se Navidad, las familias se ven “obligados” a reunirse, los anuncios del turrón nos recuerda que los hijos vuelven a casa por “ser” Navidad, nos hacen sacar papel, boli y calculadora y hacer cuentas para ver el dinero que nos dejan disponible para gastar la dichosa hipoteca y las facturas en nuestras cuentas bancarias.
Opino que esas “obligadas” reuniones familiares o bien eres un hijo/a de tu madre o bien las rencillas familiares sale a flote, por lo que más de uno/a acaba con las uvas de nochevieja atraganta antes de tiempo, en noche bueno por ejemplo.

), pero bueno, de todo lo malo se aprende y al fin y al cabo, nadie es tan importante en la vida de nadie, me quedé pillada unos días sin entender nada de nada, pero luego al ver que quien realmente salia perdiendo era ella y no yo, segui tan feliz como siempre.